RINCÓN DEL MAS ALLÁ

 

ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 29 de JULIO de 2010

Una de nuestras facetas, es un portal dedicado a la literatura,  en EUROPA Actualidad, poco a poco vamos incorporando a nuestro trabajo estudio de nuestro Taller-Escuela que "A.F.I.Sc. eu'93", trata de hacer llegar unas ilusiones de un grupo de personas discapacitadas físicamente, en algún que otro grado de minusvalía, pero con una gran capacidad intelectual, al menos es lo que se pretende realizar en algunas aspiraciones de alumnos y monitores, que dedican su tiempo libre sin ánimo lucrativo, por ello siempre es bien recibido todo aquel que desea colaborar con nosotros, no damos economía, pues no la tenemos, pero tampoco recibimos nada de nada, trabajamos por que nos gusta enseñar, pero siempre, investigar y aprender 

Por ello, abrimos un portal libre desde nuestra asociación y sección de difusión, a quienes en si mismo se responsabilizan de sus crónicas insertadas en el mismo, y que en mayoritariamente de los casos nos sirve como materia didáctico de formación en el Taller escuela.

 ¡Gracias, a todos!

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    Europa Actualidad, Agradece a Félix José, Carmen Gamoneda y María Teresa, junto con Carlos Manuel Estefanía y no menos olvidarnos de algunos colaboradores, como José M. Burgos, Juan Carlos León, Amelia M. Doval, y otros, que nos envían sus trabajos de colaboración a Europa Actualidad, y sus lectores cibernáuticos, son los personajes que en 2009-2010, han acaparado la atención de este grupo de alumnos del Taller-Escuela de A.F.I.Sc. eu’93, en las Islas Canarias.

Refiriéndonos a Félix José, es una asignatura ésta, que no todos los profesores docentes quieren aceptar, de no ver directamente a su alumnado cara a cara, y poder valorar psiticamente, la calidad de sus enseñanzas y las experiencias directas de expresiones propias de un alumno, que hace en esas reacciones contrarias a aprender algo que para si es novedoso o, no tan novedoso, pero siempre nuevo para el aprendiente (alumno), que aprender con viajes narrados es un tanto fuera de si, pero, sí, pero claro que la literatura, historia y muchas otras asignaturas son mas fáciles de enseñar o aprender cuando lo hacemos con un viaje a lo imaginable real, pero no al alcance directo en el momento de su narración o puntualización como deber escolar.-

Félix José Hernández, de una forma inconciente, en la seguridad, de su propio desconocimiento, está y ha estado enseñando, tanto en su facultad como a través de las diferentes Web, una asignatura nueva, que podríamos llamar de alguna que otra forma, por ejemplo "viajar en el mundo de la enseñanza o cosas así" . Sí porque la enseñanza a distancia existe desde hace años, pero ya en la forma novedosa de Félix José, enseñando con la imaginación Viajera, y bien aprendida, para trasladarla a sus alumnos y lectores.

Las crónicas viajeras que se relatan a continuación, serán las que posiblemente se reflejen en el próximo y último libro de las entregas de "Cartas a Ofelia" de Félix José Hernández, que en esta ocasión llevará como titulo "ENTRAÑABLE OFELIA", se tiene previsto su tirada con fecha en que finalizaran los talleres-cursos dedicados a encuadernación, maquetería y diseños, del curso 2009-2010.

Agradecer a cuantos han prestado su colaboración para que estos talleres, terminaran con buen fin, como se hizo a finales del 2009 con el primer ciclo y ahora con el segundo y finalizando el tercero y último en septiembre del presente año 2010.- ¡Gracias!


“PREMIO DE PRENSA MADRID-LA HABANA” A FÉLIX JOSÉ HERNÁNDEZ

Entrañable Ofelia.

Te envío el comunicado de prensa  que fue publicado en la capital de nuestra querida Madre Patria. Este tercer premio de periodismo que se me ha otorgado, lo dedico a las Damas de Blanco, a esas genuinas representantes de la dignidad de la mujer cubana actual y a ti, que en el  1959 fuiste una Dama de Blanco. En aquel entonces temías tener que vestirte de luto. Sólo un milagro salvó a mi padre del paredón de fusilamientos, al ser declarado inocente. ¡Dios escuchó tus plegarias!

por otro lado el Centro de Información y Documentación de Estudios Cubanos (CENINFEC) y su diario Cubamatinal, inician la entrega de premios a columnistas, reporteros y colaboradores, concede el Premio al escritor más productivo Félix José Hernández Valdés.

 

Madrid, 24 de mayo de 2010/ Redacción/ La entrega de los premios Tercer Aniversario  a columnistas, reporteros y colaboradores del diario Cubamatinal, se inicia con la presentación de los premiados en las diferentes secciones donde desarrollan sus actividades. Los premios están dotados de diploma acreditativo, equipamiento informático y la próxima apertura de blogs personales para los autores en el nuevo formato del diario.

Para el otorgamiento de las distinciones “Premios de Prensa Madrid-La Habana” se ha tenido en cuenta por la comisión del Consejo de Redacción, la calidad de los trabajos de cada autor, su sistematicidad en las aportaciones al diario, así como el record de visitas de los lectores a sus artículos o reportajes.

Como “Autor más Productivo” ha sido elegido de forma unánime  al Profesor  Félix José Hernández Valdés, autor de las crónicas Cartas a Ofelia con 410 artículos  publicados sólo en los tres primeros años de edición del periódico.

Cubamatinal agradece las aportaciones que hacen posible la divulgación de información sobre Cuba y su realidad social y en este caso especialmente  a Félix José “Por su incansable aporte a la cultura cubana, a los lazos de nuestra cultura con otros pueblos del mundo y en especial a los lazos culturales  hispano cubanos” según reza en el diploma del premio.

 La lejanía física de la Patria en este caso, no ha impedido que Cartas a Ofelia  nos haga sentir muy cerca del suelo que nos vio nacer. ¡Gracias Félix José!

Miguel Ángel Puñales.

Presidente  del  Ceninfec

 

 

Y seguiremos aquí mientras nuestros colaboradores anónimos nos ayuden, estaremos presente.

"CARTAS A OFELIA" - PUBLICACIONES ANTERIORES

 

                   

PINCHANDO EN CADA UNA DE LAS PORTADAS DE LOS LIBROS, PODRÁ ENTRAR EN SU CONTENIDO

 



LAS SIGUIENTES CRÓNICAS SERA INTEGRADAS EN LA ÚLTIMA ENTREGA DE "CARTAS A OFELIA"

LA ENTREGA LLEVA EL SUBTITULO DE "ENTRAÑABLE OFELIA"



Luis Ruiz, de las prisiones castristas a La Libertad francesa.

 

Entrañable Ofelia,

 

Al igual que a otros amigos sinceros, le pedí a Luis Ruiz su testimonio sobre cómo logró ser Libre junto a su esposa e hijos. Pensaba que no lo obtendría, pues él es un hombre discreto, reservado, al que nunca he escuchado vanagloriarse o tratar de ser líder máximo como algunos personajes egocéntricos y megalómanos que rondan por estos lares. La pareja formada por Luis y Nilda, su encantadora esposa, son un ejemplo del mejor espíritu de cubanía, de esa idiosincrasia que nos formó y nos hizo como eran nuestros padres y abuelos. Tenemos que dar gracias a Dios por habernos salvado del homo novus cubensis mutans con que "soñó" el Ché.

 

Luis Ruiz: "Desde comienzos de la Revolución en 1959, con apenas trece años, me alisté en la AJR (Asociación de Jóvenes Rebeldes) y a mediados del año siguiente, junto a otros miles de jóvenes de todo el país me marché a la Sierra Maestra a pasar la llamada prueba de los “Cinco Picos”, que consistía en escalar cinco veces el pico Turquino, nuestro Everest nacional.

 

Pasé unos diez meses en la sierra, subiendo y bajando picos”, y haciéndole la vida un poco imposible a los campesinos de la zona. Fui enviado más tarde a pasar una formación como artillero en la base Granma de Pinar del Río y posteriormente fui ubicado en una unidad de artillería durante tres años hasta mi desmovilización de las Fuerzas Armadas a finales de 1963. Me contrataron a principios de 1964 como dibujante en la revista Mella, el órgano de la AJR en aquel entonces.

 

Mi afición por el dibujo remonta a mi infancia. Como es lógico: Batman, Superman, Dick Tracy, The Spirit, Tarzán y tantos otros titanes de los cómics de aquella época me apasionaban. Pero también mis padres, familiares, amigos y profesores del colegio de Los Hermanos de La Salle, del Cerro, tuvieron mucho que ver para que mi sueño de llegar a ser dibujante profesional se materializara.

 

Ya como parte del equipo del Mella y ayudado por algunos artistas de talento y de gran experiencia como Virgilio Martínez, el creador del conocido personaje Pucho y del historietista español Juan José López (de regreso a su país, él crearía el célebre personaje Superlópez), logré ir alcanzando el nivel profesional necesario para poder desempeñarme en lo adelante como dibujante de prensa.

 

Un año después, como resultado de la fusión de la revista Mella con el diario La Tarde surgió el cotidiano Juventud Rebelde y su suplemento humorístico El Sable, ( más tarde el DDT), dirigido por Marcos Behmaras. Un semanario con pretensiones críticas que realmente duraron muy poco- del que formé parte junto a otros caricaturistas como Virgilio, el gallego Posada, Juan Padrón, y Manuel entre otros, y en el que me mantuve trabajando, al mismo tiempo que colaboraba con otras publicaciones como el Caimán Barbudo, Prensa Latina, el Instituto del Libro, etc., hasta principios del año 69, cuando una nueva dirección de corte estalinista tomó las riendas del periódico y una parte del equipo decidió partir. Entre ellos yo.

 

Fue durante ese período en el que conocí a Nilda, mi bella y siempre solidaria esposa. En 1970, el año de “Los diez millones (no) van”, nació nuestro primer hijo, Corisco. Al año siguiente nos llegó el segundo, Marlon.

 

Fueron años convulsos. El plan mordaza ya se había instalado definitivamente y la “dictadura del proletariado, continuaba, a golpe de hoz y de martillo, su obra de demolición nacional.

 

El éxodo de Camarioca, la creación de los campos de concentración conocidos como las UMAP (Unidades militares de ayuda a la producción), el caso Padilla y por extensión la represión ya generalizada en toda la isla, sin olvidar la desastrosa Ofensiva Revolucionaria, que hundió el país en una escasez y miseria irreversible, fueron algunos de los acontecimientos más relevantes que jalonaron toda esa década y que me marcaron definitivamente. A partir de ahí decidí aislarme, aunque continué trabajando para algunas publicaciones ministeriales y como profesor de ilustración y dibujo en la Escuela de Diseño del Vedado.

 

Fue a mediados de los años setenta cuando comencé a realizar una serie de caricaturas con el objetivo de publicar un libro en Estados Unidos junto con José Vives, un amigo poeta que más tarde trabajaría como periodista en Radio Martí y un primo mío, escritor, Manuel Matías, quién luego continuaría su obra literaria en los EE.UU.

 

Otro amigo, Edmigio López Castillo, ex diplomático cubano se encargaría de sacar nuestros trabajos del país por vía diplomática a través de una tercera persona nombrada Isis Caballero.

 

Lamentablemente, Edmigio fue “servido” por esta buena señora y días después sería arrestado por la policía política en plena calle, en posesión de algunos documentos “comprometedores” de su propiedad y de un sobre con una veintena de mis dibujos.

 

Tres días después, el 28 de Marzo de 1980, la Seguridad del Estado desembarcó en mi casa. Luego de un minucioso registro que duró mas de dos horas, en presencia de mis dos hijos pequeños - mi esposa se encontraba en los funerales de su abuela esa mañana - de una pariente y de José Vives, que estaba de visita en casa en ese momento, fui arrestado, metido en uno de los carros policíacos, junto con varias cajas que contenían mis libros y dibujos, y de ahí a Villa Marista.

 

Una vez allí, el ritual de rigor: tuve que desnudarme, ponerme el clásico overol beige y me llevaron en dirección a las tapiadas. Me tocó la número trece. Una celda liliputiense, cuatro planchas de madera sostenidas por cadenas a la pared, una pequeña ventana sin vista al exterior y como toilettes, un hueco en el piso con una ducha encima y basta. Ese fue el hábitat que tuve que compartir con otros detenidos por espacio de dos meses, durante los cuales, como es lógico fui sometido a incesantes interrogatorios, amenazas de represalias contra mi familia y amigos, etc. Finalmente, y ante la evidencia de que mis dibujos, todos firmados, eran una prueba más que suficiente para encausarme. Decidieron enviarme para la prisión de la Cabaña.

 

Desde mi llegada fui confinado durante tres días en un minúsculo e inmundo calabozo con el piso cubierto de orine y de excrementos y poblado de cucarachas y de otros bichos. Mención especial para las ratas que me acompañaron durante esos tres días infernales.

 

Mi entrada en la prisión coincidió con el éxodo del Mariel. La Cabaña se convirtió en el centro de recepción para miles de presos comunes que llegaban de diferentes cárceles del país. Fueron "empaquetados" y enviados hacia los EE.UU. por esa vía. ¡Huelgan mis comentarios!

 

Finalmente fui enviado con el resto de los presos políticos o los “contra” (léase contrarrevolucionarios) como nos llamaban los carceleros. Nuestra galera era la última del pasillo. Entre setenta y ochenta hombres permanecimos enlatados en esas mazmorras mal ventiladas y en condiciones higiénicas deplorables alrededor de un año. Fue un año también de conflicto con las autoridades del penal que trajo como consecuencia que una parte del grupo que nos negamos a aceptar ciertas reglas carcelarias fuéramos tapiados y privados de ciertos “beneficios” como la salida al patio y las visitas familiares durante varios meses.

 

Edmigio López, mi compañero de causa, Elizardo Sánchez, Raudel Rodríguez. y Eduardo Delgado. Esos dos jóvenes universitarios de gran valor personal, poco después serían condenados a muerte. Valladares hace referencia a ellos en su libro Contra toda Esperanza, fueron algunos de los que formaron parte de ese grupo, entre otros muchos compañeros de infortunio.

 

Estaba la Cabaña, la de los fusilamientos expeditivos, cuando mi compañero de causa

Edmigio López y yo fuimos juzgados por “propaganda enemiga” y condenados a ocho y seis años de prisión respectivamente. El caricaturista René de la Nuez y Juan Ayus, director

artístico de Juventud Rebelde, dos viejos conocidos, fueron llamados a testimoniar en mi contra, algo que hicieron sin escatimar ataques ideológicos.

 

Fue también en la Cabaña donde vimos partir hacia las tapiadas de la conocida prisión El Combinado del Este a Rodolfo Alonso, Abilio González y a Emilio Reloba que habían sido condenados a muerte por incendiar un par de ómnibus vacíos en un paradero en la Habana, los dos primeros, y una casa de tabaco en Pinar del Río, el tercero. Meses después los tres serían asesinados en los fosos de esa misma prisión de la Cabaña.

 

Estaba en esa prisión cuando me llegó la noticia de la muerte de mi padre al que, gracias a Dios, pude ver antes de partir. Él jamás soportó a Fidel Castro.

 

Más tarde vendría nuestro traslado para el Combinado del Este, una prisión más moderna y funcional que la vetusta prisión de la Cabaña, pero tan brutal y deshumanizada como ésta y que además contaba con un equipo de renombrados carceleros como: Guanajay, Fidalgo, Caridad, los Tenientes Calzada, Evaristo, Mejías…El capitán Ferreiro y tantos otros profesionales que se divertían en aterrorizar, humillar y apalear a la población penal y en particular, a los presos comunes.

 

Afortunadamente durante todos esos años siempre pude contar con la presencia de mi esposa, mi madre, mis hermanos y mis hijos durante las visitas familiares al penal, algo muy importante en esas circunstancias.

 

En esta prisión estuve hasta mi liberación a finales de 1985. En esa misma época fui adoptado por Amnistía Internacional como prisionero de conciencia.

 

Finalmente pude regresar con los míos. El reencuentro con la familia y los pocos amigos que aún me quedaban fue emotivo. No así la readaptación. El hecho de no tener un empleo, salvo unos meses que pasé como peón en la construcción. Sin dinero, a pesar de los desvelos de mi mujer, que desde mi arresto trabajó en casa como costurera para poder salir adelante. Con dos hijos ya muy pronto en edad militar y el control policíaco permanente durante casi dos años, se convirtieron en razones más que suficientes para decidirnos a abandonar el país. Gracias a mi condición de ex preso político y a las gestiones de Amnistía Internacional y de algunos amigos en el exterior, logramos salir de Cuba con destino a Francia en septiembre de 1987.

 

En el Aeropuerto de Orly fuimos recibidos por representantes de France Terre dAsile y por un grupo de cubanos, entre ellos dos buenos amigos, Lázaro Jordana y Salvador Blanco, ex prisioneros también. Vale decir que esa acogida y las muestras de amistad y de solidaridad que recibimos de la parte de todos esos cubanos fue una inyección de confianza que nos ayudó a preparar el despegue para comenzar una nueva vida.

 

Y ese fue el caso. Luego de una estancia en Normandía aprendiendo los rudimentos del francés regresamos cerca de París en donde compartimos techo con Jordana y familia unos meses hasta que vinimos a instalarnos en Courbevoie, en región parisina. Durante ese tiempo mi esposa comenzó a trabajar en el Hotel Hilton, mis hijos se conectaron en la moda y en el dibujo animado y yo, luego de trabajar durante un tiempo para la publicidad y como dibujante de prensa decidí pasar al dibujo animado para dedicarme a la creación de personajes y de story- boards para diferentes estudios de animación, lo que me ha permitido trabajar a domicilio  durante todos estos años y, a diferencia de Cuba donde yo pagué por mis dibujos, aquí soy pagado por ellos.

 

Lamentablemente, estando acá falleció mi vieja. Por suerte que, un año antes de su muerte pudimos traerla de visita a París y se pasó un lindo mes con nosotros.

 

Hoy los muchachos están casados y tienen hijos. Uno vive en Miami y el otro en Barcelona y nos vemos regularmente. En cuanto a mi esposa y yo llevamos una vida normal: viajamos, vamos a restaurantes, a museos y exposiciones, frecuentamos a los amigos, paracticamos un poco de deporte, y de vez en cuando participamos en alguna actividad política: En fin, disfrutamos de la vida y de la oportunidad que nos proporcionó este País de Libertad al abrirnos sus puertas y al cual le estaremos eternamente agradecidos por ese gesto." 

 

Te ruego que, como de costumbre lo hagas circular entre familiares y amigos.

 

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

 

Félix José Hernández.


 

EL TESTIMONIO DE CHARLES BACH

Entrañable Ofelia, 

Conocí al Sr. Charles Bach hace sólo cinco años, durante la boda de mi hijo con su nieta Anne-Laure. Me impresionó mucho su personalidad  y la forma de contar, de buscar en los rincones más lejanos de su memoria, su “pequeña” historia vivida dentro de la Gran Historia de Francia. Sólo hoy, a los 92 años de edad, he logrado obtener su testimonio, con la preciosa ayuda de su nieta Anne Cécile. 

 

Charles Bach-“antes de la  guerra, yo era aprendiz de panadero en la panadería de mi tío Yutz. El 3 de septiembre de 1939, mientras trabajaba como panadero en Peltre, recibí el telegrama que me trajo un policía para que me presentara inmediatamente en la Plaza del Rey George en la ciudad de Metz. De allí me enviaron a un cuartel en la ciudad de Thionville, donde pasé casi dos meses.

Me ubicaron como chófer de un camión de abastecimientos de comida. También me ocupaba de los tractores de cuatro ruedas o de orugas que se utilizaban para poder sacar los cañones atascados en el fango. Teníamos cincuenta tractores para unos setenta y cinco cañones.  

El siete de noviembre tuvimos veintisiete muertos en Maderen. Fue el único ataque que sufrimos en ese período. El objetivo de aquel ataque aéreo alemán fue el destruir los cuatro grandes cañones que poseíamos. El bombardeo sólo duró unos tres minutos. Yo quedé herido por un balazo en un brazo.

En realidad los fusiles no eran muy útiles, pues sólo debían ser utilizados en casos excepcionales. Utilizábamos mucho más los tanques y los cañones. Los soldados franceses estábamos separados de los alemanes por unos cien metros apenas; nos veíamos. Pero la orden que debíamos respetar era la de: ¡Si no les disparan, ustedes no tiren! Entonces, nadie disparaba. Por lo cual pienso que éramos una especie de reserva de soldados.

A nuestro alrededor todo era impresionante. Los civiles habían sido evacuados, más bien expulsados. Numerosas tiendas de campaña nos rodeaban. Una gran parte de la población había partido hacia el sur del país y las ciudades estaban desiertas. 

Pasé las Navidades en Morfontaine en la región de Meurthe y Moselle. Los soldados se desplazaban en tractores y camiones, nunca a pie. Había mucho movimiento de tropas que estaban acuarteladas en: Sainte Ménéhould, Chalons en Champagne, Bevilliers en la Meuse, etc. 

En mayo llegamos a Verdún. La guarnición precedente lo había quemado todo para no dejar nada a los alemanes. No había carne, ni siquiera casas. El tabaco había sido tirado a las calles, cubriéndolas en ciertos trechos. En aquella ciudad muerta, los soldados habían recibido la orden de quedarse detrás de las casamatas. Sólo podían salir tarde por la noche o en la madrugada. No debían alejarse, para poder correr esconderse en caso de ataques aéreos alemanes.

Pero dos de mis compañeros desobedecieron. Estábamos en pleno mes de mayo y las fresas abandonaban en los jardines abandonados. Mientras ellos estaban recogiéndolas, de pronto aparecieron los aviones alemanes y a pesar de que los dos jóvenes soldados trataron de esconderse debajo de una escalera, ambos murieron durante el bombardeo. 

El 22 de junio fue proclamado El Armisticio. El capitán de nuestra guarnición izó una bandera blanca. La alegría de todos fue enorme.

Dejamos todo lo que poseíamos en aquel lugar: las maletas, los fusiles, etc. Los cerca de trescientos soldados que estábamos en aquella guarnición fuimos bien tratados y… nos dieron una buena comida. Nos pusieron en fila en el gran patio y nos preguntaron nuestras señas. Tres días después fuimos puestos en libertad los de Alsacia y de Lorena  que éramos considerados como alemanes. Los otros soldados fueron liberados mucho después.

Como no había podido dar noticias mías a mi familia desde el Armisticio, decidí regresar a casa pidiendo auto-stop. Al verme vivo, mis padres con lágrimas en los ojos  me abrazaron y me cubrieron de besos. La fiesta que me organizaron fue grande.

Después de la desmovilización en Pont à Mousson, me fui en bicicleta hasta Metz. Me sentía aliviado al haber terminado el servicio militar. Abandoné el trabajo de panadero y decidí trabajar en el campo con mi padre.  

En 1942 los alemanes hicieron un control en el ayuntamiento del pueblo de Pange. Los que habíamos participado en la guerra del lado francés recibimos un telegrama. Nos citaron al cuartel Juana de Arco de Metz, para reclutarnos como soldados alemanes y que fuéramos a combatir al frente. 

Me presenté. Mi padre, que sólo sabía hablar alemán me dijo: «en cuanto  se acabe la guerra, regresa inmediatamente a casa.» Me enviaron en un camión a un cuartel en Colmar. Desde allí enviaban a los jóvenes soldados en trenes o camiones hacia el frente de combate. El día 14 me informaron que partiría a la mañana siguiente para Alemania. Pero yo había previsto desertar mucho antes de ese día. Mi gran amigo Raymond y yo habíamos decidido escapar el mismo día en que fuéramos citados. Entraríamos en el tren con destinación a Alemania para que fuera anotado que habíamos tomado el tren, pero bajaríamos por el otro lado y montaríamos en cualquier tren que pasara en sentido contrario, los que siempre paraban en Verneville.

Pero Raymond tenía miedo, ya que su amigo René Craufels lo había intentado junto a otro chico en la estación de trenes de Metz y los alemanes lo habían detenido gracias a una denuncia de alguien. El otro muchacho, de apellido Burgère fue detenido en su casa en Laquanexy, donde había logrado llegar huyendo. Toda su familia fue deportada.

Otro joven soldado, proveniente de una familia adinerada se había escapado, pero tuvo la torpeza de esperar a su «coyote» para pasar las líneas alemanas en un café. Comenzó a beber y a hablar más de la cuenta. Fue denunciado y arrestado. Cuando los alemanes supieron que su madre vivía cerca, la fueron a buscar para que viera como fusilaban a su hijo único en plena calle.

El miedo impidió que Raymond me siguiera, por tal motivo ingresó en el ejército alemán. 

Un mes antes de la llegada del famoso telegrama de 1942,  Michel de Villers me había dicho que con Gaston Bourgignon de Batilly podía conseguir papeles falsos. Me bajé del tren en Vernevile y fui a Batilly. Discretamente logré encontrar a Gaston y me quedé dos días hospedado en aquella casa. Conseguí los ansiados papeles falsos a nombre de Ernest Durand. Pero tenía que pasar las líneas alemanas para llegar al Marne del lado francés. Tomé el tren en Sainte Ménéhould. A partir de aquel momento Gabi Girard fue mi “coyote”. Él era un campesino que iba solo a trabajar sus tierras que se encontraban en la zona alemana y volvía a sus tierras del lado francés acompañado de un supuesto obrero empleado suyo. Esa táctica me asombró y pensé que el Gabi debía de tener buenas relaciones con los alemanes, ya que no lo habían arrestado nunca. 

Después de haber logrado pasar a la zona francesa, me dirigí a pie hasta Brau. Durante mi servicio militar había simpatizado con Marcel Charlotteau,  alcalde de ese pueblo. Él me alojó y me dio trabajo como obrero agrícola

Charlotteau tenía una hermana casada con un señor de apellido  Charinet en un pueblo cercano, por tal motivo trabajaba con las dos familias.

Unos amigos de Charlotteau querían que me casara con Bernardette, su hija única. La dote era importante: una granja de 180 hectáreas. Un vecino me dijo: “que suerte tiene usted  al estar aquí.” De veras que había tenido mucha suerte hasta ese momento, me había logrado escapar de los alemanes, vivía con una familia que me estimaba en zona francesa y me querían casar con una buena chica.

Pero había un peligro permanente que planeaba sobre mi cabeza. Charlotteau era el alcalde. Los soldados alemanes iban cada quince días a controlar el pueblo y el alcalde debía invitarlos a su casa. Como él no sabía hablar bien el alemán, la comunicación era difícil. Yo era bilingüe, pero no debía hacerlo conocer. Un día un invitado me dijo: "Du sprechst Deutsch". Fruncí el entrecejo haciéndome el que no comprendía.

A finales de noviembre de 1944 la ciudad de Metz fue liberada. El 4 de diciembre logré regresar desde el Marne, llegué hasta  Sainte Ménéhould donde pude tomar un tren para Metz. Mi padre había sido herido en la cabeza, a causa del bombardeo de los aliados. Mientras estaba grave preguntaba por mí, decía que quería verme antes de morir. Pude llegar a casa el día 4 a las 4y 30 p.m., mi padre había fallecido ese mismo día a las 4 a.m. Eso me provocó un  dolor tan profundo que lo sigo llevando  en el corazón.

Hablé con mi madre sobre Bernardette, pero ella se opuso al matrimonio con una chica que vivía tan lejos. Acepté su decisión sobre todo porque antes de la guerra había conocido a una encantadora muchacha que se llamaba  Charlotte Jacquemin. Escribí varias cartas a Bernardette, pero no la volví a ver. Charlotte se convertiría en mi esposa poco tiempo después.»

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández


Juan de la Cosa y la época de los descubrimientos

Entrañable Ofelia,

El Ayuntamiento de Santoña y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) recuerdan al navegante y cartógrafo cántabro en el V Centenario de su fallecimiento con la exposición Juan de la Cosa y la época de los descubrimientos, que reúne cerca de un centenar de piezas entre pinturas, dibujos, documentos y maquetas que recrearán la Santoña de aquel tiempo, la expansión atlántica de la Corona de Castilla, la vida y los viajes de Juan de la Cosa y la relación del navegante con la Casa de Contratación y la cartografía de los siglos XV y XVI.  

Las piezas han sido cedidas por cerca de una veintena de prestadores, entre los que se encuentran el Museo Naval de Madrid, el Archivo General de Indias, la Biblioteca Nacional de España, el Archivo General de Simancas, el Museo de América, la Biblioteca Municipal de Santander, la Universidad de Salamanca, el Archivo General Militar de Madrid, el Museu Marítim de Barcelona, el Museo Marítimo del Cantábrico, el Centro Geográfico del Ejército, la Biblioteca de Menéndez Pelayo, los Archivos Históricos Provinciales de Sevilla y Cantabria, la Biblioteca Municipal de Santander, el Archivo Histórico Diocesano de Santander, la parroquia de Santa María del Puerto de Santoña y varios coleccionistas privados.

Con esta iniciativa la SECC y el Ayuntamiento de Santoña quieren reivindicar la figura de Juan de la Cosa, hijo ilustre de esta localidad, así como el importante papel que desempeñó en un periodo clave de la Historia de España: la transición de la Edad Media al Renacimiento. La muestra destaca, de forma clara y divulgativa, su papel en el descubrimiento y exploración de América así como su participación en las empresas científicas de la Corona de Castilla en la transición de los siglos XV al XVI. 

La muestra, que cuenta con la colaboración está estructurada en cinco grandes apartados 

I.   Juan de la Cosa y la Santoña de su tiempo.

Este apartado sirve de introducción, geográfica y temporal, a los objetivos generales y al resto de los apartados temáticos de la exposición. Empieza por el imprescindible marco físico que determinó, durante siglos la vida de los santoñeses pues, con una canal profunda, su bahía presenta unas excepcionales condiciones de abrigo para las embarcaciones. Por este motivo, Santoña ha estado indisolublemente unida a los aconteceres navales y marítimos y, hasta el siglo XVIII, era conocida como Santa María del Puerto, Puerto de Santoña o simplemente Puerto.

En la Baja Edad Media Santoña era una población de tamaño mediano, con una emprendedora clase media claramente volcada hacia las actividades relacionadas con la mar: comercio de cabotaje y con Flandes; pesquerías de altura, como la ballena y el bacalao, y de bajura con el besugo y la sardina. El apartado también explica el porqué del asentamiento en Andalucía de numerosos marinos y comerciantes cántabros a finales de la Edad Media, que con sus barcos protagonizaron buena parte de la expansión oceánica; el ejemplo señero es Juan de la Cosa, vecino en 1500 de El Puerto de Santa María. Por último, se muestra a Juan de la Cosa como miembro de un antiguo linaje de Santoña, linaje que perviviría con barrio propio en la localidad cántabra hasta bien entrado el siglo XIX. Entre las piezas que el visitante puede ver en esta sección de la exposición destacan una magnífica Sagrada Familia flamenca del siglo XVI y varios documentos de los siglos XV, XVI y XVII con noticias de miembros del linaje De la Cosa.

II.  La expansión atlántica de la Corona de Castilla.

La empresa de los descubrimientos fue iniciada por los portugueses con el objetivo final de alcanzar el oriente por mar, para proveerse directamente de las especias y otras mercancías preciosas de las que Europa no estaba dispuesta a prescindir y cuya ruta terrestre había sido obstaculizada por la caída de Constantinopla y el cierre del Mediterráneo oriental. Este objetivo se complementaba con otra serie de razones en las que se mezclaba la curiosidad científica con razones políticas y religiosas. Los Reyes Católicos, una vez consolidado su reinado en Castilla y casi ultimada la Reconquista, se dieron cuenta de que estaban perdiendo la carrera atlántica frente a sus vecinos, comenzando sus reivindicaciones sobre Guinea y San Jorge de Mina y contra el monopolio portugués. Surgieron fricciones y apresamientos mutuos hasta la firma del tratado de Alcáçovas-Toledo, en el que se acordaron zonas de influencia, separadas por paralelos; al norte del paralelo de Canarias para Castilla y al sur para Portugal, que desde entonces controlaría las licencias de navegación para alcanzar la ruta de las especias por oriente. Se inició entonces la expansión castellana por el Atlántico en busca de la ruta de las Especias por occidente. Después del primer viaje de Colón se inició una serie de viajes a las nuevas tierras descubiertas que podemos clasificar en varias fases, si nos atenemos a sus objetivos tanto geográficos como políticos. 

La primera comienza con los viajes que se llevaron a cabo inmediatamente después del primer viaje de Colón y va desde 1494 hasta 1503 cuándo se creó la Casa de la Contratación. El motor geográfico de estos viajes era comprobar si lo descubierto era el archipiélago que según Ptolomeo precedía al continente asiático. El fin político sería confirmar si las tierras descubiertas estaban dentro del meridiano acordado en Tordesillas. Los viajes de esta primera etapa se dirigieron hacia la costa norte de América del Sur y al Caribe. Podemos establecer la segunda etapa de los descubrimientos españoles de 1503 a 1513, cuando empieza a abrirse camino la percepción intelectual de un nuevo continente, quarta pars o mundus novus, que el viaje de Vespucio al servicio de los portugueses en 1502, había confirmado, pero que ya era una idea asumida por muchas mentes cultas del entorno de los descubridores. Aquí se enmarca el viaje de Juan de la Cosa (1504-1506) desde el golfo de Darién a la isla Margarita y el discutido viaje de Vicente Yáñez Pinzón (1505) que demostró la insularidad de Cuba y recorrió el litoral de Yucatán hasta llegar al cabo de San Agustín. Las expediciones de Juan Ponce de León a La Florida en 1512 y el descubrimiento del mar del sur por Balboa en 1513 cierran esta etapa.

 

La tercera fase dentro de la clasificación que hemos establecido, se extendería desde 1514-1523 y se inicia con la noticia del descubrimiento del mar del Sur por Balboa en 1513 y de las tierras que se abrían hacia el sur, plenas de fabulosas riquezas. Se prepara entonces el viaje de Juan Díaz de Solís (1515) hacia el Maluco que no pasó del río de la Plata donde pensaba encontrar el estrecho. Ante este fracaso se organizó en 1519 otra expedición para buscarlo más al sur del continente al mando de Fernando de Magallanes a través del estrecho que luego llevó su nombre. La expedición atravesó el Pacífico llegando a las Molucas siete años después que los portugueses y completando la circunnavegación de la tierra. El viaje de Magallanes-Elcano que confirmaba la esfericidad de la tierra, tuvo un amplio eco en toda Europa y produjo estupor en los cartógrafos europeos, que tuvieron que poner al día sus concepciones geográficas ptolemaicas para conciliarlas con los nuevos datos.

La cuarta y última etapa se extiende desde 1524 a 1550 y estaría determinada por los problemas políticos y geográficos planteados por el antimeridiano de las Molucas y los redoblados esfuerzos para buscar un paso al norte del continente, lo que produjo el  reconocimiento de toda la costa atlántica de América del norte. En este apartado de la muestra el visitante puede ver, entre otras piezas, un sello de Juana I de Castilla, un traslado del Tratado de Tordesillas, un cuadrante solar relicario de finales del siglo XVI, objetos y armas de los indígenas precolombinos y de los exploradores castellanos, y una Derrota de Cádiz a Sanlúcar de 1595. 

III.  Juan de la Cosa y la Casa de Contratación. 

Por la época y el lugar en que le tocó vivir y por su especial espíritu, participó en la vanguardia de los nuevos tiempos y fue un pionero en algunas de las actividades de la Casa de la Contratación, entre ellas como antecedente del Padrón Real. La Casa de la Contratación se funda el 20 de enero de 1503 como primer organismo oficial privativo de la administración del Nuevo Mundo; antes de su fundación los asuntos americanos cuya repercusión aún se desconocía, estuvieron a cargo del Consejo de Castilla a través de Juan Rodríguez de Fonseca, hasta que en 1524 se crea el Consejo de Indias. Desde un principio la Casa se encargó, entre otras funciones, de promover, sobre todo en los comienzos, las nuevas exploraciones y perfilar los descubrimientos aprestando naves y hombres; también desarrolló una importante actividad como centro geográfico y científico respecto a la navegación, promoviendo su perfeccionamiento e inventariando los nuevos territorios que se iban incorporando a la Corona. Parte de esta actividad dentro de estas funciones, estaba dedicada a procurar la seguridad de la navegación tanto en las rutas como en los propios barcos.

La relación de Juan de la Cosa y otros pilotos con la Corona se inician antes de la creación de la Casa, especialmente en 1499 cuando los Reyes Católicos, en sus intentos de limitar el régimen de empresa propia y monopolio impuestos por Colón en Santa Fe y, a la vez,

favorecer el abastecimiento y la inmigración hacia las islas, autorizan, mediante capitulaciones, las expediciones de “descubrimiento y rescate”, en régimen de coparticipación. Estas expediciones (autorizadas ya en 1495 pero revocadas a instancias de Colón en 1497) se realizan desde 1499 a 1502; son numerosas y en ellas se hacen prácticos y adquieren fama muchos de los pilotos y navegantes que darán prestigio a la navegación española (Juan de la Cosa, Américo Vespucio, Vicente Yánez Pinzón, Juan Díaz de Solís, etc.) y colaborarán al desarrollo de la Oficina Científica de la Casa de la Contratación. Este apartado de la exposición se refiere a la fundación de la Casa de la Contratación y al intercambio entre ésta y los primeros personajes que van a abrir el camino hacia el Nuevo Mundo. A través de documentos y otros objetos se hace un recorrido por la vida de Juan de la Cosa hasta su muerte en Urabá (actual Colombia) el 28 de febrero de 1510. 

Entre las piezas más destacadas podemos resaltar la Real Provisión original de los Reyes Católicos encargando a los vecinos de Palos que tuvieran preparadas dos carabelas (Pinta y Niña) para partir en la primera expedición colombina, las ordenanzas y fundación de la Casa de Contratación, una magnífica tabla flamenca de San Sebastián que refleja la muerte de Juan de la Cosa a manos de los indígenas, y la mayor parte de los documentos originales en los que aparece Juan de la Cosa, incluida una carta autógrafa con su firma. 

IV.   Juan de la Cosa y la cartografía entre los siglos XV y XVI.

El principal objetivo de esta área es ofrecer al público una visión general de la cartografía entre los siglos XV y XVI con el propósito de contextualizar la carta de Juan de la Cosa. Principalmente, se trata de describir los elementos definitorios de las cartas de marear, los “portulanos”, y su característica imagen del Mediterráneo (primero) y el mundo conocido (después). Junto a ello, en esta sección se ofrece la oportunidad de revisar otro tipo de mapas que convivieron con los portulanos, surgidos tras la recuperación y difusión de la “Geografía” de Claudio Ptolomeo, y que ofrecieron una imagen significativamente distinta y muy alejada de la realidad, lo que no les impidió tener un amplísimo reconocimiento. En esta sección se pueden ver también los principales problemas a los que debió enfrentarse el cartógrafo: el verdadero tamaño de la Tierra, la ubicación de los nuevos territorios respecto al continente europeo, la forma del nuevo mundo a través de la información de sus costas y su relación con el extremo oriental asiático. Otros objetivos secundarios son los de acercar al público algunos aspectos técnicos referidos a las cartas de navegación, como pueden ser el posicionamiento del dato mediante el rumbo y la distancia estimada, la instrumentación asociada (astrolabios, brújulas, relojes, cuerdas), los materiales de confección de las cartas (pieles, tintas), etc. Las piezas destacadas son un astrolabio náutico portugués del siglo XVI, diversas cartas náuticas y portulanos, y tres de las magníficas láminas del atlas manuscrito de Christian Sgrooten (1592), que dedicado a Felipe II es su trabajo más importante y una joya de la cartografía universal.

V.  Sala del mapa de Juan de la Cosa.  

La Carta de Juan de la Cosa está considerada como una joya de la cartografía universal por ser el primer mapamundi en el que se representan los nuevos territorios descubiertos al otro lado del océano Atlántico. Aparece firmada en El Puerto de Santa María en 1500, es decir, entre el tercer y cuarto viaje a América del santoñés, y fue dibujada sobre un pergamino formado por dos pieles desiguales de ternera pegadas por el centro. Obra inacabada, formalmente responde al modelo de portulano medieval náutico-geográfico de carácter decorativo, caracterizado por sus exagerados perfiles costeros, los numerosos topónimos, las figuras de soplones y rosas de los vientos o las viñetas de ciudades y monarcas. La Carta recoge los resultados de la expansión oceánica europea de finales del siglo XV, en la que destacan algunos hitos como la llegada de los portugueses a la India, la navegación inglesa por las costas norteamericanas y la exploración castellana en el Caribe y Sudamérica. Así mismo, están dibujadas las líneas del Ecuador y del trópico de Cáncer, así como el meridiano que pasa por las Azores, que fue tomado como referencia para establecer las áreas de influencia española y portuguesa en el tratado de Tordesillas (1494). Tras su realización, la carta estuvo perdida muchos años hasta que fue hallada fortuitamente en París en 1832 y forma parte del depósito del Museo Naval de Madrid desde 1853. Debido a la imposibilidad de contar con el original, en esta exposición se exhibe una copia interactiva que permite identificar algunos elementos destacados del mapa, además del retrato del navegante y una fiel maqueta de la Santa María 

Juan de la Cosa nació en Santoña hacia 1460, en el seno de una familia marinera, aunque se trasladó pronto, como tantos otros, a Andalucía (El Puerto de Santa María). Comerciante, cartógrafo, espía… llevó a cabo misiones de gran importancia por delegación de los propios Reyes Católicos. Propietario de la nao Santa María, capitana del Descubrimiento, ocupó en el primer viaje colombino el puesto de maestre de la misma, y en el segundo el de “maestre de hacer cartas” de la expedición. Su tercer viaje al Nuevo Continente lo hizo con Alonso de Ojeda, y a su regreso (1500) ejecutó su famosa Carta, el primer mapamundi que incluía las tierras recién descubiertas. Tras dos viajes más, a finales de 1509 partió con Ojeda a una nueva expedición por Tierra Firme y murió acribillado, el 28 de febrero de 1510, por unos indígenas de la actual costa colombiana. Su prematura muerte (con cerca de 50 años) le impidió ejercer de hecho un cargo jurisdiccional, el de alguacil mayor, en la práctica gobernador del territorio de Urabá en nombre de los reyes de Castilla con amplias atribuciones en la jurisdicción civil y criminal y unas funciones que pudieran asemejarse con el corregidor castellano. El cargo le fue concedido en principio por una vida, y posteriormente se amplió otra vida más; sin embargo, su linaje directo parece extinguirse sin dejar huella.

Con motivo de la exposición se ha editado un catálogo que incluye, además de las piezas que están presentes en la muestra y unas útiles Cronología y Bibliografía, artículos de :

• Rafael Palacio Ramos: Juan de la Cosa y la Santoña de su tiempo

• María Luisa Martín-Merás Verdejo: Juan de la Cosa y la expansión atlántica de la Corona de Castilla

• María Antonia Colomar Albájar: Surcando mares de papel. Juan de la Cosa a través de las fuentes documentales

• Fernando Silió Cervera: Geografías múltiples para una nueva imagen del mundo: la Carta de Juan de la Cosa

Exposición Juan de la Cosa y la época de los descubrimientos.

Palacio de Manzanedo (Santoña), abierto al público hasta el  31 de agosto de 2010.El  Comisario es Rafael Palacio Ramos, Director-Gerente de la Casa de Cultura de Santoña. Los asesores científicos son  María Luisa Martín-Merás Verdejo, Directora Técnica del Museo Naval de Madrid (Ministerio de Defensa), María Antonia Colomar Albájar, Subdirectora del Archivo General de Indias (Ministerio de Cultura) y  Fernando Silió Cervera, Geógrafo.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

 

Félix José Hernández.


ATISBAR PARA VER (PEER OUT TO SEE)

 Entrañable  Ofelia,

El conocimiento de que hemos inventado nuestro mundo no borra la posibilidad de que podamos creer en él. Jessica Stockholder.

El Museo Reina Sofía presenta, en el Palacio de Cristal del Parque de El Retiro, un proyecto específico de una de las escultoras más influyentes de su generación: Atisbar para ver de Jessica Stockholder (1959, Seattle, Estados Unidos). Se trata de una instalación que permite a los visitantes utilizarla para sus propios fines. Al igual que en las obras más ambiciosas de su producción, en esta ocasión, la artista convierte un trabajo temporal en lugar para la conversación casual, el juego improvisado y lo trivial. Un lugar para dejarse llevar por el flujo y el cambio, deambular y pasar el rato mientras se producen descubrimientos casuales e inesperados. 

La instalación Atisbar para ver se compone de varios elementos que, con sus vivos colores y junto a la especificidad del aire del interior del Palacio, consiguen una vibración contenida que rodea al espectador. En ella, un círculo descrito con pigmentos de color naranja terracota en el suelo, completa su descripción con la carbonización de parte de la madera de una estructura construida a modo de muelle, que ocupa la mayor parte del espacio y se levanta a cierta altura. Debajo del muelle, sobresale un estanque de forma estrellada que se colorea de verde brillante gracias a un alga que habita en su interior. Situada a la derecha de la entrada, una gran colgadura del techo hasta el suelo, formada por objetos cotidianos de plástico (cestas de la compra, barreños, bañeras infantiles, etc.), completa el colorido del espacio expositivo, con unas gamas brillantes, que al ascender se transforman en blanco transparente.

Destaca la construcción de una rampa que circunda el Palacio hasta su entrada: desde determinado punto de vista, este elemento parece dirigirse al lago situado frente al Palacio, a modo de embarcadero. En la explicación que la propia artista ha dado sobre este proyecto, menciona cómo toma conciencia del aire interior, más quieto y silencioso que el del exterior. Un aire apaciguado y lleno de una luz que cambia con la rotación de la Tierra, se sitúa en el centro de la instalación Atisbar para ver. Además, destaca el importante rol que juegan los colores: El desplazamiento en el tiempo y la fantasía se alberga entre las partículas de pigmento, cenizas coloreadas, luz y moléculas de aire y plástico (…) La lenteja de agua de forma estrellada que crece en el estanque, se despliega lentamente, en silenciosa comunión con los demás planos de color, contra la extensión gris del suelo (…) Toda la energía del Palacio de Cristal llora hacia arriba. Hay un invisible viento en calma que azota los pies en su soplo hacia el cielo. Los colores de “Atisbar para ver” se mueven hacia arriba, hacia la pálida blancura combinada del espectro global de luz, atrapada y rebotada por los paneles de cristal, trazando los arcos del techo.

A lo largo de tres décadas, la producción de Stockholder, se ha centrado en el ensamblaje de objetos de naturaleza y procedencia heterogénea. Sin embargo, en la visibilidad de sus elementos constructivos, consigue la autorregulación de la materia, creando un orden entre lo que a primera vista parece caótico e inconexo. Ella misma reconoce que, pese a que su trabajo a menudo irrumpe en el mundo igual que una idea brota en la mente (…), es posible comprobar que tiene una lógica interna. 

Se trata de objetos que alguna vez parecieron corrientes y familiares, pero que, en su obra, cobran nueva vida al asumir nuevos roles insólitos y adquirir una presencia imponente. En opinión de la comisaria de la exposición, Lynne Cooke, el mundo de Stockholder está construido más por asociación que por formas convencionales de análisis. Los juegos de palabras, visuales y verbales, y las rimas, abundan en el arte vibrante, deslizándose suavemente de lo literal a lo metafórico y de lo físico a lo figurativo. 

Su obra propone que, si se quiere examinar algo, se necesita indagar, probar y escudriñar en un intento de leer lo que está más allá de la mera visión y contemplación. Así, atisbando, podríamos ver más de lo que habíamos planeado. Podríamos acabar “caminando por la tabla”, suspendidos en una plataforma sobre los abismos, en un muelle más allá del mar. De ahí el título de la exposición “Atisbar para ver (Peer out to see)”. Además, la pronunciación del vocablo inglés peer coincide con la del término pier (muelle), haciendo así un juego entre las palabras atisbar y muelle.

Jessica Stockholder parte de un trabajo site-specific, en el que, tanto el espacio como los materiales son de igual importancia, por el uso que les da y el efecto en quién los mira. Los objetos e instalaciones que crea son inmóviles, pero a través de su prolongación en el espacio, la luz –que alarga su influencia a través de sus rayos- y el movimiento del visitante, adquieren movilidad. Su toque lúdico seduce, requiere, persuade, invita y cautiva a sus audiencias, que se encuentran atrapadas, sin haber sido conscientes de su transición de observadores pasivos a participantes activos.

Atisbar para ver, al igual que las obras más ambiciosas de Stockholder, deja espacio a la infinidad de necesidades de una audiencia cambiante, que probablemente nunca llegará a saber hasta qué punto es parte esencial del juego. Jessica Stockholder, una de las más influyentes escultoras de su generación, realiza esculturas e instalaciones para lugares específicos, conformadas por asociaciones entre lo abstracto (colores vivos y ricas texturas) y lo identificable (materiales domésticos e industriales).

En 2007, recibió el prestigioso premio Lucelia Artist del Smithsonian American Art Museum. Stockholder vive y trabaja en New Haven y actualmente dirige el programa de licenciatura en Escultura en la Universidad de Yale. Ha expuesto en numerosas galerías y museos internacionales desde 1982. Destacan su proyecto público, Flooded Chambers Maid, que se instaló en el Madison Square Park de Nueva York en 2009 y la retrospectiva Jessica Stockholder, Kissing the Wall: works, 1988-2003, que pudo contemplarse en la Blaffer Art Gallery de la Universidad de Houston, y en la Weatherspoon Art Galley de la Universidad de Carolina del Norte. Además, ha desarrollado diversas exposiciones individuales en el Dia Center for the Arts (Nueva York, 1995), el MoMA P.S.1 (Nueva York, 2006) y en el K20 Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen (Dusseldorf, 2002-2003).

 

Jessica Stockholder. Atisbar para ver (Peer out to see)

Abierto al público hasta el 28 de febrero de 2011en el Palacio de Cristal del Parque de El Retiro. Organizado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. La Comisaria es Lynne Cooke.

 

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

 

Félix José Hernández.


El desencanto de Cecilia Borge Betancourt

Entrañable Ofelia,

Cecilia es una gran dama cubana: culta, refinada, calurosa, simpática, siempre dispuesta a ayudar a los cubanos disidentes que han llegado a París o Londres. Es una señora cuya formación data de antes de la creación del  homo novus cubensis. Cuando hablo con ella me parece estar haciéndolo con mi querida tía Tanita, ambas son  símbolo de distinción cubana. Le pedí su testimonio y hoy lo recibí. Te ruego que lo hagas circular entre los amigos y familiares de nuestra querida y lejana físicamente San Cristóbal de La Habana.

 Cecilia-“Mi nombre de soltera es Cecilia Borge y Betancourt. Lo sigo utilizando cuando me es posible. Vivía en la Avenida Paseo, cerca de Calzada, en el barrio de El Vedado. Pertenecíamos a la llamada clase media cubana.

En 1957,  en la fiesta de  cumpleaños de mi gran amiga María del Carmen, me presentaron a un invitado excepcional. Era un joven y apuesto ingeniero inglés que hablaba muy bien el español. Casi enseguida  me pidió que lo acompañara a conocer La Habana, pues no tenía quien lo guiase. Acepté de inmediato, paseamos por toda la ciudad y… nos enamoramos.

Como ingeniero del petróleo tenía un contrato de trabajo en Venezuela, desde donde reclamaban urgentemente su presencia. Nos despedimos en el Aeropuerto José Martí y pensé que aquel adiós sería definitivo. Sin embargo Robert me escribía dos veces por semana y me llamaba por teléfono cada noche,  al punto de indisponer a mis padres.

Tres meses después aprovechó un fin de semana para regresar a La Habana y con la ayuda de un notario nos casamos rapidísimo, pero tuvimos que viajar por separado hacia Venezuela, porque yo no tenía pasaporte y tuve que esperar a que me lo hicieran. Cuando al fin llegué a Caracas, nos instalamos en una bella residencia. Tuvimos el placer de conocer a un grupo de refugiados cubanos que habían huido de la dictadura de Fulgencio Batista.

En la capital venezolana conocí a un señor de origen checo que tenía una librería donde también se podía comprar la prensa internacional. Un día conversamos sobre la Revolución que se preparaba en Cuba y, con su gran experiencia de judío escapado de las persecuciones nazis me dijo: ‘ese Fidel que está en las montañas cubanas es un pequeño Hitler.’ Yo, joven estúpida, digamos inexperimentada, me enfurecí contra aquel hombre, mientras él sonreía al escuchar mis argumentos.       

También conocimos a un hombre de negocios griego, amigo de Onassis, el cual nos advirtió: ‘ese Castro es comunista.’ Fue otro que me inspiró una especie de odio ciego por considerarlo como calumniador.

En Caracas ayudábamos económicamente al grupo de refugiados, pues sólo uno de ellos había conseguido trabajo y pocos recibían ayuda de sus familiares desde Cuba.
Al fin, el 1° de enero de 1959 Batista huyó a la República Dominicana y los barbudos bajaron de las montañas. Celebramos el triunfo de la Revolución con gran alegría en compañía de nuestros compatriotas y amigos venezolanos.
A mediados de enero fuimos a Cuba en compañía de algunos compatriotas. Ellos regresaban definitivamente, o así lo creían. Mientras que nosotros íbamos a celebrar el Triunfo de la Revolución, pero debíamos regresar pronto  a Caracas.
 En La Habana nos hospedamos en el Hotel Hilton, el cual estaba lleno de jóvenes barbudos. La mayoría eran iletrados y sólo hablaban de armas de fuego. Una noche hubo un tiroteo en una habitación de nuestro piso. Nunca supimos lo que ocurrió. ¿Se le disparó una ametralladora a alguien o  se cometió un asesinato? Decidimos irnos al Hotel Nacional, que era mucho más tranquilo y todavía era frecuentado por turistas extranjeros.

Casi todos nuestros amigos y familiares estaban contentos con el triunfo revolucionario y la caída de la dictadura batistiana. Sin embargo a mi padre le inquietaba la verborrea de Castro. Le dije: ‘papá es normal que hable mucho, eso se debe al entusiasmo y a la exaltación que le procura la victoria revolucionaria.’

Clemencia, la madre de mi amiga María del Carmen era profesora de inglés en una importante institución habanera. Además era una mujer muy inteligente: Ella me dijo: ‘nuestro porvenir es un enigma inquietante.’ Nunca he podido olvidar esa frase.

También un amigo que había luchado en el Segundo Frene del Escambray me confió textualmente: ‘alégrate de vivir fuera de Cuba porque las cosas no se presentan como esperábamos. Creo que la democracia ha sido una ilusión.’

Sin embargo, no todo el mundo era pesimista como mi padre y mis dos amigos. En La Habana tuvimos un buen contacto con Raúl Roa, con el economista Regino Boti y con otros personajes importantes que habíamos conocido en América del Sur y que habían sido nombrados ministros por Fidel Castro, aunque durarían poco tiempo en sus puestos.

Sólo un año después, ya decepcionados por el camino que tomaba la Revolución, regresamos a La Habana para visitar a mi familia. Nos enfrentamos a la terrible realidad: a Clemencia le habían quitado el puesto de profesora con la justificación de que en Cuba no se necesitaba el inglés. La habían ubicado como maestra de escuela primaria; donde tenía que enseñar un alfabeto que comenzaba por “F” de Fidel y “R” de Revolución.

A nuestros amigos de la familia González les quitaron su bella  casa propia, por encontrarse en una nueva ‘zona militar’. Los instalaron en una cuartería en Centro Habana. Miguel González se suicidó. A nuestro amigo Tulio lo condenaron a varios años de cárcel por haber comprado dólares.  Habían fusilado a  Alberto, era joven íntegro que había luchado en el Escambray.

Salimos de Cuba hacia Londres sin ánimos y durante medo siglo sólo hemos recibido malas noticias de la Isla del Dr. Castro: fusilamientos, cárceles llenas de inocentes, un pueblo hambriento, etc.

Mi país está en manos de dos individuos que se han hecho  llamar presidentes sin haber sido jamás elegidos: un demente con ínfulas de emperador que sólo sueña con una nueva Guerra Mundial y un alcohólico que lo sigue como perro faldero.”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


LAS MEMORIAS DE MAYDEE GONZÁLEZ GAVILÁN

Entrañable Ofelia,

Bella, simpática, generosa, luminosa, cubana al 100%, militante por la defensa de los Derechos Humanos, buena madre, excelente amiga, esa es Maydee. Todos la apreciamos y la queremos. En estos años de exilio se ha sabido ganarse el corazón de todos los que la han conocido. Te envío sus Memorias, pero si deseas saber más sobre ella puedes conectarte a estas direcciones de internet:

http://www.facebook.com/photo.php?pid=289967&id=137757346248056#!/pages/Maydee-Gonzalez-Gavilan-Art/137757346248056?v=wall

http://monsite.wanadoo.fr/maydeeglezgavilan

 

Maydee- “decidí realmente irme de Cuba en mayo del 1986, después del Día de las Madres.

Desde que tengo uso de razón que comencé a entender cosas… percibí que algo raro pasaba… Nací en el 1959, soy una hija de la Revolución, viví desde pequeña los cambios que se producían en aquella época, las ilusiones y desilusiones de la gente, y claro la de mi familia en particular.

Vengo de una familia de clase media, pequeño burguesa, pero eso era una deshonra, según el Comandante en Jefe. Mis padres eran artistas plásticos. Mi madre Margie Gavilán Monzón, era pintora y caricaturista, mientras que mi padre Jesús González de Armas, era pintor, caricaturista, grafista y realizador de dibujos animados. Ella tuvo los medios, para estudiar en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, pero él aunque de procedencia más humilde, también pudo lograrlo y con gran interés pudo viajar fuera de Cuba para informarse y evolucionar en su carrera artística. Los dos hicieron exposiciones y un libro de caricaturas titulado Dibújese una sonrisa. Después del triunfo  de  la Revolución, fue fundador del departamento de dibujos animados del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica). Fue  premiado y tuvo éxito como artista, pero no lo suficiente por no estar integrado al proceso revolucionario, al no ser militante del único partido, el PCC, (Partido Comunista de Cuba). No es suficiente el talento, ni el trabajo que puedas hacer, En Cuba estás condenado a estar de acuerdo con el sistema, participar en las actividades revolucionarias y esto comprende para un artista el militar en sus filas.

Mi abuelo, que era masón por tradición familiar, de padres a hijos (la Logia Masónica, era una institución considerada marginal por el régimen), fue muy entregado a ella. Fue buen padre de familia, secretario, tesorero, un hombre honrado y trabajador, que construyó tanto su casa, como su logia. La misma lleva hoy el nombre de mi bisabuelo Adolfo E. Gavilán, en Cojímar, lugar donde se establecieron. A él no le gustó el cambio de los barbudos y se quiso ir del país desde el principio, a Costa Rica o a los Estados Unidos, pero no quería perder lo que con tanto trabajo había logrado. Sabía y había comprendido lo que iba a pasar, pues tenía como decimos allí la vista larga. Como no quería separarse de la familia, es decir de mi madre, su única hija y de sus nietos, ya que ella no quería en aquel momento partir (lo cual  lamentó hasta el final de sus días), nunca lo hizo.

Mi madre en aquella época estaba envuelta en esa atmósfera enajenante del cambio del gobierno, al irse Batista y llegar Fidel con su barba y sus enérgicas ideas de cambios sociales buenos para el pueblo. Ella estaba emocionada, motivada, al ser fundadora de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución), de la FMC, (Federación de Mujeres Cubanas), hacer guardias con arma y uniforme de miliciana, era una madre joven, una mujer inteligente, preparada y liberada que conducía su automóvil para ir a alfabetizar al campo y en la ciudad, participaba en todas aquellas actividades que eran tan nuevas y esperanzadoras. Ella estaba contagiada por el ambiente de aquella época, de emancipación social, búsqueda de nuevos valores, cambios, construcción y optimismo popular.

En aquel momento mí madre y mi abuelo estaban en contradicción, por la cual, él aceptó quedarse en Cuba contra su voluntad. Como ella no quiso partir, todos nos quedamos allá. Se lo reproché siempre, pero ya era demasiado tarde, él se quedó y siempre fue infeliz y se sentía frustrado a causa de esa mala decisión que lo hizo vivir en un país donde lo perdió todo. Nunca se integró a ninguna organización revolucionaria, trabajó hasta que tuvo su retiro y en Cojímar hacía sus compras en la bodega (tienda de ultramarinos) todos los días, iba con su jabita (bolsita) a ver qué podía comprar para comer, seguía sus reuniones en la Logia Masónica; lo que le permitía sobrevivir, estoicamente sin quejarse. Recuerdo que una vez llegó con un chiste, nos dijo: ‘el Comandante en Jefe dijo en el Granma, que las gallinas de Ciego de Ávila se han comprometido a poner más huevos con la misma cantidad de pienso.’ Los cubanos nos reímos en nuestras desgracias, esa es una cualidad que tenemos.

Recuerdo cuando muy contenta me hice pionera, hicimos una fogata en un campamento, para la iniciación. Estaba muy orgullosa de ser como el Ché. En esa organización hacíamos actividades, íbamos a recoger bolsitas de café, hacíamos trabajos voluntarios en una fábrica de zapatos plásticos, todo eso me divertía mucho. Me alegraba la sensación de ser útil y colaborar con un sistema que era bueno para todos, lo veía así, nos adoctrinaban, nos lavaban el cerebro y además no conocíamos otra cosa, no teníamos ninguna información de lo que pasaba en otros países. Recuerdo que mi abuelo se reía de mí, pues yo defendía aquello con fervor, con la inocencia y la pureza infantil.

Así nos pasó a tantos niños, tantos jóvenes y a tanta gente, que como yo fuimos engañados, a todo un pueblo que creyó en ese proceso, tanta gente que trabajó, dio sus horas, esfuerzos, sentimientos, años de juventud para esa mentira, y luego tener que irse y renunciar a poder vivir en el país donde nacimos.

De todas formas considero que tuve una infancia feliz. Con mis cuatro hermanos la pasábamos muy bien, a pesar de toda la penuria material. Los apagones nos rompieron el refrigerador y no pudimos comprar otro, pues ya no había en las tiendas. Teníamos que llevar la carne que era bien poca a casa de mis abuelos, ya que todavía conservaban su Westinghouse, que por suerte duró más que el nuestro. Tuvimos que mudarnos cerca de ellos desde el Vedado, lugar donde nacimos y vivíamos. Luego permutamos para el reparto Chivás y finalmente para Cojímar, con una cuádruple permuta. En las guaguas (autobuses) el ambiente era infernal. Recuerdo que mi madre tuvo que dejar su trabajo  porque jamás pudo tener derecho al semi internado para nosotros y al no poder almorzar en la escuela, teníamos que ir a casa al mediodía y, esto era un chiste, pues no había mucho a echarle el diente. Tengo un recuerdo horrible de mi hermana menor y yo fajadas por unos pedazos de tomates de una ensalada. Por suerte teníamos patio, con matas de aguacates, ciruelas, anones, guayabas, gracias a eso y a lo que comprábamos  por la libreta  de racionamiento, pudimos alimentarnos, claro con todas las carencias de calcio, de proteínas y de vitaminas que necesitábamos. Es triste que se pueda decir que aquello fue una infancia feliz, al estilo de ‘el hombre nuevo, con  el que soñó el Ché’.

Mis padres se divorciaron como tantos otros de aquella época, pues la familia (como decía el Comandante), era un ‘rezago pequeño burgués.’  Mi padrastro se iba a cortar caña, hizo varías zafras y mi madre se quedaba con nosotros. Recuerdo que los hombres estaban muy contentos al hacerlo, era una fiebre colectiva. Cuando cortaron la caña quemada, otro invento del Comandante para el rendimiento del azúcar, era insoportable la peste que tenía esa ropa que traían los macheteros.

Nos quitaron las Navidades pues los hombres no podían hacer una pausa para ver a sus familias, tenían que terminar la zafra sin parar y no podían festejar las Navidades con sus hijos y familiares hasta que no terminaran. Entonces cambiaron las fechas de las fiestas, el Día de Reyes para el 26 de Julio, fiesta nacional, conmemoración al ataque de los Castro al Cuartel Moncada. La gente creía en aquello, en lo que hacían, aunque para eso tuvieran que sacrificar valores como la familia y las tradiciones, no importaba nada, lo más importante era la Revolución de ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!’

Hubo un año en que para comprar los juguetes había que llamar por teléfono para coger un turno en una tienda. Te podía tocar cualquier día y en cualquier parte de tu municipio. Eso era absurdo, nosotros que no teníamos teléfono, teníamos que ir a casa de una tía a llamar y mi madre casi pierde el dedo al discar durante horas llamando a las tiendas, finalmente nos tocó para el cuarto día en el reparto Aldabó, muy lejos de donde vivíamos. No quedaba casi nada, los que ‘se salvaban’ eran los que cogían para el primer día, que podían comprar la famosa bicicleta. Nos tocaba un juguete básico y dos adicionales, recuerdo los juegos de yaquis, pues esos eran los que más quedaban para los últimos días. Esa fue la infancia que me dio el Coma-Andante.

En mi primera Escuela al Campo, cuando ya estaba en la Secundaria Básica, ‘sentí gran  alegría’ al levantarme a las cinco de la mañana, tomar el desayuno, que era una especie de agua sucia, ir a las letrinas, un hueco en la tierra con una cortina de saco de yuta, al esperar el camión o el tractor para ir a los campos, cantando canciones y entonando guaguancós, ‘una vieja y un viejito montando cachumbambé, la viejita le decía mira lo que se te ve.’  Los trabajos eran desyerbar, recoger toronjas, café, rábanos, papas, tomates, piñas, coser tabaco. Aprendí mucho, pero sobre todo comencé a pensar que si en mi país había de todo… ¿por qué no podíamos tenerlo nosotros? ¿Por qué en la bodega no lo podíamos comprar? Con esa tierra tan fértil y ese clima tan benévolo para la agricultura.

Me tiraba sobre la tierra colorá a mirar el cielo y recibía una sensación de paz íntegra, sintiendo el calorcito del sol, esto era cuando ya habíamos terminado la jornada de trabajo intenso y antes de regresar al campamento a hacer la cola para bañarnos. Eran unas duchas bien rústicas, con unas cortinas que tenías que inventar para que no te rescabucharan y, con agua fría por supuesto para quitarnos el fango del cuerpo y después ponernos la ropa que nos habían dado para aquello: un par de tenis (zapatillas deportivas), un pantalón y una camisa, sin ropa interior: una sola muda para 45 días. Luego por supuesto la pasábamos bien, éramos jóvenes, nos reuníamos por la noche ya sea en el comedor a jugar cartas o a otra cosa, o en el campamento a hablar y claro con las hormonas a esa edad en plena actividad, estábamos buscando novios o novias, con toda esa promiscuidad había siempre parejas que se formaban en esas famosas Escuelas al Campo. Algo que recuerdo con alegría eran esas Escuelas al Campo con las escuelas de arte, cuando ya yo estaba en la Escuela de Artes Plásticas San Alejandro. Íbamos juntos  las escuelas de arte de La Habana Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, los Conservatorios de Música, por lo tanto habían grupos musicales de los alumnos. Lo pasábamos bien entre amigos con los mismos intereses y pasiones. Hoy en día muchos son pintores y músicos famosos, que están casi todos fuera de Cuba. Entonces todo era más simpático y el tiempo pasaba mejor, tengo muy buenos recuerdos de esa época a pesar del cansancio de ese trabajo y las condiciones duras materiales en esos barracones, durmiendo en aquellas horribles literas.

Así se ‘construía el socialismo’, así le resolvíamos al problema al Comandante. Hacíamos todos las labores agrícolas voluntariamente y al gobierno no le costaba nada. Esto no era tan voluntario, era obligatorio, pues para no ir, tenías que estar enfermo y presentar un certificado médico.

Nos maquillábamos las pestañas con betún de zapatos, nos hacíamos los jeans imitando los Levis, nos convertimos en tremendos artesanos construyendo y transformando a la perfección zapatos y ropas, claro porque lo que podíamos comprar por la libreta (un par de zapatos al año), eran muy feos, entonces lo transformábamos. Yo compraba unas alpargatas de lienzo blancas y las bordaba con estambre para que fueran más bonitas y originales. No podíamos escuchar a los Beatles,  la música rock, ni la pop, eso era considerado diversionismo ideológico. Nos escondíamos para oír las estaciones americanas de radio que entraban por onda corta en los radios soviéticos. ¡El colmo de lo absurdo!

Nuca fui militante de la UJC, (Unión de Jóvenes Comunistas), era considerada como apática, tampoco fui federada, no sé cómo pude escapar de éstas, debe de ser que Vilma Espín no era tan organizada, porque al CDR sí que tuve que pertenecer y tuve que hacer algunas guardias estúpidas cuidando el supermercado en la calle Los Pinos en Cojímar, con mi hermano Pepe. Ahora que pienso en eso veo que era totalmente irracional, si hubiera habido ladrones, hubiéramos tenido que correr, pues sin arma ni teléfono no hubiéramos podido hacer nada útil.  Nada estaba organizado verdaderamente, sólo tenías que ‘cumplir con tu deber’, hacer ver que hacías, para no llamar la atención, para que no te echaran el ojo encima, para que te dejaran tranquilo y poder escapar en ese sistema donde todo es falso, todo es mentira, no estás cuidando ningún mercado. Si vienen a hacer un sabotaje no vas a poder defenderte, ni hacer escapar a los delincuentes o contrarrevolucionarios si no estás en condiciones de hacerlo. ¡El poder del pueblo ése sí es poder!

Me hice pintora en la Academia de San Alejandro, tuve mi diploma en el 1979. Participé  en una exposición colectiva  de los alumnos de mi graduación en una galería de la Facultad de Letras de la Universidad de la Habana, con éxito. Fue una gran época de mi juventud que recuerdo con gran nostalgia. Éramos estudiantes de arte con ganas de expresarnos con Libertad pero que no lo podíamos hacer, algunos no tenían ni conciencia de eso. Pasaron muchas cosas que produjeron en mí una toma de conciencia, ver como echaron de la escuela a un alumno por decir en un congreso de la FEEM (Federación Estudiantil de Enseñanza Media), que Marx y Engels podían llevar el pelo largo y nosotros no, cuando en Estados Unidos los jóvenes manifestaban contra la guerra de Viet-Nam y en París ya había ocurrido un Mayo 68, con manifestaciones en las calles, los jóvenes representantes de los movimientos de izquierda tenían el pelo largo. También hubo otros problemas ideológicos con un alumno que por no cantar el Himno Nacional fue llevado a comisión disciplinaria. No teníamos información de lo que pasaba en el mundo artísticamente, estábamos condenados a la censura, no teníamos referencias del mundo exterior y ya en ese momento comenzábamos a interesarnos por éso y a cuestionarnos sobre que algo raro pasaba.

Para mi fue revelador todo aquello, no poder pintar lo que querías, el  Realismo Socialista, era lo que había que hacer. Si no, estabas al margen. Una vez pintamos en la pared de mi casa unos personajes raros, eran unas caricaturas y la policía vino y nos dio un ultimátum para que lo quitáramos, pues no entendían lo que habíamos pintado, por tanto lo calificaban como desviación ideológica y lo tuvimos que quitar. Había que comprometerse con el sistema para poder triunfar, pintar y hacer lo que ellos querían, lo que te imponían, no podíamos crear. ‘Ser cultos para ser libres.’

Trabajé a pesar de mi poca integración revolucionaria en el ICRT, (Instituto Cubano de Radio y Televisión), como pintora escenógrafa. Me hicieron una verificación política para poder llegar a este puesto de trabajo. En esa época no podían calificarme de gusana, me gustaba mucho, aprendí mas, continué el aprendizaje, fue impresionante hacer enormes forillos de pié en alto con un cabo en el pincel, fue lindo. Ocurrió lo de la embajada del Perú y el éxodo del Mariel. La situación se complicaba, me criticaban y censuraban por ponerme jeans, escuchar música americana, tener una actitud algo disidente y liberal, tener amigos homosexuales, hasta que me fui de allí. Vi mítines de repudio que repudié, esa falta de respeto y de humanidad hacia mis compatriotas me indignaba. Reinaba  la delación, el miedo, la doble moral, el estado de vigilancia que genera la paranoia entre las familias, amigos, vecinos y colegas de trabajo. ‘En cada cuadra un comité en cada barrio Revolución.’

Luego trabajé como profesora instructora de Artes Plásticas. En este lugar pude ver la falsedad y mentiras a ese nivel, elaboraciones de metas que en realidad no se cumplían, cosas que no hacían, (los globos que se inflan, como decimos allá), porque no hay ni materiales, ni recursos, ni entusiasmo para hacerlo, todo es  falsedad, demagogia, y mentiras. ‘La mejor manera de decir es hacer.’

Pinté mucho en esa época y participé en algunas exposiciones colectivas, de profesores de arte.

Con todas estas vivencias ya tenía bastante en mi ‘disco duro’ como para darme cuenta que aquello no servía, aunque no conocía otra cosa, solamente los recuerdos y vivencias de mi familia, de mi abuela que había estudiado inglés en New York  y se convirtió en profesora Ella me contaba sus experiencias en esa gran ciudad adonde fue sola en los años cuarenta, sus viajes con mi abuelo a México en barco, el viaje de mi padre a Estados Unidos cuando fue a aprender dibujos animados, a la UPA y a Hollywood, viaje que pagó con sus ahorros, los viajes de mi madre a Estados Unidos y a México de vacaciones, las cosas que vieron, todo eso trotaba en mi cabeza. Mis amigos hablaban de irse y se iban. La Libertad es un derecho de todos y para todos.

Ya tenía una hija, fui madre muy joven, al salir de la escuela, entonces tenía que luchar día a día para conseguir que darle de comer a mi hija, educarla y hacerla lo más feliz, honesta y sincera posible, en ese sistema de hipocresía y censuras. Pues su padre no estaba conmigo, estaba en la prisión política. De esto no hablaba, tenía mucho miedo, no sabían nada de mi vida en mi trabajo, ni en ninguna parte, era un tema tabú, oculto, para no tener problemas con la policía, la Seguridad del Estado y podía quedarme sin trabajo, cosa que no podía permitirme, porque aunque no era bien poco el salario, no servía de nada. El mercado negro comenzaba y era todo muy caro, pudimos sobrevivir mi hija y yo gracias a la ayuda  de mi familia, de esos abuelos tan buenos y de mi madre tan maravillosa que nunca olvidaré.

Ese domingo de mayo, Día de las Madres del 1986, comenzamos a organizar la salida de Cuba, pues fue el día que le dieron la Libertad al padre de mis hijas, que estaba condenado a veinte años de prisión política. Fue amnistiado con un grupo de 26 prisioneros de conciencia, (con la condición de partir del país), esto pudo ser gracias a una intervención humanitaria del oceanógrafo Jacques Cousteau, durante el gobierno socialista de François Miterrand. Cousteau  llevaba una lista de Amnistía Internacional y se entrevistó con el Líder Máximo, para pedir la liberación de los prisioneros políticos, a cambio de la limpieza del litoral habanero.

No nos hicieron mitin de repudio, pero si, tuve que ir a pedir la baja definitiva de mi centro de trabajo por salida definitiva del país y la de mi hija de su escuela. Tuvimos que hacer muchas gestiones en las oficinas de emigración, chequeos médicos, colas interminables, esperas, papeleos, pedir la baja de la libreta de racionamientos de la Oficoda, hacer los pasaportes, gestionar la parte económica de pagar billetes de avión en dólares de ida y vuelta (jamás he utilizado la vuelta y no me han reembolsado), pidiendo prestado el dinero a amistades que estaban fuera del país y que había que llamar por teléfono en un locutorio en Centro Habana de madrugada. En fin pasamos por muchas cosas denigrantes y desagradables, que he preferido olvidar. Lo que más he retenido en mi memoria es el proceso que duró meses, al irme despidiendo de mi familia, amigos, vecinos, colegas, conocidos, recuerdos, árboles, calles, casas, el mar, en fin de todo lo que había sido mi universo hasta ese momento, que con mucho dolor pero con serenidad y firmeza decidí abandonar.

Y así fue como unos meses después partimos rumbo a Francia, ya hace más de veintitrés años. París me cautivó, es mí ciudad, si hubiera podido escoger, hubiera nacido aquí, pero así es aún mejor, pues no es un proceso natural. He escogido vivir aquí. Siempre que regreso de un viaje la aprecio más. Aquí he desarrollado mi vida profesional, gracias a la Libertad que tengo y que disfruto tanto. El principio fue duro, fue como aprender a caminar, a hablar, a moverse, a identificarse, a adaptarse, a buscar trabajo, a convivir y comunicar para salir adelante económicamente, para instalarse. Pero en lo demás no había problemas, gracias a que esa Libertad tan deseada ya la tenía. Todas las demás cosas se lograban más fácil. La familia aumentó, las cosas mejoraron y los deseos y los sueños se fueron construyendo. Más tarde ayudé a salir a mi padre y a mis hermanos. Mi madre murió en Cuba, al igual que mis abuelos que nunca más pude verlos.

 

Ahora estoy en la madurez de mi vida, realizada, tanto personal, como profesionalmente. Tengo mis hijas grandes, han hecho sus carreras, viven en un mundo Libre y lo aprovechan plenamente. Soy ya abuela. Viajo, para conocer, experimentar y ver lo que pasa en otros países. Ayudo en cuanto puedo por la Libertad de mi país, manifestando e informando sobre lo que pasa allá. He participado en un gran número de exposiciones, tanto colectivas como personales, aquí en Francia y en diferentes países de Europa y en Estados Unidos. Cada una es una nueva aventura, que me procura una gran satisfacción, Es importante para mí poder comunicar a través de mi trabajo artístico, expresar mis ideas, plasmar lo que tengo dentro, desarrollarlo sin censuras. ¡Esa es la Libertad! La creación es una bendición, cuando pinto me evado y me siento un ser privilegiado y así… he llenado mi vida de colores.”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


GILDA DE ARMAS ENCONTRÓ LA LIBERTAD EN PARÍS

Entrañable Ofelia,

Sigo enviándote la serie de testimonios de amigos que han logrado ser Libres, al escapar del régimen cubano de diferentes maneras. El de hoy es el de una culta dama, cuya pérdida para nuestra Patria es irreparable.

¿Cuánta materia gris y savoir faire, ha perdido nuestra Cuba en este medio siglo? No sé si algún día se podrá saber. Pero al mismo tiempo, personas como Gilda han hecho brillar en esta Vieja Europa el nombre de nuestra tierra natal.

Conocí a Gilda junto a su brillante esposo, el pintor Jesús de Armas, (te recomiendo visitar su sitio: http://www.jesusgonzalezdearmas.net/ ) en una exposición de sus obras en los salones de La Maison d’Amérique latine en el parisino Barrio Latino. Desde entonces una gran corriente de simpatía nos ha unido. Aquí te envío su testimonio.

Gilda:  “Aunque me llamo Gilda Alfonso-Martín Carrera, hoy soy conocida por muchos como Gilda González de Armas.

Yo tenía sólo 9 años al momento del triunfo de la  Revolución. Recuerdo que lo primero que me chocó del nuevo sistema fue la nacionalización de mi escuela, el Wesley College de Santiago de las Vegas.

Ese día por la mañana, unos interventores vestidos de verde oliva, invadieron los recintos del colegio y bajaron la bandera americana de su mástil, que ondeaba al lado de la cubana, en el patio de recreo, tirándola al suelo, pisoteándola y quemándola ante el asombro y los sollozos de los alumnos.

Mis padres decidieron quedarse en Cuba por problemas familiares, quizás influyeron algunos miedos. El asunto fue que nos quedamos en el país atrapados por más de treinta años.

Fue así, como de golpe me vi con una pañoleta en el cuello, asistiendo a actividades pioneriles y mis hermanas pasando escuelas de la EVIR.

Fui alfabetizadora popular con sólo once años, de dos miembros de una familia del Reparto Guadalupe, en Santiago de las Vegas, que luego se marcharon del país durante el éxodo por el puerto de Camarioca.

Después de ese largo período de recesión escolar, a causa de la Campaña de Alfabetización, recomencé mis estudios en la Secundaria Básica de Santiago de las Vegas, donde uno de los profesores pidió a todos los alumnos que escribiésemos sobre nuestros orígenes familiares.

Sólo hablé de mi abuelo materno, el Conde de Martín-Carrera y su fábrica de cajas de tabaco. Él se había casado con una bisnieta del último cacique inca que luchó contra la corona española en Perú.

Hablé de mi abuelo paterno, ebanista, judío converso, que había integrado el Comité Revolucionario de New York durante la Guerra de Independencia de Cuba. También hablé de la familia de mi abuela, dueña de la fábrica de tabacos de exportación José L. Piedra y, por supuesto de mi padre, contador público del Banco Boston.

Una semana después, los profesores me exigieron que expresase mi vergüenza por pertenecer a una familia burguesa y que tenía que renegarles públicamente ante toda la escuela.

Frente a todo el alumnado primero, con la cabeza baja, en la mano un micrófono, después mirándoles a los ojos a todos y bien erguida, grité mi inmenso honor por pertenecer a mi familia. Me consignaron a la dirección de inmediato y la actividad política continuó con otros alumnos.

Allí esperé hasta que un profesor, militante del partido comunista me amenazó diciéndome que: ‘yo era una simple tuerca de una enorme rueda dentada y que si me salía un ápice, iba a ser aplastada como una vil cucaracha.’

Fue en ese momento en el que comencé a dudar de todo lo que decían sobre la triunfante Revolución. Por supuesto, tuve que cambiar de escuela. Matriculé en la Secundaria Básica de Rancho Boyeros.

Un año más tarde, un nuevo y excelente profesor de matemáticas irrumpió en mi aula. Muy rápido el alumnado supo que el profesor Camaraza había estado preso por problemas de disidencia.

Un semestre más tarde, el profesor fue expulsado por ser considerado como una mala influencia ideológica. El alumnado había aprendido a conocerle y a quererle.

Fue así como, junto a un grupo de alumnos, organicé una huelga de protesta por la expulsión de nuestro profesor Camaraza. Y salimos a la calle más de trescientos estudiantes con carteles improvisados y exigiendo que nuestro profesor  fuese reintegrado a sus funciones.

La policía de Rancho Boyeros nos dispersó rápidamente y salimos corriendo. No obstante, un pequeño grupo de manifestantes irrumpimos en la casa del profesor, para expresarle nuestro desacuerdo y nuestra solidaridad.

Camaraza nos agradeció infinitamente nuestro gesto y nos recomendó que partiéramos inmediatamente a nuestras casas, para evitar señalarnos ante las autoridades.

A partir de ese instante, vivir en mi país se convirtió en una tragedia que  tuve que transformar en tragicomedia.

A medida que profundizaba mis conocimientos de filosofía en la Universidad de La Habana, mis criterios eran más divergentes de los del sistema imperante.

Trabajé como politóloga de países de Asia en Prensa Latina de 1970 a 1973, pero me vi obligada a dimitir por divergencias políticas con el D.O.R. (Departamento de Orientación Revolucionaria) del P.C., quienes dictaban la línea editorial de todo lo que se publicaba en Cuba.

Nicolás Guillén me expulsó en 1976 de la UNEAC (Unión nacional de escritores y artistas de Cuba) por el mismo motivo.

Transformé el folleto de Normalización y tipificación de la construcción, en revista trimestral, pero también tuve que dimitir de mis funciones cuatro años más tarde.

Comencé a trabajar como escritora freelance en Radio Ciudad de la Habana, de donde tuve que partir por problemas ideológicos, después de diez años de labor.

Colaboré como crítico de arte para la Revista Opina, hasta unos meses antes de abandonar mi país natal y casi toda mi familia.

¿Los motivos? Tenía muchos para querer irme de Cuba. Fui detenida, amenazada e interrogada numerosas veces durante años por la Seguridad del Estado.

En 1985 descubrí la obra del que sería mi esposo, Jesús González de Armas, en un Salón de la UNEAC Él había presentado a todas las manifestaciones de las artes plásticas: caricaturas, historietas, dibujos, pinturas, etc.

Me llamó la atención que su obra estaba colgada en los lugares más desfavorecidos e impensables del Palacio de Bellas Artes, detrás de una puerta plegada, oculta por una planta ornamental, en una esquina a la que el público generalmente no llegaba.

Atrapada por la fuerza de la obra, y por el rechazo estatal evidente hacia este artista, me dediqué a buscarle. Le declaré mi amor y mi admiración. Unimos nuestras fuerzas y nuestras vidas para lograr evadirnos de la Isla del Dr. Castro.

Fue así como supe que Jesús había dimitido del Departamento de dibujos animados y de carteles del ICAIC, de los cuales fue el creador, director general y artístico. En 1965  mi esposo decidió no trabajar nunca más para el gobierno cubano.

La mayoría de sus dibujos animados, todos experimentales, fueron prohibidos, entre ellos:  Pantomima amor uno, La jutía loca y  El Cow boy , los cuales nunca fueron mostrados al público.

Durante muy poco tiempo trabajó pintando cuadros para decorar hoteles, restaurantes y posadas para el INIT.

Cuando le conocí, enviaba sus obras a los Salones de la UNEAC para ganar al menos un premio. Ese fue el motivo por el cual participó en todas las manifestaciones. Con el premio podía vivir un año entero, comiendo espaguetis hervidos con sal. Decidió irse a vivir con los descendientes de taínos a la Caridad de los Indios en la provincia de Oriente.

Creó el Movimiento de Indoamérica (corriente artística que formó a artistas como José Bedia, Maydée González Gavilán (hija de Jesús), alumnos de la ENA en aquella época), reagrupando  a más de ochenta intelectuales, pintores, escultores, arquitectos y antropólogos.

La dirección del Partido Comunista de Oriente y el Ministerio de Cultura de Cuba le prohibieron continuar con su empeño artístico. Dispersaron al grupo e incluso le prohibieron a Jesús volver a visitar la Caridad de los Indios.

Conocí a Jesús en la miseria y el aislamiento más absoluto, abandonado por todos.  Pintaba sobre la sábana anual que le daban por la libreta de racionamiento, uno o dos cuadros al año.

Jesús no tenía derecho a comprar materiales de pintura, estaba en la lista negra del Fondo de Bienes Culturales, después de haber pintado, expuesto y publicado sus  Lenguados,  en los que denunciaban la lengua oficial  del régimen. Con  Conquistadores a caballo  hizo la caricatura de Fidel Castro, al denunciar el culto a la personalidad.

Muchos amigos le ayudaron, le daban cartulinas y pintura o lo invitaban a comer, hasta que aparecí yo en su vida.

Pasaron veinte años en los que escribió varias novelas de las cuales sólo  poseo una, inédita, que tiene dos títulos: La omni-impotencia  o « Aventuras aventureriles aventureras y aventurerezcas por esas calles aventureras de La Habana .

La Omni-impotencia es un análisis caricaturesco de la Cuba de los años setenta, en el que Jesús denuncia lo absurdo de la  Revolución cubana  y su carácter surrealista, infra-humano y totalitario, con un estilo renovador, ligero y único, en el que se reivindica la picaresca española por su similitud con la picaresca cubana de sobre vivencia.

Nuestras fuerzas unidas no demoraron en dar sus frutos. Jesús fue invitado por el Ministerio de Cultura y de la Francofonía francesa para festejar con una estampa de su obra el Bicentenario de la Revolución Francesa en 1987, junto a sesenta artistas de renombre internacional, como Tapie y Matta, entre otros.

En esa ocasión mi hijo y yo  no pudimos acompañarle, motivo por el cual Jesús regresó a la isla para buscar otra forma de escapar.

Fue sólo en 1992 que, ante la insistencia del Ministerio de Cultura francés,  pudimos viajar los tres a Francia para una exposición en la Maison de l’Amérique latine.  Carbonadas neo-taínas  fue la exposición que festejó el quinientos aniversario del Descubrimiento  de América en enero de 1992.

Una vez en Francia, decidimos pedir asilo político, pero antes de que lo hubiésemos hecho, alguien alertó traicioneramente a una periodista del diario Le Monde , que sin pedirnos autorización, publicó nuestra demanda de asilo a la OFPRA, convirtiendo nuestro caso en un problema diplomático.

Las dificultades por las que hemos pasado, no valen ya la pena comentarlas, fueron innumerables, pero siempre tuvimos amigos maravillosos que nos protegieron y ayudaron.

Mi hijo y yo recibimos la notificación de expulsión de Francia en 1994. Jesús decidió unirse a nosotros. Pero siempre hubo una mano amiga que se nos tendió y en el último momento, recibimos la autorización para continuar viviendo en Francia.

Actualmente, después de veinte años, en este país generoso y solidario, nuestra situación oficial parece que se solucionará. Espero que mi demanda de naturalización francesa sea escuchada esta vez.  Será para mí un gran honor .

Yo amo a este país porque somos Libres de pensar y de expresar nuestros criterios. Amo a este país, por su democracia, porque la pena de muerte fue abolida, porque se respetan los derechos inalienables del hombre, por su solidaridad y su fraternidad.

No tengo nostalgia de Cuba, como muchos puedan tener y, no creo que regrese al país que me vio nacer, no me gustaría ver la destrucción de la  Perla de las Antillas. Quiero recordar mi país como lo veo en mis sueños de infancia. Patria es el país donde una es feliz y es respetada nuestra dignidad.

De mi familia no me quedan más que unos dos o tres primos en Cuba, que imagino esperan la oportunidad y el momento de escapar de ese infierno que ha superado con creces al de Dante Alighieri.

Mis más bellos recuerdos los tengo de mi primera infancia antes de 1959 y de aquí, de Francia, donde aprendí la riqueza de la amistad, de la justicia, el amor por la cultura y por la belleza.”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


LAS DOS VELÁZQUEZ

Entrañable Ofelia,

El aroma inconfundible del más puro café cubano nos deleitaba en el ático de un hotel de Saint Moritz en los Alpes suizos, cuando mi hermano y yo comenzamos a recordar con nostalgia en medio de un paisaje inmaculadamente blanco, los palmares, los cañaverales y los cultivos de tabaco que todo el planeta nos envidiaba y que nos rodeaban en el lejano Camajuaní donde dimos nuestros primeros pasos. Nuestra conversación llegó hasta las personas que nos acompañan con su dulce recuerdo. Le pedí a Juan Alberto que me enviara algunas de estas reflexiones, que no pueden ni pretenderán jamás ocultar la nostalgia que las invade, salpicadas del color, la alegría y el sabor camajuanenses, común denominador de todos quienes un día dejamos atrás nuestra tierra.

Entrañable Ofelia, desde Italia Juan Alberto me ha enviado estas líneas que hoy te envío pues sé que tú también sentiste un gran cariño por estas dos amigas entrañables:

Podría comenzar indistintamente por una o por la otra; si las pongo en una balanza podría hasta iniciar por deshojar una flor para decidir por cuál de las dos empezar mi breve relato, pues fueron las dos caras de una moneda valiosísima que llevo, y en tantos llevamos, en el corazón.  Los valores que ambas dieron a su paso por La Loma[1][1] no se compran, antes bien se heredan y forjan en la cotidianeidad, como fue en las familias donde crecieron. Su condición humana y su generosidad nos impregnaron a todos los que veníamos pisando sus talones en la vida que se abría paso ante nosotros. A pesar de tantos años y los miles de kilómetros que me separan de ambas, la vida no ha logrado arrancar de mi memoria todo lo que me dieron de sí mismas en aquellos meses de sol incansable, Clara y Monga, en nuestra querida colina, a la luz perdida de un poste de la luz pública o bajo los inigualables aguaceros cubanos desbordando las cunetas camajuanenses. 

No sé si llamarla Clara, como siempre me dirigí a ella, o bien decir Cutis, como muchos la conocían, o simplemente evocarla como quien fue, Clara María Velázquez, aquella amiga a prueba de tantos años, quien desde Leoncio Vidal 94 nos envolvió con su encanto en una exquisita atmósfera de espiritualidad magnética para nosotros en aquella adolescencia. En mi mente es aquella mujer siempre joven, que nunca ocultó las canas que ya se asomaban en su melena al estilo Georgia Gálvez, de raíces profundamente camajuanenses – de quien también se nos perdieron los pasos en el exilio – rodeada por todos nosotros, Carli Catoira, Toni Cabrera, Yoly Martínez, y por mí, al colmar su gran portal, como siempre lo hemos llamado en Cuba; con las piernas cruzadas, sentados sobre el cemento, con los ojos abiertos de par en par, recostados sobre el borde de aquel “salón” hacia la acera, o sobre  el muro de bloques de cemento del colindante de Cuca y Piloto, sus eternos vecinos, mientras otros nos acomodábamos como podíamos, casi los unos sobre los otros, en el banquito que una vez fuera verde vivaz y que luego perdiera todo su brillo como Clara misma, como su madre Amparo y el mítico periquito verde que inútilmente trataba de dar vida y color a ese banco donde siempre estaba con ellas, como celoso guardián ante la algarabía juvenil que invadía su territorio.

LAS CLAVELLINAS DE CLARA

 

a Clara María Velázquez

Ischia, 14 de septiembre de 2008

 

Ni mármoles ni calizas,

vienen de los ríos de mi tierra

y cubren aceras y cunetas en mi pueblo lejano,

donde hierbas, musgos y algas se discuten un espacio.

La lluvia de agosto cae intensa y cerrada,

el cielo se pierde detrás de las nubes

y yo miro apenas por la ventana

el llanto incesante de las tejas al viento.

 

Corre el agua loma abajo y salta sobre las piedras,

tan blancas como la cal, escondiéndolas por toda una hora.

Un suave olor fresco se alza al vuelo en el viento del verano

anunciando el suspiro de la tierra sedienta y agradecida.

 

Allá abajo,

en la línea del tren

volverán siempre a florecer

a raudales las clavellinas de Clara

mientras un coro de grillos proclama el final del atardecer.

 

Fue Ángel Velázquez el padre de Clara, fiel en sus pasos junto a Su Amparo, como su nombre lo dice. Ángel se marchó a la casa del Señor a inicios de la década del sesenta, no sin antes haber transmitido a su hija su amor por la vida, sumado a la cubanía que guiaba los pasos de su hija. El portal de aquella casa carecía de muros para contener a todos quienes nos acercábamos a nuestra amiga, violando su elemental derecho al reposo durante el bochorno del mediodía en el valle de Camajuaní, siempre que una vez que almorzaban, fuera lo que fuera lo que encontraran en sus platos, cuando Amparo se asomaba a la puerta entreabierta por el gancho que la fijaba y decía a su hija que la mesa ya estaba servida. 

Aquella llamada se repetía discretamente, con un encanto muy especial, cada mediodía y cada atardecer, interrumpiendo dulcemente nuestras tertulias sin fin, improvisadas en aquel portal, donde nuestros pasos se perdían sobre el cemento, como la gran mayoría de los portales en Camajuaní, sin mayólicas sevillanas – casi exclusivas de Trinidad –, sin baldosas elaboradas, sino simplemente sobre el humilde cemento fundido sobre la tierra de la colina. Eran pisos cubanos fundidos listos a soportar huracanes, aguaceros y los baldes de las típicas limpiezas de nuestras amas de casa, o como un rompecabezas de lajas blancas, prolongando aún más las aceras de piedras del río Sagua. En una ocasión soñé que aquel torrente maravilloso que corta graciosamente la carretera que conduce a Camajuaní, poco después de la entonces finca de los Riestra, en otra dimensión universal donde los ríos, bosques y mares tenían voz propia, había sido premiado por su belleza y su bondad al habernos regalado tantísimas piedras blancas para nuestras aceras.

CUNETAS VERDES

Al Mediodía de Camajuaní

 

Apenas dos palmas de mis manos

me separan de tu paso constante.

Ni olores, ni impurezas, ni desganos,

sino transparencias deslumbrantes

que limpian dibujando mi pueblo de cal.

Verdes las largas algas, los  musgos y la vida

que danza en junto al suspiro de mis peces,

cual esperanza al final de la mañana.

Verdes y anónimas también las lomas lejanas

vibrando bajo el sol del bochorno inevitable, 

como la sabia esperanza de la madre incansable

ante cazuelas de harina, boniato y sofritos improvisados.

Clara fue amor espontáneo para toda La Loma, fue la chica que conoció la poesía de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Sor Juana Inés de la Cruz, leyó a Miguel de Cervantes y amó la lírica mística de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz. Fue la mujer que nos condujo de la mano hojeando incansablemente al ritmo de una voz dulce y profunda sus poemarios de Machado, Lorca y Hernández. ¿Quién habría podido sospechar que aquel tesoro de ideas se escondía en esa mujer discreta, sentada en su comadrita o en el eterno banco verde, envuelta en el humo de sus constantes cigarrillos Populares, en otros tiempos Regalías El Cuño, con o sin filtro, apurando una tacita de café, o de borra, lo que encontrara. Una amiga franca y sincera, siempre dispuesta a escuchar a quien quiera se sentara en el portal de las tertulias. Un buen día descubrí que Clara, cosa que ya yo sospechaba, también incursionaba en la creación literaria. Humildemente, con la modestia que la caracterizaba y que en mi inmadurez adolescente nunca supe valorar en toda su dimensión, un atardecer del lejano verano de 1966 me mostró sus “papeles”, como los llamaba, donde recopilaba tantos y tantos poemas apresurados, algunos a lápiz, otros en  tinta – ¡Clara sabía escribir hasta con la pluma y el tintero!, escritos en las hojas que lograba llevarse de la Casa de Socorros Toribio Castellón, ya convertida en Policlínico, donde trabajaba frente al Chalet de Piedra, conocido también como el Chalet de la Tota – quien también un día tomó rumbo hacia la Florida.

No me atreví – y hoy me arrepiento – a pedir a Clara que me permitiera copiar sus poemas, cuando después de leérmelos me confesó que ya pronto no nos veríamos en los veranos de su portal pues estaba esperando la salida definitiva del país hacia los Estados Unidos. Un dolor muy grande sentí cuando mi prima Aurelita me confirmó que sí, que era cierto, y que se esperaba que de un momento a otro se marcharían. Todo no fue tan veloz como ella misma pensó, para alegría mía y de todos los que disfrutábamos de tan especial amistad. Los años habían volado y nos encaminábamos hacia la temprana juventud. Entre ellos mi gran amigo y hermano el Carlos Alberto Catoira Martínez, Carli, así como nuestra gran amiga Mirta Yolanda Martínez Vázquez, Yoly, y por supuesto, Toni Cabrera, nuestro insustituible compañero de travesuras, hoy heredero de toda la tradición que cultivó su padre, el Gran Antonio Cabrera, legendario e irrepetible Chivo Mayor de toda La Loma.

Si no lo hubiera vivido personalmente nunca habría podido imaginar que en nuestro pueblo natal, entre escogidas, despalillos y zapaterías, con un aire de olor a “melao” del Central Fe [2][2], salpicado del hollín que salía a borbotones por su chimenea a unos cinco escasos kilómetros de distancia detrás de la loma de la Blanquita rumbo a Placetas, una mujer joven y autodidacta conocía y adoraba la obra del maestro de las letras alemanas Johann Wolfgang von Goethe. Quién sabe si hasta un cierto punto fue ella quien sembró en mí las primeras inquietudes hacia aquella cultura. Clara fue la primera persona en mi vida que me habló del Dr. Fausto y de las Cuitas del Joven Wherter. Era una experiencia maravillosa el poder escuchar una persona que por su amor a la cultura y a la vida había logrado llegar por su esfuerzo propio hasta la leyenda del Oro de los Nibelungos. En la ciudad de La Habana nunca encontré, a igualdad de condiciones y oportunidades, nadie ni remotamente semejante. No escatimó ocasión para alegrarnos a todos con sus fantasías y un día nos prometió que esa noche celebraría en su casa, especialmente para nosotros, nada más y nada menos que un “Conjuro a Mefistófeles”. Clara se disfrazó con una capa de agua  de plástico color gris, se envolvió la cabeza con una toalla en combinación perfecta cual turbante apenas llegado “del más allá”, y nos recibió a Carli, a Yoly, a Toni y a mí, en la sala de su casa. Amparo no podía disimular una carcajada contenida, precisamente porque sabía lo que estaba por suceder. Clara nos condujo solemnemente en medio de una fabulosa atmósfera mística hacia la cocina-comedor, donde en penumbras habían cubierto la mesa con un mantel hasta el piso. Sobre aquella mesa habían colocado un globo de vidrio, muy de moda en Cuba en los años cincuenta, que volteado, hacía las veces de “bola mágica”. El punto culminante llegó con las notas de su cajita de música, embrujando más aún aquel ambiente  ya desesperante para los que allí nos reuníamos. De pronto se encendió una luz que invadía la “bola mágica”, alternando aquello con bocanadas de humo. No era otra cosa que Monga, nuestra extraordinaria amiga, que se había prestado para esconderse debajo de la mesa con una linterna de baterías, y al fumar inyectaba el humo a la bola y con ella a nuestra imaginación aterrorizada. De pronto, un gato en el patio hizo un ruido detrás de la ventana y todos, empezando por Carli y terminando por mí, salimos despavoridos y horrorizados de la casa hasta llegar al portal para morirnos de la risa cuando luego salieron las dos. Esa es una de las páginas más hermosas que guardo de LAS DOS VELÁZQUEZ juntas para regalar a los jóvenes de La Loma una noche de fantasía inolvidable.

Clara me escribió cartas bellísimas a mis escuelas al campo[3][3], que me animaban en la lejanía de la familia durante inviernos interminables. El 2 de septiembre de 1967 ya me iba de Camajuaní, siempre tristísimo, al terminar el verano para regresar a La Habana. Me abrazó  fuertemente y me regaló un libro que guardo celosamente, pues es lo que de ella me queda. Se trata de un viejo ejemplar de la Historia de la Vida del Buscón llamado Don Pablos, de Don Francisco Quevedo Villegas, editado en Madrid en 1915, con una dedicatoria llena de cariño donde concluye “Aunque algún día esté lejos no me olvides”. Años más tarde, su espíritu y su recuerdo no dejaron de acompañarme durante mi paso por la Universidad de La Habana, y me pregunté si la visión de aquella mujer habría logrado imaginar que algún día me dedicaría a las letras, quién sabe si estimulado por lo que esa entrañable amistad había logrado sembrar en mí. Al despedirnos me negué a pensar que fuera ésta la última vez en que la vería. En esos años, al irse de Cuba la persona que subía al avión desaparecía para siempre, definitivamente, como por arte de magia para quienes quedaban atrás en Cuba. El espectáculo desgarrador de las despedidas en los aeropuertos cubanos era comparable al de un funeral en vida. Es un dolor que arrastramos todos, de quien sobrevivió esas décadas. Sólo queda el amargo recuerdo de todo lo que se nos fue entre las manos en los más bellos años de nuestras vidas, cuando cada momento es único e irrepetible, como el ser humano mismo.

Los meses pasaron y ya de regreso en La Habana supe por mi prima Aurelita que Clara se había marchado con Amparo por el “puente aéreo” desde Varadero hacia Miami, y nunca más supimos de ella. Su recuerdo, como todo lo que desaparece sin más ni más, se convirtió en un mito irrepetible para todos y así la recuerdo, en la incertidumbre de si todavía vivía, de cómo estaría, de qué habría sido de la amiga que había entrado en nuestras vidas jóvenes para quedarse entre nosotros, de si trabajaba en una factoría de Hialeah, de si tenía la pensión de la seguridad social de la Florida, de si sufría la soledad, de si había encontrado otras amistades que hubieran logrado reproducir la relación que tuvo con tantos jóvenes en su portal de Camajuaní. En vano tratamos de encontrar su rastro. Hoy vivo convencido de que desde allá donde hoy su alma descansa, sigue los pasos de todos los que tuvimos el privilegio de conocerla en este mundo. Clara terminó sus días como una infinidad de cubanos, del lado de allá del Estrecho de la Florida, en un cielo dividido por tantos, tantísimos motivos kafkianos e innombrables de intolerancia fraticida.

Si bien Clara fue pura espiritualidad galáctica, Ramona fue desde su niñez lo que hoy podríamos llamar “un espíritu libre e indoblegable”. Esa Fue Ramona Velázquez, a quien siempre llamamos Monga. La hija de Toña y Ramón Velázquez, hermana de Daysi Velázquez, quien desde Leoncio Vidal 90, en su humilde casita un poco más alta de la de Clara, distinguía los movimientos de toda “La Loma”. Un amplio escalón servía para alcanzar el portal con su banquito y la ventana protegida por una reja de maderas de poco menos de dos metros de altura. En aquel escalón, por muchos años, se sentaba el chino Manuel, quien apoyaba sus dos enormes cestas de yaguas entretejidas en el  piso que dividía la casa de Monga de la de sus vecinos Cuca y Piloto, recostando cuidadosamente el palo sobre las tablas ya descoloridas por el paso de los huracanes. Manuel llevaba y vendía de todo lo habido y por haber en sus cestas. Era un espejismo asiático en medio de la colina cubana, la viva imagen de la libre circulación de los hombres en esta tierra compartida. Llegó a Cuba para quedarse como tantos cubanos se iban para siempre, en un torrente humano que trascendía las ideologías. Parte inseparable del banquito en el portal era Toña, cuando no estaba  sentada en la salita, siempre con su pierna cruzada, recostada a un brazo del sillón, con una sonrisa que era amor puro de absoluta Alma Mater, y un cigarrillo que sólo se apagaba cuando encendía otro. Ramón Velázquez, Mongo, torcía sus puros cuando no mascaba la hoja, tradición muy villareña, con tabaco de tripa que él mismo se procuraba en las escogidas de nuestro pueblo, y allí, balanceándose suavemente, con la paciencia de la sabiduría de los años vividos, fumaba uno tras otro, los puros que él mismo torcía sobre la mesa del comedor que conducía hasta la cocinita del fondo. Deysi fue desde muy joven ejemplo de laboriosidad incansable. Cierro los ojos y la veo sentada los domingos en el portal, con su mesita de manicure, rodeada de las chicas de La Loma: Carmita, Yayo, Mary, Clara, Cuca, Aurelita, Panchita, Fefa, Milo, Hito, Pichín, Rina, Luisa, en fin toda el alma joven que colmó de alegría La Loma, esperando su turno para embellecer sus manos. Se casó con Rolando Vázquez, Vitea, y de esta feliz unión nacieron Odalys y Rolando, dos primores de niños. Ya desde que la vio nacer, mi prima Aurelita sintió un cariño muy especial por aquella bellísima criatura que fue Odalys, y así se convirtió en su madrina. Los ojos de Rolandito fueron a parar a los de nuestra querida Zenaida Blanco, que tejía incansablemente kilómetros de estambre mientras jugaba y conversaba con aquella criatura que la adoraba – no creo que haya existido jamás alguien capaz de trabajar las dos agujas a tal velocidad y con tanta maestría -. Todos sabíamos que se marchaban también del país para siempre, y nos preguntábamos qué sucedería cuando Rolandito y Zenaida se separaran para siempre. Al final de sus días, Zenaida se despidió del mundo en su Palacio del Comején, como ella cariñosamente llamó a su casa en la calle General Naya. 

Como cada año la llegaba de septiembre y la vuelta a las aulas en La Habana me separaba una vez más de nuestro pueblo y de tanta gente sin saber las volvería a ver ni cómo ni dónde. Una noche estábamos sentados en el portal de mi abuela Aurelia, en Leoncio Vidal 98, y vi bajar a Cozón con Yayo, eran casi las diez de la noche y ya el tren de Sagua había pasado hacia Caibarién. Yayo entró a despedirse de mi abuela Aurelia pues se iba ya para siempre. Nunca supe exactamente cuándo se fueron Deysi,  Vitea y sus niños. Un día de junio al regresar a mi “aldea”, encontré la casa de Monga más vacía. Allí estaba mi amiga con Toña, balancéandose junto a su cigarrillo, contándome que los demás se habían ido. Un suspiro profundo sacudió el rostro de Toña cuajado de arrugas, se puso de pie y me trajo, como siempre, una tacita de café de bienvenida, del que le habían traído de Remedios. ¿Cómo olvidar la amabilidad de estos gestos en medio de la humildad y la decencia más profundas?

Los ojitos de Toña recuperaban su brillo de antaño al verme regresar cada mes de junio apenas cerraban las aulas en La Habana. Y entonces comenzaba Monga a interrogarme, literalmente, sobre “qué estaba haciendo” y “qué estaba estudiando”. Monga disfrutaba en carne propia todo lo que le contaba. Su interés por saberlo todo iba creciendo día a día. Recuerdo una noche a Esther Policart, en presencia de su madre y su hermano Jaime, explicando unos versículos del Apocalipsis de San Juan a mi prima Aurelita y a ella en su casa situada entre el Cine Teatro Muñiz y el  Super Bar – un verdadero oasis de helados hechos con frutas frescas. ¡Qué curioso, las tres estaban vestidas de verde, sobre todo Esther, que lucía aquel color en todo su vestido, en cambio, Aurelita y Monga vestían dos faldas verdes con sus blusas blancas! No sé si fue coincidencia o la mano de Dios diciéndoles que a pesar de todo lo que sucediera, siempre había que tener esperanza! Años más tarde me llegó la noticia de que los Policart habían logrado salir de Cuba con rumbo a Panamá.

Monga adoraba el cine, prácticamente no había película, ya fuera de Hollywood o de la nueva presencia de Sovexportfilm en las pantallas cubanas que no hubiera visto en los cines Muñiz y Rotella, no había matinée dominical en que no estuviera. Delia y Sofía, las Parras, allá en el cine Rotella junto a la excavación, sabían perfectamente que Monga no podía vivir sin el cine, y ya Aurelita, ella y yo entrábamos noche por noche gratis, sentándonos en las últimas filas a la izquierda, apenas se entraba en la sala.

Fue un alma libre que no soportaba imposiciones de ningún tipo. Su entusiasmo innato y contagioso no conocía ni cuerdas, ni alambres de púas ni fronteras imaginarias por insalvables que parecieran; nació libre y luchó a capa y espada por vivir a su manera. Un día le traduje la letra de la bellísima canción My Way[4][4] y  me dijo: ¡Esa soy yo!  No había carnaval de agosto en que no  bajara con nosotros disfrazada como “mascarita” desde la glorieta del parque hasta el final de la “trocha” llegando a la línea del tren en el barrio de San José, casi hasta Tercera del Oeste. En “algo” lográbamos llegar a Patio Club, o con los zapatos en la mano para salvar el fango del tramo final del camino hasta Piscina Club. Con ella fuimos a las parrandas de todos los pueblos cercanos de la comarca, encontráramos lo que encontráramos para ir, pues lo importante era eso: ir, ver las fiestas de Remedios, de Vueltas y de Caibarién. Fue cómplice de nuestras aventuras, la inseparable, la incansable, la que corrió con nosotros “pidiendo botella” tras los camiones de “Recursos Hidráulicos” para lograr llegar hasta la playa de Caibarién. Fue con quien tomábamos por asalto los trenes “lecheros” de Sagua a Caibarién, siempre buscando el mar, los espacios libres, y si no lo lográbamos entonces nos bastaba el agua cristalina del río Camajuaní al cual bajábamos por el “palmar de la coja”, o en la famosa Poza del Níspero, más allá de la casa de Milagros. Sólo el Gran Antonio Cabrera, con una vida consagrada a la tradición parrandera, podía comprender su pasión por “nuestras carrozas”.  La casa de los trabajos de Los Chivos situada en la antigua escogida, jamás habría subsistido sin Monga y su carisma durante los durísimos años del llamado Período Especial en Tiempos de Paz de los años 90. Era ella la que no tenía hora para terminar de trabajar, de pintar, de inventar con nada de nada, de recortar y montar bambalinas.  

Un día de la década del sesenta supe que la intolerancia en que vivíamos había sido implacable con ella. No había espacio para alguien que no se comportara a tono con los “cánones establecidos” y terminaron por enviarla a una granja de Corralillo para su “rehabilitación”. Por suerte aquello duró poco tiempo y al regresar en el verano la volví a encontrar en su casa, impaciente porque le contara todo lo que podía sobre la vida en La Habana – que para ella era el universo imaginable -  y lo que yo hacía en la escuela. Llegó hasta mí la feliz noticia de que la Gracia de Dios la había premiado con el mayor de los regalos: nuestra amiga sería madre, y así fue. Cuando llegué a Camajuaní me apresuré a ir a conocer a Silvia, su más preciado tesoro. Había acabado de bañarla en su habitación. Me dijo textualmente: “¡Mira Juan, mira qué linda es mi niña!”. Recuerdo su ternura maternal al presentármela sobre su cama. En 1978 estuve por primera vez en Alemania y me vi en el museo Zwinger de Dresde ante la obra maestra de Rafael: la Madonna Sixtina, creada por el Maestro entre 1514 y 1515. Silvia era el tercer ángel que faltaba en aquella maravilla del arte universal.   

Llegó 1980 y con él también un acontecimiento que sacudió la historia de Cuba en la segunda mitad del siglo XX: el éxodo masivo del puerto del Mariel. Miles y miles de personas salieron de Cuba hacia los Estados Unidos, y entre ellas, también se fue Silvia.

Monga y Toña se presentaron ante mí, nuevamente, sentadas en sus sillones entre un cigarrillo y otro, con una lágrima que no dejaba de cubrir sus rostros. Permanecí en silencio, sin preguntar nada. Monga me confesó que no quería para su niña “ni lo que ya había vivido, ni lo que había dejado de vivir”. Sus palabras eran y son la divisa de miles de personas desaparecidas o por desaparecer en el mar por más de medio siglo en el Estrecho de la Florida en cuanta cosa pueda flotar: el deseo de descubrir lo que no hemos podido ver con nuestros ojos, pensar con nuestros cerebros, oír con nuestros oídos y tocar con nuestras manos. 

 Llegaron los años del tercer milenio y con ellos el pasaje de nuestra amiga hacia la Casa del Señor. Nadie merece tanto dolor y mucho menos ella. Carli Catoira logró visitarla dos días antes de que sus días terminaran en La Loma. Antes de despedirse, le susurró al oído que siempre la habíamos querido mucho. Con ella se fue un ángel de la alegría. Un sueño me sigue en Europa: volver a vivir en La Loma los tiempos que dejamos atrás, aunque sé que las segundas versiones nunca fueron buenas y que es mejor guardar el recuerdo de como fue antes que defraudar el corazón y sus esperanzas.

LO INDESCIFRABLE

Ischia, 2009

 

La vida es  un devenir

indescifrable, incognoscible;

el tiempo, innombrable,

se lleva en su fugacidad

el espejismo de la vida

que en vano tratamos de atrapar.

 

Y al final aquí estamos, eso pensamos,

como allá estuvimos creyendo ser partícipes

de la gran imagen virtual, fugaz, total y mordaz,

que arrastra, implica, envuelve y compromete,

con su fuerza de huracán insaciable.

Todo lo pide a cambio en su voracidad inusitada,

pues todo se va en el tránsito de una existencia arrolladora.”

Querida Ofelia, así termina el homenaje de Juan Alberto a dos personas inolvidables que formaron parte de nuestras vidas en el terruño camajuanense. Te ruego que lo hagas a llegar a nuestros amigos y familiares de Camajuani que las conocieron.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández 

[1][1] Barrio del pueblo de Camajuaní en la provincia de Villa Clara, Cuba

[2] Rebautizado “José María Pérez” en los años sesenta en Cuba

[3] Período de 4 a 6 semanas en que todos los años las escuelas cubanas cierran para trasladarse a los campos a trabajar en la agricultura.

 [4] My Way, una de las canciones más famosas de todos los tiempos, escrita y cantada en francés por Claude François, traducida al inglés por Paul Anka y popularizada en el mundo por Frank Sinatra.


LAS MEMORIAS DE  MIGUEL GARCÍA DELGADO.

Entrañable Ofelia,

Hasta finales de 1958 en nuestro terruño camajuanense, mis héroes habían sido: Superman, Batman, Tarzán, Zorro, etc. Pero con la llegada de los barbudos al pueblo, mis héroes se convirtieron en personas de carne y hueso: Ramiro y Miguel entre otros, sustituyeron a los anteriores.

El papel de Miguel en los EE.UU. por medio de la organización de pic-nic gigantes, de las fiestas de San José del 19 de marzo, como en nuestro lejano pueblo, las carrozas de sapos y chivos, las parrandas, la recopilación de la Memoria de los camajuanenses a través de su revista y del Club de Camajuaní y tantas actividades más que harían la lista demasiado larga, serán reconocidas por el que escriba la historia del exilio camajuanense, a lo largo de este último medio siglo. No tengo temor a equivocarme al afirmar que nadie como Miguel García Delgado ha hecho tanto por unir a los camajuanenses de la diáspora esparcidos por el mundo.

Siempre que hemos ido a Mami nos ha abierto las puertas de su casa y nos ha brindado generosamente su servicio de guía. Hasta mi nuera franco alemana cuando  Miguel nos llevó en su coche a pasar un día juntos en Key West, me dijo: “es un hombre profundamente humano.”

Gracias Miguel por tu amistad. Te pedí el testimonio de tu vida de revolucionario y aquí la reproduzco.

 

Miguel-“el 8 de febrero del año 1959 todos los guerrilleros que habían formado las fuerzas del Segundo Frente Nacional del Escambray depusimos las armas en Cienfuegos. Los primeros que las  entregamos  fuimos: Eliope Paz, yo, Beraldo Salas y Elio Balmaseda. Todos éramos de la guerrilla de los camajuanenses que dirigían los capitanes Beraldo Salas y Ramiro Lorenzo. Como Ramiro pasaba el mayor tiempo en la Comandancia que radicaba en casa de doña Rosa, lo sustituía Salas y el segundo era yo. Cuando Ramiro volvía,  su segundo era Eliope Paz. Al terminar de desmovilizarnos de la guerra, Eliope, Elio, Salas y yo decidimos  partir a  reunirnos con nuestras respectivas  familias.

La primera acción del movimiento 26 de julio en Camajuaní tuvo lugar en el mes de febrero de 1957. Me encontraba en la tabaquería de Eliope Paz, en La Habana, lugar que visitaba habitualmente, ya que Eliope era un conocido rebelde contra  el dictador Batista. Fui a participar en varias manifestaciones de estudiantes universitarios invitado por  Eliope.

 

Un día  me preguntó:

 

-Miguelito, ¿por qué en nuestro pueblo no se oyen actos de resistencia contra el tirano?

 

- Sabes que existe el movimiento 26 de Julio y toda tu familia pertenece a él.

 

- ¿Por qué no vamos allá  y hacemos un acto de protesta?

 

 -Saldré para Camajuaní mañana mismo y hablaré con Carlos Gómez (que era el jefe del movimiento en Camajuaní).

 

Cuando hablé con Carlos, él estuvo de acuerdo y se lo hice saber a Eliope. Quedamos en que en marzo alrededor de las fiestas del 19 de marzo él viajaría a nuestro pueblo.

Yo sabía que Ramiro Lorenzo estaba también en nuestra posición contra la tiranía y lo fui a ver a casa de su tía, donde él vivía. Cuando toqué en  la puerta me recibió una joven que me deslumbró al instante. Ella sería el amor de mi vida y mi segunda esposa por 26 años.  Le conté a Ramiro lo que habíamos hablado con Carlos y  me dijo que buscara a otro para hacer juntos  el primer sabotaje en nuestro pueblo. Le dije también que el hermano de Benito Paz vendría desde La Habana y nosotros tres formaríamos el grupo.

Carlos  nos citó en la casa de Gerardito Paz y allí nos entregó dos bombas y nos dijo que las teníamos que poner en  el centro escolar  a las 8 en punto de la noche y la otra en el cine. Yo en mi vida había visto una bomba y la escondí bajo mi ropa. El objetivo no era herir o matar a alguien sino el hacer saber que existía un movimiento revolucionario en el pueblo,

Traté de ponerla  en escenario del cine pero no pude sacar las rejillas de la pared. Se acercaba la hora, miré a mi alrededor, a la  casa de la familia Palacio,  pensé que en un carro que allí había aparcado podría herir a alguien, tampoco en el restaurante del chino, entonces vi en la calle una pila de arena como de dos metros de altura, miré el reloj que Carlos me había dado y  faltaban unos minutos para la 8 de la noche; decidí que debajo de la pila de arena no le haría daño a nadie. La mecha era grande, la encendí y me fui caminando para el Café del Hotel Cosmopolita, me senté y pedí una cerveza. Por casualidad en la mesa contigua estaba el policía cuyo apodo era El Látigo Negro en una de sus borracheras. Casi inmediatamente  explotó la bomba y esa noche llovió arena sobre el mamoncillo y sus contornos.

Ramiro y Eliope trataron de darle candela al Centro Escolar pero la candela que ellos le dieron no prosperó y del centro nada más  que se quemaron  algunas cosas sin importancia.

Después de varios días Carlos  me dio la misma misión y fue un tremendo fracaso pues le di candela tres veces, primero en el Despalillo, seguí para la tienda de Las Tres Marías y tampoco explotó y por último fui al baño del Paradero de Trenes, la puse y tampoco explotó.  La volví a recoger y de ahí me fui a casa a dormir. Al  día siguiente la entregué a Carlos y él muy descontento me explicó: “cuando no funciona, olvídate de ella y déjala donde la pusiste.”

Acto seguido me dijo que el Movimiento provincial necesitaba voluntarios para una acción, Le afirmé que  podía contar conmigo. El día señalado se apareció Víctor Vázquez (Vitea). El cual dijo a Carlos que éramos  los únicos que se habían ofrecido para esa misión. Nos dio dinero para el pasaje y nos ordenó que teníamos que ir para Cienfuegos, a la fábrica de hielo,s de la familia Aragonés. Allí estábamos reunidos unos cincuenta  jóvenes provenientes de todos los municipios de la provincia. Después de esperar unas dos horas, vino un hombre como de unos treinta años y exclamó: “pueden regresar a sus pueblos y muchas gracias por haber venido.”

 Después  de transcurrido un tiempo, nos enteramos de que nos habían acuartelado en la fábrica de hielo para perpetrar un atentado contra Santiago Rey Perna,  Ministro de Gobernación que iba  frecuentemente a su pueblo para visitar a su familia.

En Camajuaní la policía y los cuerpos represivos cada vez que  suponían que los revolucionarios iban  a hacer algo, lo primero que hacían era lanzar una ola de represión contra  los más conocidos entre los que estaban contra el régimen de Batista. Primero era contra Raúl Hernández, Oberto Machado y Gilberto Sosa, después agregaron a la lista a Benito Paz, Jorge Piñón, Ramiro Lorenzo y otros muchos más. Por ese motivo, cada vez que el Movimiento 26 de Julio de Camajuaní tenía planeado algo, los primeros mencionados tenían que irse para otros pueblos y los segundos nos trasladábamos para La Habana.

Por ejemplo, Benito se hospedaba en casa de su hermano Eliope, Víctor Vázquez en casa de su hermana Hilda, Ramiro se trasladaba al apartamento que José Casanova (Cuqui) tenía en Regla, que por cierto era el lugar de reunión de los revolucionarios camajuanenses. Jorge Piñón  no tenía familiares en la capital, por lo cual se escondía en casa de mis tíos Eloy y Consuelo, que era mi casa en la Habana. Cuando disminuía la represión en nuestro pueblo, todos regresaban discretamente a seguir la lucha contra el tirano. Terminé por alzarme en las lomas del Escambray con un grupo de mis amigos, formando parte del Segundo Frente Nacional, donde permanecimos todo el año1958 hasta que triunfamos.

Cuando nos dimos de baja del ejército Rebelde en la ciudad de Cienfuegos, los miembros del Segundo Frente nos dirigimos a nuestros pueblos. Cuando  llegué a Camajuaní había tremendos problemas por ocupar las distintas plazas de trabajo. Fue en ese momento en el que se me apareció en casa Carlos Martínez que era coordinador  de sabotajes del Movimiento 26 de julio al que yo siempre pertenecí. Me pidió que me pusiera al mando de la Policía Nacional Revolucionaria  y que restableciera el orden en  el pueblo. AL principio no acepté, pero por la insistencia de Eliope Paz y Carlos Gómez acepté, pero con la condición de serlo solamente por un mes. El comandante de la provincia vino a Camajuaní y me pidió que me quedara en ese puesto. Después  me trasladó para Placetas, que era la capitanía aduciendo que yo tenía que ocupar ese puesto  dado mi expediente revolucionario. Cuando proclamaron a la ciudad de Trinidad ciudad muerta con una huelga, el comandante me llamó y me dijo que el único que le podía ayudar era yo, ya que había esta alzado en esa zona  y hacia allí me envió.

¡Y empezó la infiltración comunista!

 Estando en la capitanía de Trinidad un día a principio del 1960 me fue a ver el director de correos de la provincia de Las Villas y me dijo:

 

-Miguel tengo entendido que tú conoces a los rebeldes que se alzaron de en esa zona y necesito que me digas a quién puedo nombrar como administrador del correo de Trinidad, pero  tiene que pertenecer al Movimiento 26 de julio o al P.S.P. (Partido comunista). 

 

- Eso aquí  no funciona- le afirmé- porque aquí el M-26-7  fue casi inexistente y los comunistas no lucharon contra Batista. Aquí la mayoría eran del D.R. o del Segundo Frente del Escambray.

 

-Del Segundo Frente no.

 

- Bueno búsquelo usted.

 

A los pocos días fue nombrado el nuevo administrador de correos. Era un conocido comunista de Trinidad.

 En el mes de Octubre de 1960, al conocer la infiltración de los comunistas en todos los mandos municipales y militares, pedí mi baja de la Policía Nacional Revolucionaria, la cual se me concedió tres meses después. Ahí fue cuando empezó mi calvario, pues como ellos conocían que yo no era simpatizante de los comunistas, no me dieron trabajo y cada vez que había una movilización me iban a buscar y me encarcelaban. Fue esa la causa por la que intenté abandonar  clandestinamente mi país. Cuando en 1965 el presidente de los U.S.A, ofreció asilo a los cubanos que quisieran ir a vivir en tierras de Libertad, yo le escribí pidiéndolo el asilo político, el cual fue aceptado  y… pude viajar  a los EE.UU.

Llegué a Miami el 29 de Julio de 1966, me hospedé en un hotelito detrás del aeropuerto de Miami, al que los cubanos  llamábamos La Casa de La Libertad. Tenía terinta años y llegué con tres hijos de cinco, tres años y el más pequeño con sólo quince días de nacido. Yo no tenía oficio ni hablaba inglés. Me relocalizaron en un pueblo cerca de la ciudad de Boston en la península de Cape Corp.

Llegué a las cinco de la mañana y a las siete me pusieron a trabajar en una lavandería, vistiendo el mismo traje con el que hice el viaje desde Cuba. A las 5 p.m., cuando creía que regresaría a casa, mi cuñado me dijo que me tenía un part time. Yo no sabía lo que me quería decir, pero me llevó para un club y allí me puso a lavar platos hasta la una de la madrugada. Así fue todos los días hasta que en  diciembre de ese año 1966 mi mujer me dijo: ¡sácame de aquí o me vuelvo loca! Por esa razón vine a parar a Miami.

En Miami, trabajé en todo lo que se presentaba: como ayudante de camarero, pintor de brocha gorda, podador de árboles, camionero, repartidor de periódicos, limpié oficina y  aviones, fui sereno, trabajé en fábricas, puse antenas de t.v., taxista, etc.

 Regresé a los taxis y me retiré a los 65 años de edad. Como en la imprenta aprendí el único oficio que tengo, además de los conocimientos que adquirí en el giro de taxis, en el año 1990, ya  propietario de una imprenta, me dije: este es el momento de hacer el sueño de mi vida y me dediqué a editar una revista que hablara netamente de mi pueblo, de  Camajuaní. La sigo editando desde hace veinte años. Es la revista de todos los camajuanenses, los de aquí y los de allá, sin rencores hacia nadie.

 Puedo decir sin temor a equivocarme que yo, sin estudios ni oficio alguno, he podido en esta gran Nación que son los U.S.A. poder criar a cuatro hijos,  y dos nietos, gozando de plena Libertad y sin tener que hacer algo indebido. ¡El sueño americano yo lo pude lograr! Es por eso que aunque no soy rico, vivo decentemente en este gran país del cual poseo la ciudadanía. Y digo desde el fondo de mi corazón: God save América!”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


LA ESPLÉNDIDA FERRARA

 

Entrañable Ofelia,

Estoy aprovechando al máximo el tiempo para poder contarte sobre nuestras aventuras por estas lejanas tierras del Viejo Mundo, organizando mis apuntes, antes de salir de nuevo de viaje dentro de pocos días.

Pasamos el 27 de julio del año pasado visitando la bella ciudad de Ferrara, la que inmortalizó el gran Giorgio Bassani en su inolvidable libro Il Giardino dei Finzi Contini, basado en el cual Vittorio di Sica hizo un filme que ganó el Oscar como el mejor filme extranjero en 1970.

Como sabes, fue Lea Báculo, la madre italiana de mi amigo de adolescencia Umberto  (en italiano se escribe sin ache), quien me regaló ese libro cuando comencé a estudiar esa lengua en la Academia Abraham Lincoln. Fue el primer libro que leí en italiano. Durante el recorrido por Ferrara siempre la tuve presente, era como si Lea me hubiera acompañado por su ciudad natal.

Ferrara es una espléndida ciudad del Renacimiento  cuyo centro histórico aunque extenso, se puede recorrer a pie.

Fue un día muy intenso. Paseamos por las calles medievales de San Romano y Via delle Volte. Los arcos que cubren la calle, permitían a los comerciantes pasar de las tiendas a sus casas.

Il Duomo (la Catedral),  es de estilo románico-gótico lombardo. Entre las numerosas obras de arte que posee se pueden admirar :  El martirio de San Lorenzo del Guercino, El Juicio Final del Bastianino y dos estatuas de bronce del siglo XV que representan a San Jorge y San Maurelio.

En la preciosa Palazzina di Marfisa d’Este, fue donde Torquato Tasso  escribió La Gerusalemme Liberata,  obra en la cual narra la toma de la Ciudad Santa por los cristianos y los amores entre Rinaldo y Armida.  Los últimos años de vida del celebérrimo escritor fueron acompañados por crisis de locuras, lo cual lo condujo a ser internado en un manicomio.

 El refinamiento de la decoración interior del palacete, los frescos de los techos y los muebles  de los siglos XVI y XVII, crean un ambiente extraordinario.

Desde el jardín se llega a la Loggia degli Aranci, la cual está pintada con frescos como una pérgola llena de vida vegetal y animal.

Il Palazzo dei Diamanti, se llama así gracias a los 8 500 “diamantes” de piedra que cubren su fachada. En él se encuentra La Pinacoteca Nazionale, donde cientos de obras de arte pueden satisfacer hasta al más exigente visitante: Cosmè Tura, Carpaccio, Ortolano, Garofalo, etc.

En el bellísimo Palazzo Schifanoia se pueden admirar frescos del renacimiento de gran valor, que representan los meses del año. En el palacio se encuentra Il Museo Civico di Arte Antica, donde se muestran las colecciones arqueológicas, medallas, bronces, esculturas de madera y marfil, etc.

En su jardín  hay una curiosa cafetería en una cabaña. Sobre uno de sus bancos, una mano anónima había escrito: “Le arti conducono al regno della felicità, al vero amore.”(Las artes conducen al reino de la felicidad, al verdadero amor).

Terminamos el recorrido extenuados por el calor de +37° C. en La Casa di Ludovico Ariosto.

Ludovico Ariosto (1474-1533) en su célebre obra “Orlando Furioso”, tomó como pretexto los amores de Orlando y Angélica  para dar rienda suelta a su imaginación desbordante. Es una casa de dos plantas  de dimensiones humanas, cubierta por ladrillos, con un pequeño jardín. En ella existe una biblioteca y se pueden admirar valiosos muebles y objetos de la vida cotidiana de Ferrara de la época en que el gran escritor vivió. Un bello busto que lo representa trona en un salón.

Es menester destacar la gentileza del personal de todos los museos, su disponibilidad y cortesía. Algo muy raro de encontrar en otros países donde parece que los empleados han cometido delitos y los han condenado a trabajar en esos lugares.

 Regresamos de noche a Boloña, pues ya todos los museos cerraban. Sólo sentimos no haber tenido tiempo para visitar  el imponente Castillo Estense donde se encuentra la famosa Cappella Ducale. Pero bueno, es una excelente excusa para poder volver algún día a Ferrara.

Un gran abrazo desde esta Vieja Europa llena de encanto,

Félix José Hernández.


TESTIMONIO DE MILAGROS SOBRE LOS SUCESOS DE LA EMBAJADA DE EL PERÚ  EN 1980.

 

Entrañable   Ofelia,

cuando nos enteramos de que en los jardines de la Embajada de El Perú en San Cristóbal de La Habana estaban mi primo Luis con su señora y sus dos hijos. Además, de la familia de mi mujer se encontraban su tío Pillo con la señora y los cinco hijos, su tía Concha con su marido, dos hijos, uno de ellos (Papito) con su mujer y cuñado, en total 17 personas, decidimos mi esposa y yo intentarlo.

Llenamos una bolsa de playa de ropa y comida para nuestro niño de 4 años. Pero ni acercarnos a la Embajada pudimos. A tres cuadras de ella, por la Quinta Avenida, todo estaba bloqueado.

Mi primo Luis con su familia, así como Pillo, su esposa y cuatro de sus hijos, fueron enviados hacia los U.S.A. Al quinto hijo lo enviaron por años a la cárcel de Taco Taco.

Concha y su esposo fueron hacia El Perú, mientras que sus hijos, su nuera Milagros y el hermano de ésta  hacia Madrid. Unos años después lograron reunirse de nuevo  en Miami. Sólo un año después, mi esposa, mi hijo y yo partimos hacia Francia.

Todos eran personas honestas, educadas, trabajadoras, cubanos de los cuales nuestra Patria puede sentirse orgullosa. Pero todos fueron  tratados por la plebe intransigente comunista de: escorias, vende Patrias, gusanos, gentuza, etc. Sin embargo valió la pena, hoy día ellos y nosotros  somos hombres y mujeres Libres.

Nuestra querida Milagros, la que nos hospedó tantas Navidades en Madrid y con la que compartimos junto a Papito, sus hijos Kike y Yoly, suegros y cuñados en cada viaje a Miami, aceptó darme su testimonio sobre aquellos días y aquí te lo envío.
Milagros- “En la mañana del 4 de junio de 1980, estábamos en casa de mi  esposo Papito. En ese momento llegó su tío materno Pillo muy preocupado, ya que se había acabado de enterar de que habían retirado los guardias  que custodiaban la Embajada de El Perú. Como su hijo Miguelito no había dormido en casa esa noche, él temía que el chico hubiera intentado introducirse en la Embajada.

Pillo había enviado a Alfredo, otro de sus hijos a averiguar, pero éste tampoco había regresado. Tomó entonces la decisión de ir con su esposa Delfina y sus otros tres vástagos. Si sus dos primeros  habían logrado entrar, él también lo haría con el resto de la familia.

Cuando Pillo se fue, nos quedamos comentando con mis suegros lo que estaba pasando. Yo le dije a Papito (Enrique), que nosotros también deberíamos ir a ver si nos podíamos meter. Fuimos a casa y pusimos en una bolsa alguna ropa y una lata de leche condensada. Seguimos a ver a mis padres y les contamos la decisión que habíamos tomado. Mi padre me dijo: ‘estas casada desde hace cinco meses y lo que ustedes decidan hacer, nosotros lo apoyaremos.’

Ellos hubieran querido partir con nosotros, como lo hizo mi hermano Chicho, pero como mi hermano Omar estaba preso por haberse escapado de la Unidad Militar en la que  estaba cumpliendo los tres años del S.M.O., decidieron quedarse y no intentar la fuga hacia la Libertad.

Cuando llegamos a la Embajada, vimos como la gente saltaba la cerca para entrar. No había policías y todo al exterior parecía “normal”. Decidimos escalar el muro. Los que ya estaban dentro del jardín nos ayudaron a bajar del lado de ellos, porque el muro era un poco alto. Paseamos por los jardines, porque a la casa no se podía entrar, en ella estaban sólo los que habían logrado entrar al lanzar el autobús que había roto la garita.

Recuerdo que nos sentamos en unos bancos de cemento muy bonitos. Fueron pasando las horas y estábamos acomodados sobre el césped y comentábamos lo fácil que había sido todo. En ese momento escuchamos gritos y ruidos de cristales rotos y vimos a una verdadera ola humana que invadía todo el jardín.

Nos pusimos de pie cuando la gente comenzó a gritar que nos estaban tirando piedras, pomos y botellas desde la calle. Miré a mi alrededor y me percaté de la enorme cantidad de personas que había entrado. Casi no podíamos movernos. En cierto momento levanté un poco la pierna y después no podía apoyarla por no encontrar el espacio necesario en el suelo. Sentí un gran pánico y le dije a Papito que era mejor volver a casa. Él me preguntó  si me había vuelto loca; me aseguró de que ya no había marcha atrás.

Él  sabía que ya habían  hecho un cordón de policías alrededor de la sede diplomática. A cada rato se escuchaban gritos y disparos. Yo estaba aterrada, pero ya no decía nada. Fueron pasando las horas y vimos a muchos jóvenes que se encaramaban en los árboles y sobre el techo de la mansión. De esa forma logramos encontrar el mínimo espacio donde poder sentarnos.

Al amanecer nos asombramos de la muchedumbre que ocupaba cada centímetro cuadrado de espacio vital. Mucho después conoceríamos que habíamos sido más de 14 000 personas.

En esas condiciones pasamos once días.  Comíamos las hojas de los árboles, las cáscaras de las papas,  lo que encontráramos. Gracias a un pequeño radio portátil de pilas que tenía una persona, nos enteramos de que la Cruz Roja Internacional quería ayudarnos,  pero que el Líder Máximo no lo había aceptado.

De pronto llegaron unos camiones y comenzaron a bajar cajas que parecían de comida. Alguien comenzó a organizar las colas dentro del jardín dando la prioridad a los  niños y después a los ancianos y mujeres.

Pero los que estaban repartiendo las cajitas de comida empezaron a lanzárnoslas como si fuéramos perros. La gente comenzó a fajarse por la comida. Ese era el espectáculo que ellos querían para filmarlo y desinformar al mundo, haciendo creer que éramos salvajes. Allí había niños que no comían desde hacía días. ¡Podrás imaginar lo que era capaz de hacer un padre por conseguir una de aquellas cajitas! 
 Después de once días  ya no podía más y le dije a Papito que yo saldría aunque me mataran y entonces decidimos salir juntos. Habíamos escuchado por La Voz de las Américas que varios países estaban dispuestos a darnos visas.
Cuando salimos de la Embajada, nos encontramos con un puesto de la Cruz Roja donde nos dieron un yogurt y un panque. Nos tomamos el yogurt pero el panque no pasaba, nos era imposible tragarlo.

Después nos mandaron a una mesa donde habían varios militares sentados. Allí nos preguntaron si todavía teníamos idea de marcharnos del país y nuestras profesiones. Yo era graduada del Instituto de Idiomas Máximo Gorki y Papito era supervisor regional de Sanidad.
Cuando les respondimos que sí queríamos irnos, nos mandaron a subir a una guagua, la cual nos llevó hasta el Club de los Militares (El Fontán). Allí nos hicieron los pasaportes y nos mandaron para la casa con un salvo conducto. Cuando salimos todos nos miraban, pues estábamos sucios y desgreñados y los hombres barbudos sin afeitarse después de tantos días. Al fin llegamos a la casa donde nos pudimos bañar y comer algo. Intentamos dormir pero no podíamos cerrar los ojos. Cada vez que lo hacíamos escuchábamos el alto parlante que nos tenían puesto todo el día y la noche, incitándonos a salir de la embajada.
Estuvimos como dos semanas en la casa, hasta que un día llegó una moto que nos vino a dar la dirección del lugar  donde teníamos que presentarnos. Le preguntamos al militar que a dónde iríamos y no nos contestó. Mi padre nos llevó en su automóvil y supimos entonces que era la Embajada de España. Cuando llegamos estaba rodeada por turbas enardecidas con carteles ofensivos, con palos, piedras y cartones de huevos. Nosotros estábamos en la cola para entrar en la embajada, éramos  unas 400 personas y teníamos que entrar en pequeños grupos. Llegó el momento en que nos íbamos acercando a la puerta, y ahí empezaban los gritos, nos tiraban huevos y papas. Hasta que al fin pudimos entrar. Allí nos tuvimos que limpiar un poco pues estábamos sucios a causa de los huevos. Cuando nos dieron las visas, nos enteramos de que nos iríamos al día siguiente.

Cuando salimos de la embajada, el cónsul empezó a sacarnos poco a poco y el iba en el grupo para que no nos pegaran. Nos montamos en la primera guagua que pasó sin mirar para dónde iba, después nos bajamos y pudimos coger un taxi para casa. Cuando llegamos, mis padres estaban desesperados, mi madre lloraba y mi padre que había visto como estaba todo fuera de la embajada había estado muy preocupado, y hasta había temido hasta por nuestras vidas.
Al  día siguiente salimos para el aeropuerto y allí estaban también las turbas. Logramos entrar, después de muchas humillaciones. Una vez dentro los de la aduana nos separaron a los hombres de las mujeres para registrarnos. Las mujeres  policías nos hicieron desnudar para revisarnos hasta por nuestras partes íntimas. Todo era para humillarnos y hacernos sentir como delincuentes. Cuando subimos al avión  después de unas interminables ocho horas, todos estábamos llorando a causa de  las humillaciones y del miedo. El cónsul español subió al avión y nos dijo que ya estábamos a salvo que estábamos protegidos por el gobierno español y  en Libertad. Empezamos a aplaudir y seguimos llorando pero de emoción. Nunca olvidaré lo que sentí en ese momento.
Llegamos a España donde nos acogieron como refugiados políticos y gracias a Dios todo cambió para nosotros. Aprendimos a vivir en libertad y en la democracia. Allí nacieron mis hijos Carlos y Yolanda a los cuales desde pequeños siempre les hemos contado lo que pasamos a causa de esa dictadura comunista. Siempre he dicho que mis hijos podrían tener  las ideas  que quisieran menos las comunistas. Que jamás serían embaucados por falta de información.

En España vivimos catorce años, los mejores años de nuestra juventud. Siempre estaremos agradecidos al país que nos acogió, al cual amamos infinitamente. Pero un día mi hijo me preguntó: ¿Mami, nosotros no tenemos pueblo? ¿Por qué mis amiguitos siempre se van al pueblo los fines de semanas y nosotros no?

Decidimos marcharnos a vivir a Miami, porque al venir a visitar a mis suegros y cuñados, me sentí como si hubiera regresado a Cuba de nuevo, a la Cuba con la que soñamos, libre y próspera, donde me encontré con muchos familiares y amigos de infancia. En Miami iba a una cafetería y encontraba los pastelitos de guayaba y veía un cartel que decía "Café Cubano" y donde tenía el mar tan cerca..y sólo distaba  90 millas hasta mi verdadera tierra. Miami era lo más cerca que pude llamar "pueblo", donde mis hijos tenían a sus abuelos, tíos y primos.
Hogaño mis hijos son bilingües, hablan el español y el inglés perfectamente y aunque no se sienten americanos, Sí se sienten cubanos y orgullosos de ello. Mi hija estudio Marketing y Publicidad y mi hijo Administración de Negocio. Tienen una vida próspera y son LI
¿Nuestro objetivo? ¡Ha sido cumplido!”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


EL PROVOCADOR DE NAUFRAGIOS

 Entrañable Ofelia,

Hay libros que te marcan, que cuando los terminas de leer respiras profundamente aliviado. Este que acabo de leer es uno de ellos.

Pjota Barvonic, alias El Genio de Albania, es un niño que nació en la extrema pobreza de los miserables barrios de chabolas de Albania en los años ochenta. Tanto él como sus hermanos más pequeños son sistemáticamente violados por el padre y por Vlatko, el hermano mayor  Su madre es una de las numerosas amantes de Razy, alias el León, el temible jefe de la mafia local que  controla el tráfico de drogas y la trata de blancas hacia Italia.

Las pruebas a las que es sometido el niño para poder entrar al servicio de Razy son dantescas. Las páginas de los túneles llenos de excrementos y ratas donde es encerrado y ve morir a una chica, son difíciles de soportar.

Pjota conserva escondidos en una gruta numerosos libros, con los que se cultiva como autodidacta, pues la escuela es un lujo que no le está permitido por los bajos fondos en los que le tocó nacer.

Poco a poco se convierte en el brazo derecho de Razy, el cual también lo escoge como esclavo sexual.

El chico es el mejor  en la técnica de hundir las lanchas rápidas cargadas de drogas o de chicas con dirección a Italia a través del Mar Adriático, de los mafiosos que no se quieren someter a Razy el León. Su fama de duro va creciendo cada día.

Pero el sueño de la Europa rica, que para él es Italia, lo hacen desertar bajo una lluvia de balas y logra llegar a las costas del Mundo Occidental. A partir de ese momento la novela conmueve profundamente, pues el chico se convertirá en un inmigrante ilegal, marginal que  roba y se prostituye para poder comer. Va a conocer el destino trágico de una serie de adolescentes que fueron secuestradas y vendidas a la mafia albanesa en Italia desde Nápoles a Milán, pasando por Roma. Las chicas son drogadas, golpeadas, están  enfermas y son obligadas a prostituirse. Las vidas de Blerina (con la que vivirá su primer amor), Anastasia, Angelina y Tania, prostituidas por la mafia nos hacen reflexionar a propósito del drama de la inmigración de miles de jóvenes proveniente de los países del este de Europa y de África.

Como bien escribe el autor en las notas después del final de  esta terrible novela: “La barbarie no es de otras  épocas. ¿Qué diferencias hay entre las esclavas del Imperio Romano y las nuevas esclavas de hoy día que provienen del este europeo?

¿Hay diferencias entre los esclavos de África que fueron conducidos encadenados a América y los que llegan ahora a Europa empujados por el hambre?”

El autor dedica su novela  “a los chicos y chicas de las tierras que van del Mar Adriático a los Montes Cárpatos y del río Vístula al Mar de Bering, que podrían haber aspirado a una vida normal, pero que han sido aspirados por la Europa Occidental, en un torbellino de violencia. Todos han sido víctimas, aunque no de la misma manera.”

Francesco de Filippo concluye con el siguiente párrafo: “pienso también en el otro itinerario perpendicular de dolor, que del corazón del África negra conduce a Europa. África es el continente donde desde hace demasiado tiempo se concentra el sufrimiento más profundo del planeta; suministrador de  esclavos, de recursos y de riquezas para  el Mundo Occidental, desde siempre continente mudo, sin voz. Cuando él habla, es el resto del mundo quien no tiene oídos.”

Francesco de Filippo nació en 1960 en Nápoles. Es periodista de la agencia ANSA y vive en Roma. Ha escrito tres novelas.

Si lo encuentro en español lo compraré y te lo enviaré por la vía que conoces.

Un gran abrazo de quien te quiere siempre,

Félix José Hernández.


EL TERCER LIBRO DEL PAPA 

Entrañable Ofelia,

¡Al fin una buena noticia! 

El conocido periodista italiano Ignazio Ingrao escribió en la célebre revista semanal de centro derecha Panorama, que el Papa  escribe  sin cesar. 

Su Santidad acabó hace poco el segundo tomo  del libro sobre  Jesús de Nazaret, dedicado a la vida, muerte y resurrección de Nuestro Señor. Pero, sorprendentemente, ya está escribiendo un nuevo libro sobre  la infancia de Cristo. Con la cantidad tan grande de actividades que realiza, yo me pregunto cómo puede encontrar el tiempo y la calma necesaria para dedicarse a escribir.

Su primer libro, fue publicado en abril de 2007, se trató de  la vida pública de Jesús.  Con el segundo debía  concluir sus trabajos literarios sobre el tema. Ahora el Papa ha decidido escribir un tercer tomo.

Quizás se produzca el milagro de que los jóvenes europeos vuelvan a asistir a misa, que hayan nuevas vocaciones religiosas, que La Piazza San Pietro se llene como en los buenos tiempos, que los fieles vuelvan a llenar las arcas del Vaticano con sus ofrendas, que no haya más escándalos de sacerdotes pedófilos, en fin… roguemos para que sus libros sean leídos por millones de personas, que los beneficios de las ventas vayan a los pobres, y que todo lo anterior se convierta en realidad.

Benedicto XVI rechazó la proposición de la casa editora italiana  Rizzoli, que publicó el primer volumen. Decidió hacerlo editar por la Librería Editrice Vaticana, la cual ya  está traduciendo el segundo volumen a diez lenguas, para lanzar las ventas por el mundo entero durante la Cuaresma  del 2011.

Y así van las cosas por estas lejanas tierras el Viejo Mundo.

Un gran abrazo,

Félix José Hernández. 


EL TESTIMONIO DE ILEANA DE LA GUARDIA

 Entrañable Ofelia,

Cada año, al final del curso universitario, paso a mis estudiantes de letras, muchos de los cuales cursarán posteriormente estudios de leyes, para convertirse en abogados o jueces,  la participación de Ileana de la Guardia en el programa cultural de Bernard  Pivot  Apostrophes, que es el más importante de la televisión  gala. Allí Ileana presentó su libro “Le Nom de mon père”. A continuación, les proyecto el excelente documental  “8A”, como ejemplo de lo que es un proceso estalinista puro y duro, pero que no se llevó a cabo en Moscú en los años treinta, sino en La Habana en 1989. El debate que sigue es siempre profundo y de gran calidad. Los jóvenes franceses reaccionan muy positivamente y me muestran su admiración por los condenados. Los chicos quedan fascinados por Ileana.

Es que sin lugar a dudas Ileana de la Guardia posee un refinamiento, una distinción y un cachet poco común. ¿Será la más parisina de las cubanas o la más cubana de las parisinas? Junto a su esposo, Jorge Masetti, forma una pareja símbolo de glamour. Alguien dijo: “el lujo se puede comprar, la elegancia no.” Pero no nos podemos equivocar, detrás de su elegancia material y espiritual se encuentra el carácter de una valiente mujer que sigue luchando contra vientos y mareas por el honor de su padre y la vida de su tío.

Como a otros grandes amigos, le pedí a Ileana su testimonio y aquí te lo envío. Te ruego que lo imprimas y lo hagas circular entre nuestros amigos y disidentes en San Cristóbal de La Habana de la forma que ya conoces.

Ileana-“Fue en el  verano del año 1989 cuando perdí  a mi padre Antonio de la Guardia, esta tristeza por la ausencia definitiva  de un  ser querido, se volvería a repetir al dejar a mi familia, cuando decidí con mi esposo Jorge Masetti abandonar a Cuba.  Vivir en mi país se había convertido en una angustia cotidiana.

Mi padre tenía 51 años al momento de su muerte, era un hombre de espíritu joven, pleno de vitalidad. Era artista y militar,  algo que dejaba ver ciertas contradicciones entre el hombre que servía a un régimen totalitario y el hombre creativo, libre; quizás fue  lo que lo llevó a morir condenado por traición a la Patria frente a un pelotón de fusilamiento.

Si bien mi relación con él se había desarrollado esporádicamente, pues desde el divorcio con mi madre no vivíamos juntos, a través de nuestros sucesivos veranos  pasados en el mar en un barco de vela,  aprendí  a apreciar  su compañía y a querer  a ese hombre generoso, lleno de afecto, que se convirtió en mi mejor amigo.

Fue detenido el 13 de junio, día de su cumple años y fue fusilado el 13 de julio, un mes después. ¿Pura coincidencia o simple cálculo macabro de Fidel Castro? Nunca lo sabré, pero poco importa. No me dejaron el tiempo necesario para una larga despedida, ni de una buena defensa jurídica, como existe en los países civilizados, donde la vida tiene su justo valor.

Con gran placer dos años después, al recibir mi carta de refugiada política en Francia, sentí  una gran alegría y comencé a recuperar la confianza en el ser humano, en el hombre que respeta la vida. Al fin podía vivir en un país donde la pena de muerte había sido abolida.  Francia se convirtió en mi nuevo hogar.  Y si me voy por un tiempo la añoranza me invade.

Las pinturas de mi padre me acompañan  como un sueño en colores, están en mi pequeño apartamento parisino, son un recuerdo nostálgico de mi país  y de mi familia. Mi abuela paterna murió en el año 2001, y como era católica, yo en París la recordé con una misa en la Iglesia Saint Severain. Ella era una señora pequeña, menuda, de temperamento alegre, que le gustaba cantar cuando se tomaba un Martini en los aperitivos que habitualmente hacían mis abuelos. No puedo decir que tuve una infancia difícil, ni triste. Crecí en una casa alegre, abierta a la calle, donde todo el mundo podía pasar en el día sin avisar. Era una casa muy grande, con amplias ventanas cerca del mar, construida por mi abuelo en los años cuarenta.  Cuando había mal tiempo, el mar agitado podía escucharse en ella y por donde pasabas el dedo palpabas  la sal. Había una gran biblioteca con libros antiguos, con fotos de otros tiempos.  Mi abuela conservaba grandes cajas con viejos objetos de plata y manteles de hilo, que ella se empeñaba en limpiar y utilizar en nuestros almuerzos  dominicales.

Recuerdo las dos semanas antes de mi partida con una gran tristeza, mi tío Patricio, el hermano gemelo de mi padre, estaba en encarcelado, condenado en el mismo juicio que mi padre, sin defensa, ni posible puesta en tela de juicio de su condena. Él  había sido militar. Sólo le dejaron los pinceles para soportar su difícil condena, pues él también amaba y ama la pintura. Hoy gracias a su arte, pinta uno bellos paisajes, muchas veces con un elefante solitario en la sabana africana, simbólico contenido después de lo vivido.

Mi tío, junto al general Ochoa había vivido la guerra de Angola, él era el jefe de la información militar y al inicio del año 1989 había dicho a Fidel Castro: “ésto es un problema de los angolanos, nosotros somos percibidos como un ejército de intervención” Había insistido para ir a las negociaciones de paz y retirar las tropas cubanas.  A Castro  no le gustó que le dijeran lo que había que hacer, como tampoco le gustó que Ochoa lo percibiera como un loco y todavía menos, que lo dijera en alta voz y lo compartiera en sus reuniones con mi tío y  mi padre , que eran  amigos suyos.

Cuando el juicio comenzó contra ellos, nadie sabía muy bien de qué serían acusados. Sólo el titular de un artículo en el Granma (órgano oficial del partido comunista cubano), me dio un mal presentimiento, el mismo decía:

“Lavaremos con sangre esta traición a la Patria”, es decir que, la sentencia ya estaba dictada. También avanzaban la condena por tráfico de drogas hacia los Estados Unidos.  Yo conociendo la ética de mi padre y mi tío, me parecía que alguien me contaba una mala película inventada por el régimen para deshacerse de ellos. Además que objetivamente veía muy difícil de explicar, cómo Ochoa podía participar en un tráfico de droga desde Cuba hacia Estados Unidos, si él estaba dirigiendo las tropas cubanas en África junto a mi tío. Mi padre por su parte, dirigía un servicio del Ministerio del Interior, llamado M.C., que había sido creado para contornar el embargo americano y  buscar material médico entre otros que Cuba no podía procurarse por vías legales. Yo sabía que los grandes aparatos de IRM que tenían algunos hospitales cubanos era  gracias al servicio del M.C. Éste los había sacado de los Estados Unidos por medio de  lancheros que vivían en Miami.

Los lancheros estaban mezclados a tráficos ilegales, por supuesto que no eran hombres de negocios legales. Esos lancheros pidieron favores a cambio, como recibir ayuda logística en las aguas territoriales cubanas y por supuesto, el gobierno dio la luz verde y el departamento de mi padre debía ocuparse de abastecerlos de combustible, agua, etc. Estas lanchas debían quedarse en  mar afuera y no tocar tierra. Como estos hombres eran vigilados por la D.E.A., algunos fueron detenidos y los servicios americanos supieron que la oficialidad cubana estaba en contacto con ellos, por lo cual  decidieron hacerlo público para condenar al régimen cubano. Fidel se les adelantó y sacrificó a mi padre y  se deshizo de Ochoa:  un peligro político menos.

Vivo en París desde hace 19 años. Soy sensible a los problemas de Francia. Mi hijo nació en esta ciudad hace 12 años. Cuando mi familia y yo recibimos la nacionalidad francesa en junio del 2010, sentí una gran tranquilidad, pues por fin mi país de residencia, sería oficialmente para siempre mi país adoptivo.  Y en mi viejo apartamento del barrio latino contemplé el patio florecido de hortensias y jazmines. Me puse a leer de nuevo  el libro que mi padre me había ofrecido cuando era adolescente, éste se llama Juan Sebastián Gaviota y cuenta la historia de una gaviota que es rechazada por el grupo por volar más alto que las otras y ser diferente. Lindo mensaje contradictorio  con la realidad de una joven que debía seguir el dictamen de la juventud comunista. En realidad creo que mi padre ya en aquel momento creía en la capacidad del hombre que ha de  ser libre y diferente de los otros. Quizás esto me dio la fuerza para irme de Cuba y rehacer mi vida. 

Hoy sólo me queda la esperanza de poder regresar un día a mi Cuba, entrar a la casa de mi infancia, ir  al mar con mi madre, acompañar a mi tío mientras  pinta uno de sus cuadros y… a pesar de mis tristes recuerdos, pasear por  La Habana con una nueva mirada. Sé que sólo verdaderos cambios en la política del régimen me permitirían regresar.”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Le nom de mon père.

 Ileana de la Guardia

Editions Denoël

308 páginas

ISBN: 2-207-25057.1

 


FRANCIS BACON

Entrañable Ofelia,

Este año se cumple el centenario del nacimiento en Dublín de  Francis Bacon, por tal motivo,   los museos más importantes del mundo rinden homenaje al célebre pintor: El Prado de Madrid, la Tate de Londres, el Palacio Real de Milán, el  Metropolitan de New York, La Galleria Borghese  de Roma, etc.

Bacon estudiaba la descomposición de la forma humana y lograba sacar lo podrido de la vida. Fue un genio de lo sucio y lo sórdido. Fue un maestro en mostrar desesperación de la vida, admiraba lo podrido y la descomposición del cuerpo humano a través del dolor y el placer.

Parece que su deseo más  macabro lo llevó a cabo al pedirle a su fiel  cantinero la del  Colony Club Room, al cual iba a menudo a emborracharse: “cuando me muera méteme en un saco y tirarme a la alcantarilla ". Pero cuando  Bacon falleció en 1992 en Madrid, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas enviadas a Londres. Nadie sabe donde se encuentran hoy día.

Cuentan que de niño cuando su padre lo castigaba, lo encerraba en el sótano de la casa y lo azotaba. De joven Bacon buscaba a sus amores entre los chicos del subproletariado urbano  en el East End de Londres. Allí conoció al hombre de su vida, George Dyer, mientras éste le estaba desvalijando su casa. Dyer se suicidó en un hotel parisino  en 1971, la noche de la inauguración  de la primera gran retrospectiva de Francis Bacon en Francia.

Tras el suicidio de Dyer, Bacon reemplazó al ladrón por el analfabeto John Edwards, barman de un sórdido pub  que  se convertiría no sólo el tema de muchos de sus cuadros, sino también en su heredero. Según Edwards, que murió en 2003 a los  53 años en Bangkok, su  relación con Bacon nunca fue sexual, sino como la que existe entre un padre y un hijo. Pero  el propio pintor había declarado que  de niño su padre le atraía sexualmente y que  fue por esa razón que lo expulsó de casa.

Edwards donó todo el contenido del caótico atelier de Bacon  a la Hugh Lane Gallery de Dublín, la  cual lo reconstruyó idénticamente.

Bacon no dejaba indiferente a nadie , era  amado u odiado.  Margaret Thatcher despectivamente lo llamó: "un hombre que pinta lo monstruoso."

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández


Miralda. De gustibus non disputandum

 Entrañable Ofelia,

 

El Museo Reina Sofía presenta la primera gran retrospectiva de Antoni Miralda (Tarrasa, Barcelona, 1942) en el Palacio de Velázquez que, cerrado desde 2005, abre de nuevo sus puertas al público después de las reformas acometidas en el edificio.

 “Miralda. De gustibus non disputandum” propone un recorrido por su amplia trayectoria partiendo de un contexto histórico y artístico global, desde sus primeras obras y ceremoniales públicos realizados en París en la década de los sesenta, hasta las grandes intervenciones intercontinentales del proyecto Honeymoon (1986-1992), para llegar al

FoodCulturaMuseum (2000-2010), su proyecto más reciente. La muestra se compone de instalaciones, montajes fotográficos, proyecciones de películas, esculturas/monumentos, objetos y dibujos preparatorios. Destaca la presentación de Stomak Digital, una base de datos o archivo digital que pone a disposición del usuario toda la obra del artista hasta la fecha, digitalizada y ordenada por temáticas o tipologías. Es una instalación en forma de mesa mostrador en la que se puede “degustar” la información archivada de toda la obra del artista: experiencias, documentos videográficos, documentos, colecciones de objetos y mensajes.

El proverbio latino escogido por Miralda como título de la presente exposición, nos remite a la riqueza de una producción artística tan única como pionera, su creación nos transporta del objeto a las grandes fiestas ceremoniales, del espacio privado al público, de lo íntimo a lo monumental y de lo local a lo universal. Su obra, inseparable de un contexto social y político, es un trabajo de observación «sobre el terreno» cercano a la etnología. Es testimonio y herramienta de la deconstrucción de prejuicios y esquemas formales preexistentes. Las actividades de Miralda —uno de los primeros artistas en huir del espacio opresivo del estudio y del museo— se desarrollan en

la calle y en espacios ajenos al «circuito del arte». Las obras expuestas deben ser leídas como puntos de referencia que jalonan un recorrido por los temas más complejos y vitales de nuestra sociedad. Estos temas son codificados por el artista en una iconografía singular –a veces a escala colosal– al encuentro de un lenguaje vibrante y participativo, basado en la celebración de los sentidos, del color, de la vida y de lo imaginario.

 

París, 1967-75: Ética/estética

La trayectoria de Miralda arranca en la España de los sesenta, cuando realiza el servicio militar. Sus dibujos de la época analizan obsesivamente los movimientos, las tácticas militares y la noción del bien y del mal, no sin una fuerte carga de humor mordaz. Pronto sus soldados —primero en forma de miniaturas de plástico blanco— invaden toda su obra: fotografías, frottages-collages, carteles, muebles, armarios, mesas, sillas, paredes y las calles de París, donde reside desde 1962. En 1972 rodará, junto con Benet Rossell, la película París, la cumparsita, que documenta las aventuras de la escultura de un soldado a tamaño natural en busca de pedestal por las calles y plazas de la ciudad. Es la época de los Soldats soldés [Soldados pegados], los Dibujos geométricos, los Essais d'amélioration [Ensayos de mejora], las Toiles de Jouy [Telas de Jouy], los Cenotafios —monumentos públicos y turísticos para generales— y los Cendriers-tombeaux [Ceniceros-tumba].

 

Del objeto al evento: Los Ceremoniales/Rituales

Un período más lúdico se perfila cuando Miralda retira finalmente sus soldados y se siente fascinado por algunos aspectos desatendidos en la práctica del arte, entre ellos el de los alimentos como experiencia artística y la implicación del público participante en el acto creador. A través de acciones ceremoniales, Miralda pone en escena minuciosas coreografías, fiestas de los sentidos y de la vida. La ritualización de la comida, su preparación, coloración, ofrenda o consumición, se convierten en magnífica celebración de lo imaginario hecha realidad por centenares de participantes.

En 1969, en colaboración con Dorothée Selz, Joan Rabascall y Jaume Xifra, organiza la primera de estas obras, Noir, mauve et barbe à papa [Negro, malva y algodón de azúcar], en el Centro Americano de París. A ella le seguirán muchas otras, como atestiguan las películas y las instalaciones parcialmente recreadas en la presente exposición, como Fest für Leda [Fiesta para Leda], para la Documenta VI de Kassel de 1977, y Charlie Taste Point [Puesto de degustación Charlie], de 1979. Miralda se instala en Nueva York en 1972 y un año después realiza allí el Patriotic Banquet [Banquete patriótico], un menú de banderas comestibles destinadas a la putrefacción tras unos días de exposición. La obra, concebida como indigesta llamada al orden en una época en la que la guerra de Vietnam era el plato de cada día trivializado por la televisión, ha permanecido desde entonces en estado de proyecto hasta la presente exposición, en la que se realiza por primera vez. Hoy, su actualidad resulta aún más desconcertante.

El multiculturalismo estadounidense es toda una invitación al descubrimiento, y la obra de Miralda dialoga con esa fusión de culturas y con sus manifestaciones populares, entre las que se cuentan las tradiciones culinarias. En Houston, su instalación Texas TV Dinner [Cena televisiva de Tejas] de 1977, pone en escena las cocinas de los restaurantes locales, de las que se sirve para realizar sus acciones; en Kansas City, centro agrícola del país, invita a toda la ciudad a unirse a las celebraciones de la cosecha y de la feria de ganado con Wheat & Steak [Trigo y bistec], de 1981. Por las calles desfilan, entre otros, el Tri-unicorn y una corona gigantesca formada por varias toneladas de grasa; por su parte, la gran Bolsa de Cereales celebra un banquete con panes de colores y láminas de oro.

Profundamente ligados a las afinidades y costumbres de toda comunidad, los alimentos son portadores de múltiples connotaciones y simbolismos. Comer no es mero acto de satisfacción física, pues brinda también la ocasión de dar, de compartir, de comunicar o de celebrar. En él, cada uno encuentra la memoria viva de su colectividad, como los propios Orishas del panteón africano, que son, según la tradición, aquello que comen. Santa Comida, realizada en el neoyorquino Museo del Barrio en 1984, se integra de manera espontánea en la comunidad latinoamericana del Spanish Harlem. Los 7 altares, que evocan a la vez a los antepasados africanos y sus «máscaras» cristianas —los santos y las vírgenes de la santería afrocubana y el candomblé brasileño— están provistos de sus alimentos favoritos y no hay día en que no se les añadan otras ofrendas anónimas en obsequio a la tradición.

 

Entre el Viejo y el Nuevo Mundo: el Honeymoon Project [Proyecto Luna de Miel] (1986-1992)

Fiel a la fascinación que siente por los monumentos, mediante la metáfora del matrimonio entre la Estatua de la Libertad de la bahía de Nueva York y el monumento a Cristóbal Colón en el puerto de Barcelona, Miralda explora el concepto de conquista y de libertad —o de su pérdida— y los intercambios culturales entre Europa y América a partir de 1492, en el proyecto Honeymonn (1986-1992). Las celebraciones arrancan en 1986 con el lanzamiento oficial del proyecto, The Engagement Ceremony [La ceremonia de compromiso], en el Centro de Convenciones de Nueva York, donde se exponen el gigantesco vestido de compromiso, el TV Ring [Anillo televisión] y los tres Ba-Ca-Llà [Ba-Ca-Lao] debidamente firmados por los alcaldes de Barcelona y de Nueva York autorizando el matrimonio. Durante seis años, este proyecto se llevará a la práctica a escala intercontinental, inspirándose en la tradición del matrimonio europeo, aunque finalmente se celebrará a la americana, en Las Vegas. Desde el ajuar hasta los regalos de bodas, miles de manos se afanan en los preparativos: los medios de comunicación llaman a grandes y pequeños a participar y a redactar cartas de amor (más de 2500), mientras que las escuelas de alta costura rivalizan en la confección del vestido y del traje de los novios. La combinación y las medias de Miss Liberty, expuestas aquí, están confeccionadas en Tarrasa, ciudad natal de Miralda y gran centro textil catalán. El Collar Mediterraneus [Collar mediterráneo], con sus tres faros, es un regalo de la ciudad de Sète; el Eternity Ring [Anillo de la eternidad] es, en cambio, un obsequio de la ciudad inglesa de Birmingham fabricado en colaboración con Chus Burés, a quien también se deben las alianzas de las aguas de los seis mares y océanos. Lo doméstico y lo monumental se confunden para evocar la fusión de las culturas y el tiempo, que hace de lo arcaico el vínculo entre presente y futuro.

 

De lo comestible a lo virtual: el FoodCulturaMuseum Sabores y lenguas, un proyecto presentado a la Bienal de Estambul de 1997, será retomado en Miami en 2002, con la participación de las comunidades latinoamericanas que allí conviven, para convertirse en un work in progress que explorará la topografía culinaria urbana, las tradiciones y el vocabulario en calles, cocinas y hogares, y de manera interactiva en las exposiciones organizadas en cada ciudad, en las que cada uno puede añadir a la pizarra expresiones familiares, recetas o comentarios que posteriormente se recopilarán en una serie de catálogos/cuadernos de bitácora para cada ciudad y en los platos que dan fe de tales intervenciones. Sabores y lenguas visitará 13 ciudades latinoamericanas y 15 europeas y será el primer proyecto del FoodCulturaMuseum. Este recorrido poético por los sabores y los sabers populares constituirá también uno de los pilares conceptuales del Food Pavilion de la Expo 2000 de Hanóver. Concebido esta vez a escala mundial, el objetivo del FoodCulturaMuseum estriba en crear una infraestructura de format abierto, una especie de síntesis de museo/archivo/centro de investigación que, más allá de sus actividades multidisciplinarias, pueda convertirse en memoria viva de lo gastrocultural y en centro de documentación en el que poder reagrupar los miles de documentos que guardan sus archivos y catalogar una colección de objetos, invitando a la realización de «cocinas» satélites —así las bautiza Miralda— en las que lo creativo y lo culinario sean explorados o reinventados en tierra firme. Una de estas cocinas, el TransEAT, abre sus puertas en Miami en 2003, seguida por otra en Barcelona (2007), que se convierte en la sede de la Fundación FoodCultura, de sus archivos y de sus colecciones, meticulosamente apiladas en centenares de cajas translúcidas como las que instala en nuestra exposición en forma de

archivo/puerta hacia otra realidad, acaso la de la revalidación a través del «Modern Art-Culture System» visualizado por James Clifford en su diagrama de lo que él define como «máquina de hacer autenticidad». A la vez, algunas piezas se van exponiendo en unas neveras, que se convierten en la metáfora perfecta del museo en espera. Con la presente exposición se inaugura el Stomak Digital, un proyecto abrigado durante largo tiempo por el FoodCulturaMuseum. Concebido como punto de confluencia de archivos, actividades, exposiciones y vídeos de Miralda, propondrá una lectura transversal de los mismos, según los temas o materias de estudio. En un futuro próximo, también será accesible a través de Internet. Aunque resulte inclasificable para algunos, en realidad la obra de Miralda está históricamente insertada en su tiempo y guarda paralelismos con el espíritu rebelde de los dadaístas de principios del siglo XX, espíritu que va tomando diferentes formas en las siguientes décadas y que impregna la obra de muchos artistas contemporáneos. Nadie mas que Pierre Restany, crítico de arte y amigo del artista le definió mejor: «Con su implacable dulzura, Miralda seguirá demostrando que el juego es la esencia del mundo y que la fiesta es la guerrilla permanente de la Libertad».

Con motivo de la exposición, se ha editado un catálogo en el que se recogen cinco ensayos sobre el artista, además de un complete conjunto de fichas catalográficas de las obras de Miralda realizadas por la especialista Amy Rosenblum. El antropólogo Néstor García Canclini realiza un análisis del carácter intercultural de la comida y los monumentos en relación con la trayectoria de Miralda. Isabel Tejeda, historiadora del arte y comisaria de exposiciones, se centra en su vertiente efímera y participativa, aspecto por el que denomina al artista “maestro de ceremonias” y “artista de lo efímero”. El historiador del arte Marc Dachy repasa el contexto histórico-artístico en el que comenzó la producción de Miralda, a finales de los sesenta y principios de los setenta. Celeste Olalquiaga, investigadora y crítica de arte, profundiza en la “cocina miraldiana”. Por último, la historiadora del arte Cecilia Novero esboza reflexiones sobre las “situaciones” alimentarias del artista en “Miralda: volver las tornas”.

 

Miralda.De gustibus non disputandum

Del 23 de junio al 11 de octubre de 2010 en el Palacio de Velázquez del  Parque de El Retiro Organizado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía con la coordinación de  Patricia Molins

 

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

 

Félix José Hernández.


MAGNÍFICA RAVENNA

Entrañable Ofelia,

Llegamos a la bella ciudad de los mosaicos  al amanecer del 29 de julio del año pasado. Salvo  San  Apollinare in Classe, todos los monumentos, museos y edificios religiosos se encuentran en el centro histórico.

Al salir de la estación de trenes, le preguntamos a un señor uniformado cómo llegar a San Apollinare  Nuovo, él nos lo informó amablemente. Tomamos por la calle indicada y unos trescientos metros después, un autobús se detuvo junto a nosotros, el señor era Alberto el chófer, nos dijo que subiéramos y muy gentilmente nos dejó en la esquina de la famosa iglesia. Eso sólo ocurre en Italia.

La iglesia fue construida por el rey Teodorico entre el 493 y el 526. Las paredes laterales están cubiertas por una serie de espléndidos mosaicos con fondo de oro. En lo alto, las escenas representan la vida de Cristo. Es impresionante la procesión de los mártires guiados por San Martín y la de las vírgenes guiadas por los Reyes Magos. El mosaico que representa a la Virgen rodeada de ángeles con el Niño Jesús en brazos es espectacular.

Por el bello claustro llegamos a la tienda de souvenirs. Nos extrañó encontrar  entre las cajitas para hacer mosaicos de santos o de lugares bellos de Italia,  la del Ché Guevara. El gran Lenin dijo: “los capitalistas  son capaces de vendernos hasta la soga para ahorcarlos”.

Il Battistero Neoniano, fue construido en el siglo V por el obispo Neone. Tiene planta octogonal y en su enorme cúpula se pueden admirar unos extraordinarios mosaicos que representan El bautismo de Cristo, acompañado por los doce apóstoles.

La Catedral del siglo XVIII y el Battistero degli Ariani, construido en el siglo VI por Teodorico, podrían ser el orgullo de cualquier ciudad fuera de Italia; pero en Ravenna son superados en belleza por otros monumentos e iglesias.

La Basílica di San Vitale es una gigantesca obra de arte refinado por sus  mármoles preciosos, bellos capitales y sobre todo los innumerables mosaicos de gran belleza que la cubren. Junto a ella se alza  Il Mausoleo di Galla Placidia del siglo V, cuyo interior está cubierto por mosaicos también de extraordinaria belleza. En la cúpula azul brillan las estrellas y las flores. Todo crea una cierta atmósfera de misterio, pues en la penumbra del Mausoleo (su puerta está cubierta por una espesa cortina de terciopelo azul), sólo la luz tenue llega por medio de las ventanas cerradas con láminas de alabastro.

Almorzamos muy bien en un restaurante que nos recomendó un señor. En cualquier país que esté siempre pregunto a alguien de más de cuarenta años: “por favor señor (a) ¿dónde se puede comer la verdadera cocina local, no la de los turistas, a un precio razonable? Hasta ahora nunca me he equivocado.

Cerca de la estación de trenes se encuentra Il Mausoleo di Teodorico, en medio de un gran parque. Por suerte una señora que nos vio tomar por un trillo nos dijo: “señores no vayan por este lado, tomen la acera del otro lado, por la calle paralela, así no se encontrarán con  marginales drogados y gente peligrosa”. Está demásdecirte que seguimos su recomendación.

El Mausoleo de dos pisos fue construido en el 520 por Teodorico mismo. En el piso superior se encuentra  la bañera romana  en pórfido abierta, que sirvió de sarcófago a Teodorico, bajo una cúpula de once metros de diámetro.

Al anochecer, en la estación  mientras esperábamos el tren para Boloña, recordé a Giovanna, aquella bella chica de Ravenna que conocí en Cuba. Formaba parte de  un grupo de turistas que recorrió la isla en 1972 y del cual yo era el guía. Tenía 23 años como yo. ¿Seguiría viviendo en esa ciudad? ¿Será abuela? Quizás sea  mejor que la conserve en la mente: bella, joven y fascinante mientras bailaba en la pista junto al mar de la playa de Jibacoa, con un vestido largo de seda roja que dejaba ver toda su bronceada espalda. Muchas veces me ha decepcionado el encontrarme con personas conocidas en mi adolescencia o juventud después de varias décadas.

Giovanna, estuve en tu ciudad y tú no lo supiste. Te recuerdo con gran simpatía, ya que tú eres simplemente… inolvidable.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


EL TESTIMONIO DE LOLY SOBRE SU CONQUISTA DE LA LIBERTAD

 

Entrañable Ofelia, 

Conocí al padre de Loly cuando yo sólo tenía nueve años. Mi tío Renato trabajaba en el Café Quitana de Galiano y Concordia y era amigo de él. Durante años entré al Teatro América gratis gracias al padre de la que sería a partir de mis catorce años, una de mis amigas del alma. Loly era “el bombón” del grupo: simpática, bella y dulce. Numerosas veces entré por aquel larguísimo pasillo de la calle San Miguel, que conducía a la casa de Loly en el centro de la manzana. Muchas veces tuvimos allí fiestas y reuniones del grupo de amigos adolescentes. Recuerdo que me regaló antes de irse de Cuba dos longs-plays de Nat King Cole en español, que se quedaron en casa cuando yo me pude ir de Cuba. Ahora los tengo en CD y cuando los escucho me acuerdo de ella. También cuando voy al parisino Cine Rex, recuerdo a su padre y al América. Ambos cines poseen una sala muy similar. La familia de Loly era hospitalaria, acogedora y generosa, tenía la rara cualidad de hacerte sentir en tu propia casa.

Siempre que hemos ido a Miami Loly y Roberto nos han recibido con gran cariño y simpatía. Cuando ellos vinieron a La Ciudad Luz, tuvimos el enorme placer de pasear juntos por la ciudad durante una semana. Le pedí a Loly que me diera su testimonio y aquí te lo envío.

Loly- “Mi querido hermano escogido. Me pediste que te hiciera un recuento sobre cómo fue  mi travesía y el precio que pagué para poder llegar a conseguir lo que todo ser humano tiene  derecho al momento de nacer y que tantos anhelan y nunca podrán conseguir. ¡El  precio que tuve que pagar para poder llegar a los Estados Unidos y poder disfrutar de la tan añorada Libertad! 

Mi historia más o menos es una de las  tantas de las que se ven más que repetidas en muchas  familias cubanas, y sobre todo entre  aquellos que tuvimos el privilegio o la desdicha de haber nacido en la década de los años cincuenta. Hemos sido partícipes de la turbulenta y engañosa Revolución, que sobre todo más ha consistido en la destrucción para la Isla de Cuba de su mayor riqueza: la familia. 

Nací de una familia humilde, honesta y trabajadora, donde aprendí, el respeto al trabajo el honrar a la familia, la lealtad a los amigos, la moral  y sobre todo, el amor a Dios. Mi padre mantenía dos trabajos porque como su niñez había sido tan precaria no quería que sus hijos (mi hermano y yo), careciéramos de lo que él y sus diez hermanos tuvieron que carecer. Trabajaba de día en un laboratorio que producía productos de belleza llamados “Toque Final” y en la tarde hasta altas horas de la noche  como portero de unos de los mejores teatros de La Habana, el “Teatro América.” Con el fruto de estos dos trabajos ayudaba a la mantención de sus hermanos y empezaba a realizarse en una  humilde y  pequeña propia empresa, llamada “Tabacos Yahuco.” Bien recuerdo que todos cooperábamos y con mis pequeñas manos me gustaba ponerle los sellos a los tabacos. 

Mi pobre padre lo único que hizo toda su vida desde que tenía siete años fue trabajar honestamente y eso fue lo que nos enseñó. Cuando tenía algún tiempo libre le gustaba irse al campo a la cazar de palomas, de las cuales hay unas cuantas anécdotas simpáticas que también te contaré en otra ocasión.                                                                                                                                     

Mi madre desde muy pequeña aprendió de mi abuela el arte de la costura y junto a ésta,  ganaban su sustento vistiendo a las elegantes grandes damas de la élite Habanera. Mi madre era una estrella en su género. Hoy en día compararía su trabajo con el gran Oscar de la Renta. Han sido muchas las veces que con nostalgia me pregunto cuál  hubiese sido su futuro si hubiese podido haber logrado llegar a conseguir su tan ansiada Libertad. De ella  aprendí algo a lo que sólo pude darle  su justo valor, después de haber sido madre y fue, el don de la generosidad. 

Vivíamos en una modesta casa en la calle San Miguel, en la cuidad de La Habana. Mi hermano y yo cursamos la primera enseñanza en un pequeño colegio privado en la zona del barrio llamado “Colegio América”, del cual guardo gratos recuerdos de mi niñez y donde también nos educaron en base a los principios de la moral, ética, honor y respeto a la sociedad. En él tuve la dicha de conocer, y puedo decir que tengo el honor de conservar, a muchos de aquellos amiguitos de infancia que hoy han pasado a ser parte de mis hermanos escogidos. 

Mis padres fueron  participantes de aquel “cambio” que querían los cubanos para su Isla, donde no hubiese corrupción. Soñaban con mejores derechos para los cubanos, fueron embrujados y atrapados por el  “embrujo” de la  Revolución. Pertenecieron al Movimiento 26 de Julio, fueron cómplices de ayudar a que se produjese el “cambio” deslumbrados por aquel Robin Hood barbudo, que ocultaba su maldad bajo un crucifijo que llevaba en el pecho. Aquel lobo con piel de oveja, El Mal bajo la sombra de Cristo.

Llegó el triunfo de la Revolución en 1959 y  se formó la confusión, todo se vino abajo, todo aquello por lo que el Movimiento del 26 de Julio había supuestamente luchado. Se acabo la Libertad  de expresión, todo pasó a ser propiedad del Estado. Cuba era socialista. Mi padre perdió su pequeña empresa tabacalera. Tampoco pudo ir de nuevo  a cazar sus palomas, porque una noche tocaron a la puerta unos “compañeros” vestidos con el uniforme verde olivo armados con unas pequeñas ametralladores checas diciendo que venían a recoger las escopetas porque tenían que ser “donadas” a la Revolución.

Mi madre perdió sus clientas, aquellas grandes damas lo perdieron todo, algunas  terminaron en la cárcel. Las que tuvieron visión del futuro corrieron al exilio. El colegio donde estudiábamos también fue expropiado. Nuestros amigos empezaron a desaparecer. Lo peor fue que las familias se dividieron en  dos bandos: aquellos que creían en el fidelismo y los “gusanos” apestados. Empezó el miedo a  los C.D.R. (Comités de Defensa de la Revolución), pues  espiaban a los ciudadanos. Todo lo que creías que te pertenecía era del “pueblo”.  

En mi familia, mi padrino fue el primero en salir de Cuba, después le siguió mi tía con mi prima después del desembarco en Bahía de Cochinos,  cuando hicieron el famoso canje de los llamados “mercenarios” por la propaganda del régimen (los heroicos brigadistas que fueron hechos prisioneros), por medicinas y otros productos. Ellas pudieron salir en uno de esos barcos que habían llevado cargas a Cuba. La situación iba empeorando y ni idea de que la pesadilla terminase. Había que irse de Cuba. SE produjo el éxodo por puerto de Camarioca y después inició el Puente Aéreo de la Libertad.  

Mi tía hizo la reclamación a la familia completa que constaba de mis abuelos maternos, mis padres, mi hermano y yo. Pero como  mi hermano ya era mayor de quince años y no podría salir de Cuba. Mi madre tomó la decisión  de que sus hijos saldrían primero. Ella no saldría sin nosotros.

Empezó el rumor de que también se implantaría  la edad militar para las mujeres y en mi casa cundió el pánico. Mi pobre madre no podía pensar de que me pasara lo mismo y entonces se decidió que tendría que salir por un tercer país y que mis abuelos también lo harían.

Mi padrino dijo que haría la reclamación y los papeles solamente para mí, ya que ellos  no estaban en condiciones económica (pues estaban acabados de llegar a los U.S.A.), para afrontar los gastos de los tres.

Mi padre estaba indeciso en firmar mi permiso, puesto que  yo era menor de edad y le aterraba el  pensar que su niña anduviese sola por el mundo. Mi madre fue más valiente y dijo que no podía a causa del miedo y el egoísmo troncharme el futuro. La decisión estaba tomada, tenía que dejarme ir.

Se presentaron los papeles para poder salir  por España, ya  había cumplido mis diecisiete años. En cuanto se hizo la petición de permiso de salida me hicieron el inventario. Una tenía que declarar todo lo que poseía.  Al ser menor de edad y vivir en  casa de mis padres ¿qué posesiones podría tener? Las pocas prendas de valor que teníamos ya hacía mucho tiempo que las habíamos escondido. Lo único que poseía era una cuenta bancaria con la cantidad de $10.00 que tuve que “donar” a la Revolución. Me dieron un papel donde me ordenaron  que durante el tiempo de espera para la salida de Cuba, tenía que ir a hacer “trabajos productivos” y me tenía que presentar en determinado lugar, que de ahí me trasladarían  a otro  para hacerme trabajar al campo.

Terminé en Güira de Melena, en un lugar remoto y para llegar hasta allí era  una odisea. Nos trasladaban en unos camiones abiertos  soviéticos  que usaba  el ejército. Para subir a ellos  había que ser trapecista de circo. Al yo ser una de las más jóvenes del grupo (las edades oscilaban entre 17 y 75 años), era la primera en trepar para poder ayudar a las personas mayores. Después me tenía que bajar para ayudar a la última para que subiese. Al cabo de la primera semana era toda una experta. Cuando se ponía en marcha aquel mastodonte de hierro producía un ruido ensordecedor. Cuando  frenaba caíamos todas unas encima de otras, ya que no teníamos donde aguantarnos para evitar las caídas. Cuando llovía era peor, pues  salíamos resbalando y en ocasiones algunas salieron “volando”.

Al llegar me encontré con un albergue en medio de la nada, que se componía de dos naves, una de concreto con techo de hojalata que tenía luz eléctrica, unas letrinas (huecos en la tierra) y  dos llaves de agua ; la segunda era más rústica, sin luz eléctrica, sin agua ni  letrina. En tiempos anteriores a la Revolución, esta última se usaba para secar las hojas de tabaco. Por lo que percibí, aquel lugar había pertenecido a una finca tabacalera que seguramente  albergaría unos cincuenta trabajadores y allí había en aquel momento  unas seiscientas mujeres. 

Me tocó como vivienda temporaria la choza rústica, era húmeda y mal oliente, mi primer encuentro fue con una familia de ratas que habían hecho su nido en el techo de la choza. En la noche podía divisar cuando la rata tomaba a sus pequeños por el cogote y los trasladaba de un lugar a otro balanceándose en las vigas del techo, ¿Por qué lo hacía?

Al principio sentí miedo y asco, mucho asco. Me preguntaba: Señor, ¿a  dónde me has mandado? Sobre todo Señor, ¿hasta cuándo?

Me tocó  dormir en una litera de hierro con una tabla de madera como “colchón”. Mi cama era la primera al lado de uno de los  portones de la entrada y cuando en la noche llovía me mojaba.

Para alumbrarme allí estaba la señora Luna, testigo de mis penurias, fiel oyente de mis confesiones que siempre supo guardar mis secretos.

Al principio me costaba  mucho dormirme, ya después el cansancio me vencía

 Mi madre me consiguió una tela fina que me sirvió como mosquitero. En mis cortos años de vida no había conocido aquellos enormes  mosquitos. Padecí  una infección en las picadas sobre la piel que fue  horrible, sobre todo en las piernas, parecía una leprosa.

Para  hacer “las necesidades” había que ir al hueco en la tierra. Había muy pocas duchas y sin ninguna privacidad. Nos turnábamos y nos cuidábamos unas a las otras sobre todo para avisar cuando venían “los compañeros”: sinvergüenzas milicianos que venían para espiarnos.

Nos despertaban a las cinco de la mañana con un grito de: ¡DE PIEEEEE! Lo primero que hacían era ponernos  a la intemperie para contarnos y asegurarse que ninguna había escapado. Esa práctica era muy común, sobre todo  cuando más cansadas estábamos y también cuando llovía. Bajo de fuertes lluvias y con el temor a los  truenos, nos despertaban según ellos para contarnos.  Podía ser a cualquier hora de la madrugada.

Supuestamente debíamos trabajar de lunes a sábado, con el domingo libre para ir a nuestras casas. Pero hay que tener en cuenta de  que estábamos en medio de la nada, sin transporte. Teníamos que ingeniárnoslas para salir de aquel lugar. Mi madre se las arregló con un campesino que tenía un viejo y destartalado tractor, el que por unos pesos, me sacaba  al camino más cercano para hacerme el viaje a La Habana menos difícil. Teníamos que regresar y reportar al campamento el domingo antes de las nueve de la noche y, si por casualidad hacías algo que ellos consideraban como un “delito”, te privaban de ese pase (permiso),  dominical

El desayuno constaba de un pan durísimo que teníamos que mojar para ablandarlo un poco.

Nunca olvidare el primer día que nos llevaron a cortas yerba y a la hora del almuerzo, en aquel mismo camión ruso vinieron los “compañeros”  llegaron con una enorme y sucia cazuela. Nos mandaron a hacer una  fila para darnos la ración que nos tocaba para el almuerzo, que consistía en agua tibia con unos chícharos flotando junto a unos insectos que se movían aún, acompañado por un trozo de pan duro. Cuando me tocó el turno y tomé mi ración, volví la cabeza y vi  una de esas imágenes que se veían en aquellas películas soviéticas que habían invadido las pantallas de  todos los cines de La Habana, donde mostraban los campos de concentración nazis con aquellas mujeres prisioneras escuálidas y sucias. Dios mío, allí estaba yo, escuálida, mugrienta, mal oliente, protagonista de mi propia película. Entendí que estaba en un campo de concentración, la diferencia era  que no era un campo nazista con cámaras de gases, ni estábamos los años cuarenta, sino  un campo castrista de destrucción física y psicológica en el verano de 1968.

Una noche, una tras otra nos fuimos despertando por una gran intoxicación. Más de quinientas mujeres estábamos padeciendo de unas terribles diarreas.  Nunca supimos lo que nos habían puesto en la comida  y ellos se reían, encontraban muy simpática nuestra tragedia.

Nos querían humillar, eran déspotas, groseros y mal educados. Una vez trabajando bajo un sol ardiente en un lugar apartado teníamos una sed atroz y como no llevaron agua para nosotras, tuvimos que compartir el bebedero con unas vacas que tenían un estanque cercano. No olvido la cara de aquel déspota que nos gritaba: ‘oigan  Jacquelines (por Jackie Kennedy, ellos creían ofendernos así y al contrario eso nos honraba.) si tienen sed pídanle permiso a las vacas a ver si las dejan beber.’

Cuánto aprendí en aquel verano con aquellas mujeres de todas los niveles sociales y orígenes étnicos. Muchas estaban enfermas y se desmayaban bajo aquel sol tropical. Había una señora que siempre miraba hacia el cielo e imploraba diciendo:” Cachita virgencita bonita mándanos una nubecita.”

Fueron muchas las veces que Cachita le escuchó mandándonos la nubecita. Pero a cada rato Cachita se equivocaba y nos mandaba un aguacero acompañado por  truenos y no sabíamos cómo protegernos. 

Todas estábamos allí por un mismo propósito, el de buscar de una manera u otra, salir vía España, México, Costa Rica o por  el puente aéreo. Todas estábamos allí para lograr conseguir  la Libertad.

Una tarde, como tantas veces hicieron algo sin previo aviso, nos dijeron: recojan sus cosas que van a ser trasladadas. De esa forma no daban tiempo a que alguien pudiese mandar recados a su familia para que  supieran hacia  adonde nos destinaban. Llego un militar  vestido con  aquel uniforme verde oliva y una pistola en la cintura. Nos dijo que nos iban a trasladar a una granja avícola.

Dos horas después me encontré en aquella granja. Era de noche. Todavía hoy, después de tantos años, puedo cerrar los ojos y oír el horrible murmullo de aquel lugar.

Cada vez que nos trasladaban hacíamos pequeñas notas con recados y las lanzábamos a la gente que nos tropezábamos por el camino para que nos hicieran el favor de avisar a nuestras familias, algunas veces teníamos suerte.

Me sentí indefensa, tan sola que me embargó la tristeza, ya ni siquiera tenía a la Señora Luna para escuchar mis lamentos. En aquella oscuridad me pregunté: ¿Me estaré volviendo loca? Señor ¿qué he hecho?

De pronto sentí  una  voz muy alta de alguien que preguntaba: ¿está aquí Dolores de la Caridad Fuentes Alba?  Sí, era alguien  preguntando por mí. ¿Qué sería lo que querría?

¡Era para decirme que me había llegado la salida!

Se apoderó de mi un gran sentimiento. Lloré y lloré sin consuelo. El Señor estaba dando respuesta a mis preguntas

¡Gracias Señor!

Mi hermano había ido por mí al lugar anterior y allí se encontró con una Luly triste, agradecida y llorosa cambiando su tristeza por alegría al enterarse de que me había llegado el permiso de salida. Por cierto, ¿qué habrá sido de la vida de Luly?

Al fin saldría del infierno ¿Qué me tendría destinado el futuro?

Al día siguiente tuve que presentarme para que me dieran “la baja de la agricultura” Sin ese “papelito” no me dejarían salir, ya que había que presentarlo a emigración en el aeropuerto junto al pasaporte. Era uno de los tantos requisitos  del castrismo.

Este papelito lo conservé por muchos años, hasta que un día  no sé por qué motivo lo hice arder.

Aún recuerdo las palabras de mi madre cuando empezó mi odisea. Me  dijo: “cuando te llegue el momento de partir no mires hacia atrás, tu futuro te espera y verás que las cosas van a ser muy diferentes “ 

Salí  de La Habana en uno de los últimos vuelos de la compañía KLM rumbo a Madrid, el día 24 de Octubre de 1968.

El vuelo hizo escala primero en Jamaica para cargar combustible, después  en Trinidad y Tobago por problemas técnicos. Recuerdo haber dormir en un sofá del aeropuerto, tener sed y no poder comprarme ni un refresco ya que no tenía un centavo en los bolsillos.

Pensé: ¡qué importa que me hayan expoliado de  todo,ya tengo la Libertad!

Llegué a  Madrid y fui a parar a las Cooperadoras Diocesanas, gracias a las gestiones que habían hecho mis tíos.

De Madrid partí rumbo a New York el 14 de Octubre de 1969.

Pensé: al fin llegué a mi meta, ahora a luchar y a empezar mi nueva vida, a forjar mi destino. ¡Viva La Libertad!

Un viernes del mes de Octubre de 1970 se produjo un gran cambio en mi vida, conocí al que por treinta y nueve años ha compartido mi vida. Conocí a Roberto Ortega, otro cubano que también como yo, había salido solo de Cuba a sólo catorce años, exactamente un mes antes de cumplir “la edad militar”. Salió vía México y a él también su padrino le había reclamado en 1966.

Estudiando de día y trabajando de noche y los fines de semana pudo recaudar los fondos suficientes para poder reclamar a sus padres y hermana que habían quedado en Cuba. Él también era de La Habana y logró sacarlos vía México en 1968.

Nos casamos el 12 de Junio de 1971. Nuestra hija Lolita nació en 1973 y  nuestro hijo Robert en 1977.

Mi madre no logró su sueño de Libertad. Lo peor es que nunca llegó a conocer a sus nietos. Perdió su combate contra el cáncer el 29 de Enero de 1979. El 24 de Octubre de 1968 había recibido  el último abrazo de ella.

Logramos sacar de Cuba, durante el éxodo  del Mariel  en 1980 a mi padre, mi hermano con su señora y los hijos de ésta. Roberto fue en un barco a buscarles. Pero ésa es otra odisea  que te contaré en otra ocasión.

Mis hijos son  mi mayor riqueza, los cuales  me hacen sentir muy orgullosa como espero se sienta mi madre de mí desde el cielo. Ya ellos tienen sus propias vidas y se han labrado sus propios futuros, tuvieron la suerte de haber nacido en Libertad  en este gran  país.

Lolita se hizo maestra, enseñó en High School y este mes se graduó de la academia de policía del Estado de la Florida. Está casada  con un anglosajón y viven en Orange Park al Norte del Estado.

Robert, es un hombre en todo el sentido de la palabra, se graduó de FIU en economía y finanzas. Trabaja en una buena empresa y tiene un lindo apartamento en el centro de Miami. 

Cada día le doy gracias a Dios, ya que sin la fe no hubiese podido lograr ser Libre. Agradezco a todos los que me ayudaron y me proporcionaron  las condiciones  para triunfar sobre todo a mis tíos, especialmente a mi padrino, al que  guardo en un lugar muy especial de mi corazón.

A mis amigos que se han convertido en mis hermanos escogidos.

A mi madre que me enseñó que en el amor no entra el egoísmo y que a los hijos hay que ayudarles a fortalecer las alas  para que puedan volar. He seguido siempre su  consejo de  no mirar hacia atrás.

Agradezco al país que me dio cobijo, donde aprendí la tolerancia, a respetar a los que no piensan y sienten como yo, donde puedo decir lo que siento, hacer lo que quiero sin temor a la represalia, donde mis hijos vieron por primera vez la luz, donde conocí al hombre de mi vida,  padre de mis hijos y fiel compañero.

Hoy, después de tantos años me queda la  nostalgia y reconozco que me siento muy americana para ser cubana y muy cubana para ser americana.

En mis oraciones también incluyo a esos verdugos que aunque no lo crean algún día tendrán que enfrentarse al tribunal divino y se hará justicia, ¿o es que se creen impunes? ¿No han aprendido nada de la historia? O es que no quieren reconocer que entre cielo y tierra no hay nada oculto antes los ojos de Dios.

Sí, tiene que haber justicia para el pueblo cubano, para que pueda surgir el perdón. Y todas las noches me sigo haciendo la misma  pregunta… ¿hasta cuándo?”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz de quien te quiere siempre,

Félix José Hernández.


L’AFFAIRE BETTENCOURT-WOERTH

(Segunda parte)  

 

Entrañable Ofelia,

El actual Ministro del trabajo Eric Woerth debe de tener los nervios de acero y el corazón blindado, ya que hoy en directo a la televisión fue trasmitido el debate en La Asamblea Nacional en el que una vez más se puso en tela de juicio su honor y el de su esposa en su presencia.  El debate fue tan caliente, que aparecieron en los discursos las palabras: mentiras, infamia, honor, calumnias, etc. Incluso se trató de mancillar al Sr. Presidente de la República. Al final, en medio de un escándalo generalizado, todos los diputados de izquierda abandonaron la sala, cuando uno del centro los acusó de populistas, mientras que los del UMP (centro derecha) les gritaban y gesticulaban para que se fueran.

El periódico Libération publicó en su primera página  un gigantesco 64%, dando la noticia de que ése es el % de franceses que actualmente considera a los hombres políticos como corrompidos.

Por otra parte se anunció que la acostumbrada conferencia de prensa que da el Sr. Presidente de la República cada 14 de julio con motivo de la Fiesta Nacional, fue anulada.

También fue anunciado ayer que fue postergado para una fecha ulterior el juicio contra el Sr. François-Marie Banier, acusado por la hija de la Sra. Bettencourt de haber abusado de la fragilidad de su madre y gracias a ello, haber recibido unos mil millones de dólares de euros de regalo de ella.

Ayer renunciaron a sus cargos dos personalidades políticas:

 

-Alain Joyandet, Secretario de Estado a la Cooperación, que había obtenido un permiso de construir ilegal para su casa de Grimaud y que había alquilado con el dinero del Estado un jet privado por la suma de 116 500 euros.

  

-Christian Blanc, Secretario de Estado encargado del proyecto Grand  París, que  había comprado 12 000 euros en puros habanos, también con el dinero del Estado.

Ambos habían sido denunciados por el periódico La Canard enchaîné.

Muchos se preguntaban ayer si al caer estas dos primeras cabezas se podría calmar el escándalo Bettencourt-Woerth.

El número dos del Partido Socialista, el Sr. Harlem Désir se preguntó en su blog  por qué El Eliseo “cubre” al Ministro de Trabajo.

Pero lo ocurrido hoy no tiene precedentes. Se trata de las declaraciones de la Sra. Claire Thibauth, que fuera contable de la Sra. Liliane Bettencourt desde 1992  y que fue licenciada en el 2008 con una indemnización de  400 000 euros. Ella declaró a la policía y también a la página Web de información Mediapart, que todo el dinero que salía y entraba de la casa de su patrona ella lo anotaba meticulosamente en sus registros de contabilidad. Señaló en qué lugar de la casa se encontraban. La radio acaba de anunciar que la policía tiene una orden judicial  para ir a buscarlos y ponerlos a disposición de la justicia. ¿Los encontrarán?

Según la contable, la Sra. Florence Woerth, esposa del Ministro de Trabajo, cobraba 13 000 euros al mes y una prima de 50 000 euros al año por su trabajo en la administración de la fortuna de Liliane Bettencourt. El periódico Suizo La Tribuna de Ginebra, publicó que  la Sra. Woerth hacía frecuentes viajes a Ginebra.

La Sra. Claire Thibauth, declaró que Patrice de Maistre, jefe de la administración de la fortuna Bettencourt, le pidió que le entregara la suma de 150 000 euros al actual Presidente de la República para su campaña presidencial cuando éste era candidato. Ella le respondió que sólo tenía derecho a sacar del  banco 50 000 euros semanales que debía poner en sobres, para que la Sra. Bettencourt los repartiera  entre varias personas. Por tal motivo el Sr. de Maistre  había traído de Suiza 100 000 euros para completar la suma.

Hay que señalar que la ley francesa sólo permite recibir de un privado, la suma máxima de 7 500 euros para una campaña política.

A continuación, la Sra. Thibauth agregó que el actual Sr. Presidente, cuando era alcalde de Neuilly- sur- Seine (elegante barrio donde tiene su mansión la Sra. Bettencourt), entre el 1983 y el 2 000 recibía  sobres con dinero de la Sra. Bettencourt.

Todo se ha complicado demasiado. Pienso que las calumnias, infamias y mentiras contra el Sr. Presidente, el Sr.Woerth y su esposa, han llegado a tal punto, que no sé cómo terminará esta bochornosa telenovela o culebrón,  con sus revelaciones y nuevos escándalos cotidianos que tanto daño están haciendo a la imagen internacional de Francia y a la opinión de los franceses sobre los políticos de esta gran Nación.

Y así van las cosas por esos lares.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


Los tres inviernos del Miedo

Entañable Ofelia,

Como cada libro que me ha regalado mi gran amiga italiana María Rosaria, éste que acabo de leer es de gran calidad. Una verdadera lección de historia.

Cayó nieve  ensangrentada sobre Italia en los tres inviernos del miedo. Fueron los más difíciles de la guerra civil, esa  guerra interminable, en la que fascistas alemanes y « partigiani » (guerrilleros),  combatían con  objetivos diferentes, pero  llevaban a cabo las mismas atrocidades. Fue este desorden cruel lo que  abrumó a Nora Conforti. Muchacha de dieciocho años de edad de una familia rica. Nora se refugió con su padre en la casa de campo familiar, en las colinas entre Reggio Emilia y Parma. No se imaginaba  que allí viviría su primera historia de  amor y después los horrores de dos guerras que harían cambiar su vida, convirtiéndola en un infierno.

Giampaolo Pansa nos cuenta una historia resultado de  largos años de investigación, sobre la resistencia y sus numerosas  zonas de sombras. La bellísima novela es un gran fresco de la vida cotidiana de la alta burguesía agraria emiliana, durante los  seis años de infierno, desde junio de 1940 hasta finales de 1946. Una impresionante reconstrucción de una época  feroz.

Fueron dramáticos los tres inviernos de miedo, que vivieron los italianos que residían entre el río Po y los Montes Apeninos, en la provincia de Reggio Emilia, testigos de los horrores : torturas salvajes, exterminación de familias, fusilamientos colectivos, linchamientos públicos,  cacería de brujas, familias completas (incluyendo los bebés) quemadas vivas, ametrallamiento de prisioneros en las cárceles dentro de las celdas, etc. Ellos fueron testigos impotentes del duelo brutal entre dos regímenes totalitarios.

Los fascistas trataban de sobrevivir con la ayuda de los nazis, mientras que  los comunistas, cuyas atrocidades abominables  se extendieron  mucho más allá del 25 de abril, utilizaban el asesinato como  estrategia despiadada para destruir toda la sociedad civil y a todos los que les podrían impedir tomar el poder y convertir a Italia en un país comunista.

 Mirella Galloni, maestra fascista amiga de infancia de Nora, fue asesinada atrozmente por los comunistas.

Los comunistas iban a los bancos de los pueblos y ciudades y pedían las listas de las cuentas con los nombres de los clientes y las sumas que poseían. Posteriormente iban a buscar a sus casas a las personas y les pedían  dinero en nombre del “antifascismo”, si se negaban, eran asesinados junto a toda su familia. Los trancaban en sus casas y les prendían fuego.

Pansa nos da los nombres  y apellidos, las direcciones y las fechas exactas de todos los crímenes que narra en su impactante novela. Sólo el personaje de Nora pertenece a la  ficción, lo demás es Historia.

Margarita Tossi, fue hecha correr desnuda junto a otras muchas mujeres por las calles de Reggio y al llegar al  estadio fueron fusiladas por los comunistas. ¡Qué espectáculo!

Al caer el fascismo, los periodistas que trataron de denunciar los crímenes de los comunistas fueron asesinados y los periódicos incendiados, como el caso de “La Nuova Penna” ( La Nueva Pluma).

Paralelamente a  figuras que pertenecen a la historia, como Togliatti, De Gasperi, los jefes de las bandas de color rojo y negro, el obispo Socche, el guerrillero blanco conocido  como " Il Solitairo", se mueve la gente común de aquellos años. Las mujeres se vieron obligadas a  llevar la carga más pesada de la guerra; los niños se enfrentaron con el terror político, mientras que los jóvenes fueron a parar  a trincheras opuestas y se mataron entre ellos por miles.

Sólo con la victoria de la Democracia Cristiana en las elecciones del 18 de abril de 1948 contra el Frente Popular (de izquierdas), se puede decir que terminaron los asesinatos políticos por arte de los comunistas en esa ensangrentada región que yo recorrí con mi esposa  el verano pasado.

La dureza del enfrentamiento entre ricos y pobres fue enorme. Las víctimas de la guerra que salen a la luz hogaño,  son como  fantasmas que nos piden que se haga conocer al mundo la verdad.

Siempre tuve una gran curiosidad por visitar la ciudad de Reggio Emilia, pues entre 1970 y 1980 fui traductor y guía de delegaciones de “partigiani” de esa región que visitaban a  Cuba. Al fin, el 20 de julio el 2009 pasé el día recorriéndola bajo un sol de 35°c. Recorrí con mi esposa (y dos botellas de agua), el centro histórico: La Piazza Prampolini, la Catedral (siglo XV), la Via Broletto (donde almorzamos muy bien en la terraza de un viejo café), la Piazza de San Próspero (siglo XVI)  y la Piazza Fontanesi. Como Italia es un país que conserva un patrimonio artístico cultural de dimensiones incomparables con el de ningún otro país en el mundo, considero que a pesar de la riqueza de Reggio Emilia, no tiene ni remotamente la belleza de: Roma, Venecia, Florencia, Verona y tantas otras. Lo más interesante fue la iglesia  de La Madonna della Ghiara  (siglo XVII), en cuyo interior hay espléndidos frescos y un bello crucifijo obra del Guercino.

Al terminar de leer este impactante libro, pienso en las atrocidades cometidas en las calles y plazas de las ciudades que recorrimos hace apenas un año: Modena, Reggio Emilia, Ferrara, Ravenna y Parma.

Giampaolo Pansa nació en Casale Monferrato en el 1935. Escribe en la revista L’Espresso y en el periódico La Repubblica. Ha publicado numerosos ensayos y  novelas como Il sangue dei vinti (La sangre de los vencidos), La  grande bugia  ( La gran mentira)  e I Gendarmi della Memoria ( Los gendarmes de la Memoria), con gran éxito de ventas. Su popularidad en Italia es inmen

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz de quien te quiere siempre,

    Félix José Hernández.

    

I tre inverni  della paura.

Giampaolo Pansa.

Rizzoli romanzo.

Ilustracion de la portada de Clinton Van Germet.

ISBN: 978-88-17-02318-4


EL LARGO CAMINO DE EYDA HACIA LA LIBERTAD

Entrañable Ofelia,

Ya has leído tres reseñas  mías sobre sendos libros escritos por esa gran dama cubana que es Eyda Machín. Su cultura, elegancia de espíritu, simpatía y distinción, la hacen una verdadera embajadora de la feminidad cubana en La Ciudad Luz. Aquí te envío el testimonio que nos escribió sobre cómo logró ser Libre. 

Eyda-“Era apenas una niña cuando el frenesí revolucionario se apoderó de mi pobre isla. Parada en la terraza de mi apartamento frente al Malecón, vi desfilar las tropas del ejército revolucionario que hacía su entrada triunfal en La Habana. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. Sin saber por qué, tuve el presentimiento que una desgracia se abatiría sobre mi pobre Patria.

No tuve que esperar mucho tiempo para comprobar que mi presentimiento no era infundado. A ojos vistas, la isla se transformaba en un territorio donde el odio, la violencia y la delación estaban a la orden del día. Familias enteras se destrozaban mutuamente: de un lado los adeptos a la Revolución, del otro los tenaces opositores a la creación de un Estado comunista. La pena de muerte fue decretada de inmediato. Los primeros fusilados fueron los miembros del antiguo régimen dictatorial. Las estaciones de televisión difundían los juicios públicos realizados por tribunales revolucionarios. Terrible reedición del circo romano y de las persecuciones de los primeros cristianos.

Ante aquella horda desenfrenada, una ráfaga de pánico estremeció la isla. En 1960 mi padre, abogado, decidió partir con su esposa y mis dos hermanitos. A pesar de su deseo que me fuera con ellos, la autorización fue denegada por las autoridades revolucionarias. Yo podía salir con mi padre y su familia, pero no así Mami, mi madre adoptiva, pues ella no formaba parte del núcleo familiar.

Mi decisión fue inmediata. Si Mami no podía partir, yo tampoco. Estaba lejos de imaginar que la cortina de hierro caería sobre la isla cautiva. Al llegar a los Estados Unidos, mi padre se apresuró en enviarnos una visa waver. La ruptura de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, a principios del 1961, fue el segundo obstáculo para lograr nuestro camino hacia la libertad. Existía otra solución. Mi hermano, residente en Venezuela desde hacía varios años, solicitó nuestra visa para ese país. Nos apresuramos en preparar los pasaportes. Cuando ya todo estaba listo, un tercer obstáculo apareció. La mayoría de los países latinoamericanos, entre ellos Venezuela, rompió relaciones con Cuba. Estábamos en el año 1962. Todas las pasarelas hacia la Libertad serían brutalmente cortadas. No había escapatoria. Estábamos irremediablemente condenadas a permanecer prisioneras.

Atrapada en esa locura colectiva que se había apoderado de gran parte de la población, mi única idea, mi obsesión era huir. ¡Huir! Lejos de ese mundo en descomposición que se desmoronaba ante mis ojos. Lejos de esa guerra fratricida y aterradora que devoraba, a un ritmo desenfrenado, lo que quedaba de esa tierra. Lejos de ese mundo atiborrado de traidores. Lejos de esos discursos interminables y repetitivos eructados por el Amo.

Necesitaba urgentemente respirar un aire que no estuviera viciado por la desconfianza. ¿Cómo hacer para escapar de ese infierno? Todas las salidas estaban bloqueadas. Nadie podía salir legalmente de la isla. Una verdadera hemorragia humana había comenzado el éxodo, arriesgando la vida, atravesando por centenas el Estrecho de la Florida ya sea nadando, en neumáticos de automóviles o en embarcaciones improvisadas, en dirección de las costas de los Estados Unidos.

De repente, tuvo lugar un milagro. Algo inimaginable: la creación en 1965 de un puente aéreo entre Cuba y Estados Unidos, « El Puente de la Libertad ». Las compuertas de la represa se abrían ante mí. Un camino hacia mi añorada Libertad. El precio que tendría que pagar era el de partir sin nada, sin dinero, sin joyas, sin documentos. Sólo con un pasaporte sellado: Nulo. En mi corazón, los tesoros de mi primera vida, mis lecturas, mi música, mis amistades y mis recuerdos. Ese bendito día de un mes de abril de 1966 en que volaba hacia un nuevo mundo, lloré de alegría. Lloré de alegría de estar viva, de poder comenzar de nuevo de cero, de renacer.

Sin embargo, debía estar escrito que yo viviría bajo cielos diversos, en contacto con culturas y lenguas diferentes. Mi paso por ese primer país que me acogió con los brazos abiertos fue breve. Aún así, tengo que reconocer mi deuda pues  contribuyó a mi Libertad, a mi emancipación y guió mis primeros pasos de mujer adulta.

Venezuela fue la segunda etapa de mi largo vagabundeo. Cuando salí de Cuba tenía las manos y el corazón vacíos. Pude entonces reunirme con mi querido hermano, a quien no veía desde la edad de ocho años. Conocer a mis sobrinos y mi sobrina. Formar parte de una gran familia.

Obligada a dejar mi Patria sin documentos, por culpa de los dictámenes de la Revolución, nada atestaba la validez de mis estudios. Tuve que rehacer mi bachillerato para poder comenzar los estudios en la Universidad. Mis sacrificios no fueron inútiles. Obtuve un diploma de profesora de lenguas, de literatura y de traducción. Algunas semanas más tarde, enseñaba en esa misma universidad que me había acogido. Mi estancia en Venezuela, ese otro país a quien debo tanto, duró diez años.

Al llegar a París, por una temporada prevista por un año, ¿hubiera podido sospechar acaso que mi estancia sería por un tiempo indefinido? ¿Cómo adivinar que el encuentro con la ciudad de mis sueños de adolescente se transformaría en una pasarela entre el mundo y mi ser?, que en este nuevo país que me acogió en su seno echaría las anclas de mi navío?  

El camino ha sido largo y doloroso. Sembrado de rosas y de espinas. Poco importa el precio que tengamos que pagar por la Libertad: Libertad de pensar, de crear, de amar, de disentir, de dudar. Si nos falta un solo átomo de los elementos que componen la Libertad, la vida pierde todo sentido.”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz.

Te recuerdo con inmenso cariño y simpatía,

Félix José Hernández.


EL BAILARÍN RUSO DE MONTECARLO

 

Entrañable Ofelia,

Invitado por una universidad española, Constantino Augusto de Moreas, habanero de 60 años aterriza en España después de toda una vida en Cuba, enclaustrado en su investigación erudita sobre José Martí. De pronto, decide faltar al congreso al que está invitado en Zaragoza, quema su pasaporte cubano en el lavamanos del baño del hotel, deja su vieja maleta en un latón de basura en una esquina y decide desertar y tomar un tren para Barcelona. Sólo llevará consigo un libro Memorias de Ultratumba del gran François-René de Chateaubriand.

Estévez escribe que de pronto “como por arte de magia me abandono la lejana e irritante sensación habanera de saberme observado. Perseguido. Importunado. Investigado.” Al interés de conocer cómo se vive en su idolatrada Europa, Constantino une su afán de darle cierto sentido a su mortecina vida, y recobrar viejas ilusiones, viejos amores que han quedado arrumbados por el tiempo y el pudor. Se aloja en una pensión del Raval, intima con Patti-Bazán, la obesa dueña con la que irá tejiendo una relación que de invadente y casi repulsiva, se convertirá en complicidad.

Paulatinamente, descubre que la realidad es más dura de lo que sospechaba. Lejos de La Habana y de lo que fue su mundo, sólo una imagen fantasmagórica reaparece en sus recuerdos: la de un viejo compañero en una zafra azucarera, un bello bailarín clásico desnudo y empapado en sudor que en el albergue cañero, le promete, en su juventud (1969), que acabaría actuando en la celebérrima compañía creada por Diaghiliev: los Ballets Rusos de Montecarlo. ¿Es el viaje una huida, una última oportunidad que quiere concederse el protagonista, un ajuste no descifrado de su pasado, o la asunción de su final?

En la página 127 podemos leer el siguiente párrafo: “Además no lo molesto, me oculto. Soy hábil en eso. Ya lo he dicho, durante años aprendí a ocultarme, a pasar inadvertido. Cuando uno vive en un país donde el gran ojo del Big Brother acecha hasta el más mínimo detalle, la única defensa posible es la inmaterialidad. Naturalmente con el Big Brother no hay inmaterialidad que valga. Pero al menos cierta dosis de impalpabilidad sí se puede conseguir”

En la página 132: “Suelo pasear por la Rambla del Raval. Bajo a veces hasta la ronda Sant Antoni. Me siento en la plaza Jean Genet. Doy la vuelta por Drassanes. Subo hacia las Ramblas. De vez en cuando, me acerco al mar. Me atrae el mar. Por motivos diversos, supongo. Me encanta el mar porque me libera y porque el Apóstol lo detestaba. Con su falsedad habitual, con su pretendida humildad, decía preferir «el arroyo de la Sierra». Como ya he explicado, José Martí, el objeto de mi estudio, fue sin él quererlo (ni yo tampoco) mi gran antagonista.)”

En la página 149: “Como declara una frase famosa y seguramente correcta, nadie duerme camino del patíbulo. Cierto que nadie dice, y debe de ser asimismo indiscutible, que resulta imposible conciliar el sueño luego de haberse salvado del patíbulo. Yo, que he huido de Cuba, puedo asegurarlo.”

La novela es bella y profunda, sin lugar a dudas Estévez es un gran escritor.

Te reproduzco las críticas aparecidas en dos grandes periódicos españoles:

“La fuerte imaginación, la excelencia verbal y la constante finura de Estévez permiten leerlo siempre con placer.” Miguel García-Posada. El País.

“Una capacidad prodigiosa para crear figuras humanas ricas y sugeridoras, definidas y evanescentes.” Santos Sanz Villanueva. El Mundo.

Abilio Estévez nació en La Habana en 1954, y en la actualidad reside en Barcelona. Se licenció en lengua y literatura hispánicas y cursó estudios de filosofía en su ciudad natal. Ha escrito tres magníficas novelas unánimemente aclamadas por la crítica: Tuyo es el reino, merecedora del Premio de la Crítica Cubana 1999 y, en Francia, del Premio al Mejor Libro Extranjero 2000, Los palacios distantes, seleccionada por La Vanguardia como Libro del año en 2004, y El navegante dormido, que han visto la traducción en más de ocho idiomas. Es también autor de Inventario secreto de La Habana , del volumen de cuentos El horizonte y otros regresos, de las prosas poéticas Manual de las tentaciones -ganadoras del Premio Luis Cernuda 1986 y del Premio de la Crítica Cubana 1987-, y de varios textos teatrales, entre ellos los monólogos Ceremonias para actores desesperados. Con ironía, con ternura y con una creciente emoción, la novela El bailarín ruso de Montecarlo ejecuta en cinco movimientos una maravillosa pieza de cámara con la que Abilio Estévez demuestra sus dotes de gran narrador.I

Te lo haré llegar con el primer amigo galo que vaya para San Cristóbal de La Habana.

Un gran abrazo desde La ciudad Luz de quien te recuerda con inmenso cariño,

Félix José Hernández.

El bailarín ruso de Montecarlo.

Abilio Estévez.

Editores Tusquets - Colección Andanzas.

ISBN: 978-84-8383-239-4

Ilustración de la cubierta: diseño del vestuario de Léon Bakst para Nijinski, para la obra L'après-midi d'un faune (1912, guache sobre papel); L'art décoratif de Léon Bakst, de Arsene Alexandre y Jean Cocteau. © The Bridgeman Art Library / Getty Images.


TESTIMONIO DE LA BÚLGARA LYDIA N. ZAJARIEVA 

Entrañable Ofelia,

Conocimos a Lydia en nuestro viaje a Bulgaria en el 2001, ella fue nuestra excelente guía. Es una mujer culta, elegante, bella y simpática, con  cual nos mantenemos en contacto desde entonces por correo, internet o teléfono. En el 2003 mi hijo y su novia fueron hospedados por Lydia y su esposo en su bello apartamento de Sofía.

Lydia fue modelo durante 14 años y posteriormente guía de turismo internacional, mientras que Gulko fue violinista de la Orquesta Filarmónica de Sofía. Ellos vivieron en San Cristóbal de La Habana durante cinco años (1967-1972). Gulko fue enviado a La Isla del Dr. Castro para trabajar como violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional. Al mismo tiempo era profesor de violín del Conservatorio Nacional.

Cuando pasamos una bella velada en su apartamento de Sofía, pudimos ver numerosos recuerdos cubanos y fotos sacadas por ellos en Cuba en aquellos años. Seguramente que nos cruzamos en alguno de aquellos lugares: cines, teatros, parques, restaurantes, playas, etc. Es una lástima que no nos hubiéramos conocido en aquella época. Nos contaron numerosas anécdotas sobre la picaresca cubana y sobre algunas personalidades que no me creo autorizado a contar aquí.

Le pedí a mi única amiga búlgara si me podía escribir su testimonio a propósito de cómo vivió la transición del comunismo a la democracia. Aquí te lo envío.

Lydia- “En 1989 inesperadamente llegó el cambio. El Comité Central del Partido Comunista se reunió de pronto en La Asamblea Popular (Parlamento). Normalmente lo hacían sólo dos o tres veces al año. En los tranvías, por la televisión, por todas partes, se hablaba de que después de 35 años de poder absoluto, acababan de cambiar al presidente Teodoro Zivkov. Esa era la causa de la reunión extraordinaria del Comité Central del P.C.B.

Mi esposo y yo no podíamos creer lo que veíamos por la televisión, porque después de tantos años viviendo bajo el comunismo, a pesar de estar hartos de aguantar ese sistema político, no pensábamos que algún día se vendría abajo como un castillo de naipes.

Las gentes empezaron a salir de sus casas para reunirse y hacer comentarios sobre lo que estaba sucediendo y comenzaron a organizar conciertos y marchas de protestas en el centro de Sofía, en la Plaza Alejandro Nevski. Las plazas  y avenidas estaban repletas de gentes que tenían la voluntad de cambiar de vida, llenas de esperanzas por un futuro mejor, de Libertad para ellos y sus hijos.

El invierno se aproximaba y ya hacía mucho frío, pero no sólo los habitantes de Sofía ocupaban las calles, sino también numerosas personas que llegaban desde las provincias para compartir la alegría que reinaba por todas partes.

Yo sentía una gran alegría, pero al mismo tiempo inquietud. No sé cómo explicar esta mezcla de sentimientos. Quizás debido al temor a un porvenir lleno de incertidumbres. Nadie sabía lo que pasaría después del cambio que a todas luces se estaba produciendo.

Recuerdo muy bien que cuando pasaron unos meses llegó una penuria sin precedentes, las tiendas de comestibles estaban vacías. Me tenía que levantar a las cuatro de la madrugada para hacer una cola de tres o cuatro horas en una cremería. A cada uno nos vendían dos tarros de yogurt y un litro de leche. No había carne ni aceite, ni siquiera pan. Sólo se veían colas por todas partes. El aparato productivo y de distribución del comunismo se había derrumbado, pero no se había creado uno nuevo para abastecer a Sofía, ni siquiera de lo más necesario.

Posteriormente, cuando se normalizó la situación de los abastecimientos de comida, empecé a sentirme contenta, porque pensaba que se había acabado la época de los productos de baja calidad: zapatos, muebles, ropas, telas, etc. Durante el período comunista la producción de calidad se enviaba hacia la Unión Soviética y a cambio recibíamos petróleo y coches Moskvich o  Ladas. Yo soñaba con poder comprarme productos italianos o franceses. ¡Qué ingenua era!

Mientras tanto, se formaban nuevos partidos políticos que  llegaron a ser más de 200. Claro que los ex comunistas estaban como perros rabiosos, no sabían qué hacer ni cómo actuar. Desgraciadamente pronto se dieron cuenta de que debían buscar la forma de reciclarse para seguir en el poder y obstaculizar el paso a los verdaderos demócratas. Muchos de ellos cambiaron casaca y de un día para otro se autoproclamaron “demócratas”, para seguir “chupando” la sangre del pueblo.

Mi querido amigo cubano, en dos palabras te puedo resumir que los comunistas nunca pueden cambiar de ideas, siempre seguirán siendo los explotadores y ladrones del dinero del pueblo. En estos momentos ésa es la situación en mi país.”

Un gran abrazo desde la Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


L’AFFAIRE BETTENCOURT & WOERTH 

Entrañable Ofelia,

No pasa día en que un nuevo elemento no se agregue al escándalo del caso Bettencourt & Woerth.

Todo comenzó hace dos años debido a la generosidad de dimensiones cósmicas de la mujer más rica de Francia, la distinguida anciana de 87 años Liliane Bettencourt. Ella vive en una mansión de los años treinta del exclusivo barrio de Saint James en los elegantísimos arrabales parisinos de Neuilly- sur- Seine.

Entre mayo del 2009 y mayo del 2010 su maître de hotel grabó sus conversaciones telefónicas en 28 CD, que entregó a  Françoise Bettencourt-Meyers, hija de Liliane y heredera natural de la colosal fortuna de su madre (catorce mil millones de euros). Los CD fueron entregados por Françoise a la policía, pero en las grabaciones  se pueden escuchar conversaciones  sobre diferentes personalidades conocidas del mundo político, con las cuales la vieja dama ha sido  generosa.

Se descubre que la señora posee dos cuentas (de 13 y 65 millones de euros) en Suiza así como una isla en el archipiélago de Las Seychelles, que no han sido declaradas al fisco francés.

Liliane acusó ante la justicia por medio de su abogado George Kiejman, el pasado18 de junio  de: “testimonios falsos, atentados a la vida privada y robo”, después de la publicación en internet (sitio Mediapart), de sus conversaciones privadas.

Una Sra. que había trabajado como contable de la Sra. Bettencourt fue licenciada. Se supo, que cada semana Liliane Bettencout retiraba varias decenas de miles de euros en efectivo del banco, que eran distribuidos en sobres cerrados a numerosas personalidades. ¿A quiénes?  ¡Quizás durante el juicio se sabrá!

El caso más importante es el del fotógrafo de la  jet-set François-Marie Basnier, fotógrafo de 60 años, al cual Liliane Bettencourt ha ofrecido… ¡unos mil millones de euros en regalos! El juicio contra este señor, acusado por Françoise Bettencourt-Meyers  de haber aprovechado  de la  debilidad de su madre, comenzará  mañana 1° de julio. Pero Liliane declaró: “lo que yo regalé a François-Marie Banier, aunque es importante, no es muy elevado”.

El Sr. Basnier declaró a la prensa: ”Yo comunico una alegría de vivir. Yo río y hago reír”. Según la prensa, a él siempre le ha gustado tener como “madrinas” a viejas damas ricas, entre ellas Marie-Laure de Noailles y Madeleine Castaing, lo cual él justifica declarando que ellas “son más secretas”.

Christophe D’Antonio acaba de publicar el libro “La Lady et le Dandy”, sobre la historia de las relaciones (casi una historia de amor), entre Liliane y François-Marie. Descubrimos que el dandy vive en una mansión con piscina y elevador interno con su ex compañero (un actor conocido) y su nuevo compañero, el fotógrafo Martin d’Orgeval.

Hasta aquí todo podría ser una historia familiar “banal” por una herencia, aunque la suma sea de catorce mil millones de euros. Pero todo se complica y estalla el escándalo del cual la prensa escrita y audiovisual convierte en el “pan nuestro de cada día”. Hay que tener en cuenta que lo que te voy a narrar a continuación, ocurre en un país que sufre la crisis económica más grande desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y, donde los pobres ya son 13 millones.

Hasta ahora la distinguida Sra. Florence Woerth era conocida por pertenecer al comité de vigilancia de la lujosa casa Hermès, por asistir a las exclusivas carreras de caballos de Chantilly luciendo lujosos sombreros y por haber creado su propia caballeriza dedicada  sólo a las damas.

Pero ahora se conoce que la Sra. Woerth trabajaba en la administración de la fortuna de la Sra. Bettencourt y se insinúa, según las conversaciones telefónicas “de haber ayudado a pagar menos impuestos a la Sra. Bettencourt”, mientras que su esposo era Ministro de Finanzas, es decir, responsable de los impuestos que pagan los franceses y Tesorero del U.M.P., partido político de centro derecho actualmente en el poder. Se llega a insinuar de que el Sr. Woerth estaba al corriente de los hechos (ver periódico Le Monde del martes 22 de junio).

 

Actualmente el Sr. Eric Woerth es Ministro del Trabajo y aparentemente podría  encontrarse fragilizado por el escándalo, en plena vorágine entre huelgas y manifestaciones sindicales, debido a que él debe redactar y hacer aprobar la ley sobre las jubilaciones, según la cual se deberá trabajar por más años y cotizar más trimestres para tener derecho a  la jubilación. Hasta ahora uno se podía retirar  a los 60 años.

La diputada europea Eva Joly (Europa Ecología), ex juez de instrucción financiera  pidió la renuncia del Sr. Woerth.

El  Sr. Arnaud Montebourg (del partido socialista), declaró irónicamente: “Uno tiene la impresión de que los actuales millonarios viven muy bien, cometen fraudes impunemente contra el fisco. Los fiscales del gobierno los protegen, las esposas de los ministros los defienden y son sostenidos por el poder, todo va bien”.

También otras personalidades sobre todo de izquierdas, destacan que hay “conflicto de interés” entre el cargo del Sr. Woerth y el puesto de trabajo de su esposa. Él anunció que su esposa iba a renunciar a su puesto de trabajo en la administración de la fortuna Bettencourt.

Noël Mamere (diputado verde), declaró: “se trata de un posible  ‘affaire’ de Estado” y agregó-“todas las ramificaciones deben ser objeto de una investigación hasta determinar el papel del Eliseo (…) No hay por un lado la justicia de los ricos que no avanza y por otro lado la de los pobres que es intratable”

El Sr. Woerth anunció también  que su esposa acusaría ante la justicia a la Sra. Eva Joly y al Sr. Monteabourg por difamación.

El Sr.Woerth tuvo que explicarse a propósito de la Legión de Honor que entregó en 2008 al Sr.  Patrice de Maistre, jefe de su esposa en la gestión de la fortuna Bettencourt. En una de las grabaciones telefónicas, el Sr. de Maistre responde a la Sra. Bettencourt: “yo me equivoqué cuando la contraté (…) confieso que cuando lo hice, su marido era Ministro de Finanzas y él me pidió que lo hiciera.”

El Sr. Primer ministro François Fillon, defendió ante La Asamblea Nacional el honor de Eric Woerth y denunció “una larga lista de denuncias anónimas”. También el Sr. Presidente de la República ante el Consejo de Ministros aseguró que “renovaba su  confianza al Ministro de Trabajo”

La Sra.Woerth declaró al periódico Le Parisen: “yo he sido una simple empleada y ustedes no pueden imaginar hasta que punto la cultura del secreto es colosal en ese tipo de organización (...) mi esposo jamás se ha ocupado de mi carrera”

Liliane Bettencourt declaró que ella había pagado al fisco francés cuatrocientos millones de euros en los últimos  diez años. Pero olvidó decir que había recibido un cheque de treinta millones en 2008 como reembolsamiento por parte del Ministerio de Finanzas gracias a la ley “del Escudo Fiscal” pasada por el Sr. Presidente  que beneficia sólo a las grandes fortunas francesas.

Personalmente, creo que si todo lo anterior es cierto, muestra que el caso de Madame Boutin fue sólo la punta del iceberg de lo que vendría, pero que si es falso, la presión a la que están siendo sometidos los esposos Woerth por la prensa y los partidos de la oposición, se han convertidos en insoportables. Es un  acoso incesante y son víctimas de una verdadera  “cacería de brujas”.

Y así van las cosas por estos lares.

Un gran abrazo desde la Ciudad Luz,

Félix José Hernández.


EL DÍA EN QUE CAYÓ EL MURO DE BERLÍN

Entrañable Ofelia

Estaba en el primer año del Instituto José Martí, cuando comencé a cartearme con una chica alemana de la R.D.A. que estudiaba español en su ciudad. Para mí era algo extraordinario mantener correspondencia con una europea. La chica era muy sensible, me enviaba dentro de los sobres pétalos de flores y hojas de la hojarasca otoñal de su jardín. Durante años nos carteamos.

En la primavera de 1968 su hermana Úrsula, fue a la Universidad de Santa Clara a impartir conferencias sobre etnología. Yo estaba trabajando en Los Camilitos de Cubanacán, en la carretera que va de la Ciudad de Marta Abreu a Placetas. Fui a saludarla y ella me entregó varios regalos de parte de Renate.

Pasó el tiempo y  ambos nos casamos cada uno de su lado del Atlántico.

Cuando me fui de Cuba y vine a vivir a Francia, cada vez que veía un documental sobre Alemania o Berlín pensaba en ella. La noche en que cayó el Muro, la pasé frente a la tele observando los acontecimientos y pensando en ella y en Úrsula.

Poco después, mi padre me hizo llegar con un turista galo, desde La Isla del Dr. Castro una vieja libreta de direcciones y teléfonos. Encontré la dirección de Renate y le escribí. Por suerte, la persona que vive en esa casa es su hermano y le hizo llegar mi carta. Sentí una gran alegría cuando recibí su respuesta. Después de un paréntesis de treinta años, nuestra amistad revivió.  

Fuimos de vacaciones a Berlín, en cuyo aeropuerto nos recibió Úrsula. Conocimos a la amable familia de Renate, a  su brillante esposo y paseamos juntos. Incluso fuimos al puente en donde se intercambiaban los espías y tantos lugares históricos de la bella e imponente capital alemana.

Posteriormente ella vino con su esposo a París de vacaciones y volvimos a compartir juntos. Nos vimos de nuevo en Estocolmo. Si Dios quiere nos volveremos a ver pronto en Berlín. Hace unos días le pedí que me escribiera su  sobre cómo vivió la caída del Muro. A continuación te envío su testimonio.

 

Renate-“¿Mis recuerdos de la caída del Muro de Berlín? No te imagines aventuras espectaculares - lo siento mucho. Yo no soy una persona impulsiva o espontánea

Las emociones provocadas por la  caída del Muro están conectadas con las experiencias anteriores. Para mí todo empezó con la construcción del Muro el 13 de agosto de 1961. Hasta entonces yo era una niña  de 11 años de edad que había nacido en la R.D.A. Fui criada en una familia intelectual e instruida en una escuela normal, en los arrabales  de Berlín.

La casa de mis padres estaba situada solamente a unos quinientos  metros de la línea de demarcación entre la R.D.A. y Berlín Occidental. Mi padre trabajaba en Berlín, los abuelos por el lado materno vivían en Berlín Occidental y nosotros podíamos visitarlos sin grandes problemas. Miles de familias vivían como nosotros, con tíos, sobrinos, abuelos o hijos dispersos por todos los barrios de Berlín y sus alrededores. Pero la construcción del Muro rompió los lazos entre decenas de miles de familias. 

El Muro fue un choque. Ya no teníamos más posibilidad de viajar, de visitar a nuestros parientes. La familia fue separada de repente. Mi madre no pudo dar el último adiós a sus padres, al no poder estar presente en sus funerales en Berlín Occidental unos años después.

La familia del que sería mi marido vivía exactamente al lado del Muro en Berlín. Ellos tuvieron muchas más restricciones, que culminaron con  la expropiación y el derribo de su casa  para poder cerrar aún más  la frontera. Hasta hoy día mi suegra no ha querido regresar nunca a ese lugar.

Durante  años mi propia familia vivía en paz, mi marido y yo estudiamos  Ciencias Naturales, trabajamos y criamos a nuestros dos hijos. Todo funcionaba más o menos. Teníamos lo  suficiente para vivir correctamente. Podíamos practicar nuestra religión sin grandes limitaciones. Las escuelas y la universidad se abrieron para nuestros hijos, puesto que eran bastante aplicados y escogieron estudios técnico. Afortunadamente nuestra familia seguía unida. 

Ninguno  de nuestros amigos creía que lograríamos ver algún día el fin del régimen.

En el verano de 1989 con las  evasiones vía Hungría y Praga nos pusimos a considerar los pro y, los contra de un posible intento de evasión. ¿Dejar atrás la tierra natal, la familia, las madres, los hermanos, los amigos, un buen puesto de trabajo y  nuestra casa con jardín? ¿Por cuáles razones? Sería mejor tratar de mejorar nuestra Patria desde adentro, éso sí que valdría la pena.

Durante las discusiones e intercambios de opiniones  en la televisión, en las periódicos, en los centros de trabajo crecía la esperanza de que habría  mejoras en las condiciones: podríamos decir la verdad, conoceríamos la democracia, tendríamos la posibilidad de viajar, etc. Todo estaba cambiando.

Durante los meses de esa “Revolución pacífica alemana” (el cambio político sin derramamiento de sangre), ninguno de nosotros creía en una posible  reunión de los dos Estados alemanes. Esperábamos con muchas esperanzas la creación de  una confederación. 

En la noche del jueves nueve  de noviembre vimos y oímos por la televisión  el debate que  cambiaría  nuestra Patria. Pero interpretamos las palabras sobre las condiciones para viajar nada más como posibilidades y cláusulas  para el futuro.

¡Nosotros nos acostamos tranquilamente!

¡Qué sorpresa por la madruga del viernes al oír por el radio sobre la apertura del muro! No lográbamos dar  crédito a la noticia. Al mismo tiempo tuvimos miedo a que lo cerraran  inmediatamente. Pero contra toda previsión no sellaban las aberturas 

En  la mañana del viernes fuimos al trabajo. Sólo un colega había sido testigo de lo ocurrido durante la  noche y nos lo contó. En la clase de uno de mis hijos faltó solamente un alumno ese viernes y fue regañado.

Por la tarde hicimos cola ante la estación  de  policía para registrar a nuestros hijos en nuestros pasaportes y obtener las visas. Sabíamos que en aquel Estado nada funcionaba sin papel. Mucho menos un viaje sin pasaporte.

La primera noche se produjo un caos fantástico, puesto que cada uno pudo ir sin pasaporte a Berlín Occidental. Hay innumerables filmes y fotos  de aquella fiesta gigantesca. Nosotros no teníamos la mínima  idea de lo que estaba ocurriendo en el centro de la ciudad. En nuestro hogar situado  en los arrabales de casas unifamiliares, todo estaba cerrado y tranquilo esa noche.

Pasamos todo el viernes con miedo a que anulen los permisos de salida.

El sábado,  junto con nuestros hijos pudimos pasar por un paso fronterizo. Pudimos observar las puertas de la frontera y la línea de demarcación de cerca. Mi marido lo reconocía mejor que yo, porque él había vivido durante los años sesenta muy cerca del primer muro.

Debido a la gran afluencia de personas, organizaron líneas especiales de autobuses para transportar a la muchedumbre. El primer sábado  pudimos utilizar los autobuses y el metro sin pagar, bastaba solamente mostrar el pasaporte. La gente de la R.D.A. aún no tenía el dinero de la R.F.A..

Fue una borrachera de emociones, entusiasmo, alivio y alegría. Pero era una alegría dudosa. ¿Cómo mantener el sentido de responsabilidad? ¿Cómo evitar el cometer faltas en medio del entusiasmo y no perder el pasaporte en plena muchedumbre? Teníamos que ser razonables. ¿Qué pasaría en los días siguientes 

En nuestras mentes aumentaban las preocupaciones sobre nuestro futuro. Tendríamos Libertad y democracia. Se convertirían en realidad nuestros sueños y tendríamos mejores condiciones de trabajo. Podríamos viajar por  el mundo y visitar a todos nuestros amigos. ¡Qué enormes  posibilidades para el futuro de nuestros hijos! Podrían estudiar lo que quisieran  y donde lo estimaran conveniente.

Al mismo tiempo nos invadía el miedo a despertar de estos sueños cuando cerraran la frontera de nuevo.

 Las visitas de las semanas siguientes fueron para nosotros una reconquista.  Mi marido y yo conocíamos el Berlín Occidental de nuestras infancias. Reconocimos la misma ciudad  veintiocho años después con los ojos y la experiencia de los mayores.  Nos volvimos a encontrar con nuestros primos y tíos: la familia estaba de nuevo reunida en el Berlín Occidental. La familia que vivía en el oeste nos había sido leal  durante todos los años desde la construcción del Muro. Nos  visitaban cuando podían, a pesar de todas las humillaciones que sufrían en la frontera.  

Nuestros hijos (de 16 y 13 años de edad), fueron a  conocer la ciudad de Berlín Occidental  que solamente habían visto por la  televisión y de la cual habían escuchado numerosos relatos. Exploramos  la ciudad: el zoológico, el acuario, los museos, los grandes almacenes, el cine, etc. Los grandes mercados tenían un gran  poder de  atracción porque  en la R.D.A. no habíamos tenido un  gran surtido de mercancías. Teníamos que  oponernos a  la obligación de comprar, comprar y comprar.

¿A dónde han ido a parar  nuestros sueños? La familia hace su camino con las nuevas condiciones del capitalismo. Un hijo trabaja con éxito como ingeniero aquí en Alemania para una empresa inglesa,  donde sólo habla  inglés. El otro trabaja como ingeniero para Alemania al otro lado del globo, en Vietnam, porque en nuestro país no logró encontrar un buen empleo. Mi esposo y yo pasamos por la experiencia amarga del desempleo. Sin embargo mi marido  con los años disfrutó de un ascenso y de un gran reconocimiento profesional. Ambos tuvimos diferentes puestos de trabajo en Alemania lejos de Berlín,  en Venezuela y en Suecia. Al final regresamos a Berlín, a nuestras raíces, a nuestra ciudad de origen.”

Un gran abrazo desde la Ciudad Luz,

 

Félix José Hernández


LA ODISEA DE BARBARITA Y JORGE POR CONQUISTAR LA LIBERTAD

Entrañable Ofelia,

Después de haberte enviado los testimonios de cómo lograron alcanzar la Libertad: Tayde, Mayra, Cuqui, Carlos e Ileana, hoy te envío el de tu querida Barbarita.

Sé muy bien como tú y mi padre la querían y las excelentes relaciones que ustedes tenían con sus padres Juan y Caridad. Eran gentes, nobles, trabajadoras, una familia que Cuba debería estar orgullosa de conservar en su seno y que sin embargo el régimen de los Castro hizo todo por destruirla.

Conservo bellísimos recuerdo en mi mente de esa familia. Barbarita es una de mis amigas del Alma. Una chica que compartió conmigo y con nuestros numerosos amigos su simpatía y gentileza. El mundo da vueltas y creo que Jorge se ganó el premio mayor de la lotería de El Niño el día en que la conoció en el modesto hostal madrileño. Manifiesto aquí mi admiración y amistad para ambos. A continuación te reproduzco el testimonio de esa chica que te quiso sinceramente.

Barbarita-

Todo lo que quería era ser Libre y eso iba a costarme mucho. Estaba estudiando en el Instituto de La Habana y en la Escuela de Idiomas del Paseo del  Prado. Al notificar que tenía la intención de viajar al extranjero, simplemente me expulsaron de ambos centros de estudios. Esas  escuelas tenían que ser sólo para los revolucionarios.”

Mi hermano comenzó a abrirme el camino hacia la Libertad al enviarme desde los Estados Unidos los dólares necesarios para comprar los billetes de avión  y poder salir de Cuba por un tercer país, en mi  caso fue España.

Pero eso no era lo único, también el régimen cubano  exigía que te ganaras” ese viaje con un trabajos forzados en el campo por tiempo indefinido.

Fueron diez los meses de viajes cotidianos en camiones o autobuses repletos de toda clase de personas y personajes desaliñados, para ir y regresar de los lugares muy lejanos a mi hogar, adonde me mandaban a realizar labores agrícolas. Era el castigo y al mismo tiempo el precio a pagar por querer abandonar el país.

Después de esos largos meses trabajando en el campo y rodeada de cucarachas, alacranes, lagartijas, culebras, ratas, y sabe Dios cuántos animales más, me llegó mi ansiada entrevista en la que un "compañero" me interrogó para ver si me había "ganado" la salida del país.

Durante los meses de duros trabajos bajo el sol y en condiciones higiénicas medievales, me enfermé de hepatitis, de asma, alergias y de la espina dorsal. Eran cotidianos los malos tratos, faltas de respeto, insultos, malas palabras, humillaciones,  falta de comida, madrugadas llenas de humedad y de insectos como mosquitos guasasas y pulgas del campo.

Al llegarme la autorización para irme del país, tuve que asistir a mi ansiada y temida entrevista con el "compañero". Él me dijo que yo había faltado mucho a mis tareas debido a mis enfermedades y que no me concedía la salida del país, que tenía que trabajar mucho más para ganármela. Fue grosero y tajante. Mi futuro estaba en las manos de aquel repugnante personaje,  que me había tratado tan mal.

Yo estaba temblando, muy mal  física y mentalmente. Me sentía aplastada con todos mis sueños destruidos por aquel compañero al que todos temíamos en el campamento  y que controlaba el futuro de todos allí.

No sabía como decirle a mi sufrida madre la terrible noticia. Subí al autobús de regreso a  casa, me senté en el último asiento. Allí estaba una mujer morena, muy gruesa, vestida completamente de blanco. Al verme, se sintió conmovida y me dijo "yo sé que no te han autorizado para salir del país, pero debes confiar en mí, tú verás que tú si vas a irte del país."

Sin la autorización o salvoconducto del "compañero" responsable del campamento de trabajos forzados, no había quién se fuera de Cuba. Ese documento era más importante que el mismo pasaporte.

Le di las gracias a la morena y seguí llorando hacia casa a contarle mi mala suerte a mi pobre madre. Ella me dijo, hazle caso a la morena. Ve al aeropuerto sin el documento, y vamos a ver que pasa.

El día de mi salida,al entrar  en el Aeropuerto Jose Martí mis rodillas temblaban. Yo tomaba por primera vez en mi vida un avión, viajaba sola y por primera vez me separaba de mis padres y sin la esperanza de volver a verlos jamás.

Me separaba de todo lo que era importante para mí, seguía mi sueño de Libertad, pero no tenía el documento más importante.

A todos en la aduana  les pidieron el documento o salvoconducto. Cuando me tocó  enfrentarme al "compañero", le pedí a Dios que me ayudara.

Entré en la oficina o "pecera" y puse mi pasaporte y otros documentos en la mesa. En ese momento entró otro "compañero". Empezaron a conversar entre ellos. Mis documentos fueron estampados casi sin mirarlos y me los devolvieron. ¡Era mi permiso, mi autorización para ser Libre!

Entré al avión con la cabeza dándome vueltas como en un torbellino, no entendía nada. Me senté y no me atreví ni a  levantar la cabeza. Estaba muy asustada.

El avión comenzó a moverse y de repente se detuvo. Pensé que me iban a bajar de él. Mi corazón palpitaba aceleradamente.

Alguien subió al avión. Se comentó que era un “compañero importante”  que iba en una misión oficial. Pasaron unos interminables minutos, al cabo de los cuales el avión comenzó a moverse otra vez y sentí que hqbùiq despegado. Al fin pude respirar normalmente. ¡Me volvió el alma al cuerpo!

Habían pasado varias horas cuando sentí que   alguien que me tocó en el hombro, miré al rostro del hombre que me dijo: "no te preocupes, yo estoy en una misión especial, pero cuando regrese a Cuba le diré a tu madre que tú estabas bien". Era un amigo de adolescencia, que simpatizaba con el sistema, pero al fin y al cabo, amigo.


 Llegué a Barajas en una fría y preciosa noche el 7 de Noviembre de 1969. Me esperaban unos primos, que un mes después partirían hacia los EE.UU. Mi corazón estaba lleno de emociones y ansioso de vivir una nueva vida.

Empecé a visitar un hostal donde estaban hospedados algunos de los conocidos del viaje. Especialmente hice amistad con una pareja que tenía dos niños pequeños y me sentía bien con ellos. Esta pareja se convertiría en los padrinos de mi boda.

Mi hermano me enviaba dinero desde los EE.UU. con el cual alquilé una habitación en el piso de una señora que alquilaba varias habitaciones sólo a muchachas cubanas en espera de partir hacia América. Con el resto del dinero lograba vivir normalmente.

Mi boda religiosa en Madrid fue con Jorge, un joven cubano que se había escapado de Cuba como polizón en un barco yugoslavo.

Jorge era un muchacho de 23 años, muy valiente, que acababa de llegar a Madrid desde Ceuta. Él había intentado salir de Cuba en una balsa a los 16 años, pero fue atrapado y sentenciado a cinco años de prisión. Varias veces fue enviado a las celdas de castigo debido a su fuerte carácter.

Llevaba tres años preso cuando empezó a salir de la cárcel con permisos de algunas horas para poder visitar a su madre. Ella estaba desesperada buscando medios para sacar a su hijo de Cuba a cualquier precio, hasta que  logró hacer un buen contacto.

Uno de los marineros de un barco yugoslavo anclado en la Bahía de La Habana había tenido que ser operado de urgencia del cerebro. El neurocirujano fue el tío de Jorge. Este marinero al ver que su vida estaba fuera de peligro le dijo al doctor que lo salvó que le pidiera lo que fuera, que el trataría de cumplir su deseo.

El tío de Jorge le pidió que por amor a Dios, que  le ayudara a sacar a su sobrino de Cuba porque si seguía preso, le iban a matar en la cárcel. El marinero se comprometió a ayudarlo.

Las posibilidades de éxito eran muy pocas. La vigilancia en la Bahía de La Habana era en esos momentos era intensa.

Cuando salió con un nuevo permiso de algunas horas de la  cárcel, ya todo estaba planeado entre el tío y el marino yugoslavo. Jorge tuvo que  nadar de madrugada por  la Bahía de La Habana con el riesgo de encontrarse con algún tiburón, encontrar en medio de la oscuridad el barco correcto.Una equivocación le hubiera sido fatal.

Subió por una soga sin nudos, con el cuerpo casi cubierto  de petróleo y  de la suciedad de las contaminadas aguas de la bahía. Temblando de emoción y de miedo logró subir al barco y esconderse en la sentina (que es el espacio más bajo de la bodega, donde llegan las aguas que pueden haber penetrado en ella).

Respiraba por una pajita. No sabe por cuánto tiempo permaneció allí, pues había perdido la noción del tiempo. De repente sintió voces y el ruido de un palo entrando en el agua, para revisar que no hubiese alguien escondido. Eran los del ejército revisando el barco. Picaron cerca de él. No lo vieron, y siguieron buscando en otros lugares.

Unas horas más tarde el barco se empezó a mover. Pensó que pronto estaría fuera de peligro para salir y respirar. Cuando imaginó que había pasado un tiempo prudencial para que el barco estuviera lejos de las costas de Cuba, Jorge salió de su escondite y respiró en Libertad.

Aparentemente un marinero lo informó al capitán, el cual  ordenó que  regresara el barco a Cuba, pero los marineros le pidieron que mejor sería llamar a la Guardia Costera pues ya habían estado mucho tiempo en Cuba y todo el trámite de un polizón los demoraría mucho.

El Capitán aceptó mandar un telegrama a La Habana para que fueran a recoger al polizón.

Alguien le contó a Jorge que ese telegrama nunca fue enviado. No quisieron hacerle ese daño a un joven que había arriesgado tanto. ¡Dios lo ayudó!

El Capitán le ordenó a Jorge que para ganarse el viaje debía pintar el barco y, ése ha sido el trabajo más feliz que ha realizado en toda su vida.

 El barco tocó puerto en Ceuta en las costas de África. Allí bajó el que sería mi esposo. Varios meses después fue trasladado a Madrid y vivía en el hostal donde yo visitaba a mis amigos.